10 poetas mexicanas que te darán ganas de escribir

Desde el ser que va a morir hasta la poeta que perrea. Le pedimos a la poeta Xitlalitl Rodríguez, Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2015, que nos aconsejara algunas lecturas elementales de poesía mexicana hecha por mujeres.

por Xitlalitl Rodríguez Mendoza
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17 Marzo 2015, 4:55pm

No son todas, pero son autoras de libros o poemas muy cercanos a mí. A unas de ellas las he leído mucho, a las más jóvenes no las conozco demasiado pero igual me deslumbraron. Hay otras —muchas— que tuve que dejar fuera. Esta selección es simplemente un acercamiento muy personal a poetas mexicanas contemporáneas que han sido indispensables en mi formación como lectora, escritora y chaneque.

En esta lista incluí a poetas nacidas desde principios de los cincuenta y hasta finales de los ochenta. La característica principal de todas ellas es que cada una ha tirado sus cartas sobre la mesa: han establecido las reglas de su obra y ésta se ha vuelto distintiva.

Cuando las leo me dan muchas ganas de escribir. O de vivir, que para el caso es lo mismo.

Coral Bracho (Ciudad de México, 1951)

Es lo que llaman neobarroso: imágenes casi inabarcables pero perfectas. La poesía de Coral Bracho siempre es una experiencia de inmersión, casi como apnea: te sumerges en una laguna profundísima, sin equipo.

De El ser que va a morir.

(fragmento)

Agua blanda, lustrosa;

agua sin huella; densa,

mercurial

su blancura acerada, su dilución en alzamientos de grafito,

en despuntar de lisa; hurtante, suave. —Agua viva

su vientre sobre el testuz, volcado sol de bronce envolviendo

—agua blenda, brotante. Agua de medusas, agua táctil

fundiéndose

en lo añil untuoso, en su panal reverberante. Agua amianto, ulva

El bagre en lo mullido

—libando; en el humor nutricio, entre su néctar delicado; el áureo

embalse, el limbo, lo transluce. Agua leve, aura adentro el ámbar

bajo la sombra vidriada. Agua linde, agua anguila lamiendo su perfil,

su transmigrar nocturno

—Entre las sedas matriarcales; entre la salvia. —Agua

entre merluzas. Agua grávida (—El calmo goce

tibio; su irisable) —Agua

sus bordes

—Su lisura mutante, su embeleñarse

entre lo núbil

cadencioso. Agua,

agua sedosa de involución, de languidez

en densidades plácidas. Agua, agua; Su roce

—Agua nutria, agua pez. Agua

de medusas

agua láctea, sinuosa; Agua,

Tedi López Mills (Ciudad de México, 1959)

Tedi es la reina del poema narrativo. Más que contar historias, exhibe el rigor narrativo de éstas y así da pie a otra extraordinaria y verdadera lectura del hecho narrado.

De, Muerte en la Rúa Augusta

0

Sobre el cadáver del señor llamado Gordon

(junto a una alberca, bajo un árbol)

se halló un trozo de papel donde alguien,

quizá hasta el propio Gordon

había garabateado las palabras:

"Anónimo dijo: esto ni se lee ni se entiende".

1

En la primera mañana de su vida nueva

el señor Gordon (santo señor Gordon)

hacía dibujos para los nietos de sus vecinos

y atildaba el jardín para su esposa, Donna:

mira lo que planté hoy —le decía—

heliotropos y rosas y malvones para ti,

lodo para mí, palabras y gusanos para ti, guijarro

o qué tengo aquí, ¡vidrio! una gota de sangre,

Donna, mi sangre para ti.

Así jugaba el señor Gordon en su jardín

en las afueras de Fullerton, California,

jugaba y luego lloraba tirado en la tierra

con su gota de sangre,

la boca negra, la inmensa boca

vengando esa mancha súbita,

innecesaria mancha de silencio,

después del vidrio en la cara,

la cara suave de Donna:

perdón, te pido, y mil veces perdón,

hasta que ella lo levantaba de la tierra

y lo metía en la casa y lo lavaba y lo acariciaba

eres mi animal, mi animalito

y le tocaba los labios con la punta

de un trapo y le decía en susurros,

Gordon, te odio, y él se reía.

Mónica Nepote (Guadalajara, 1971)

La poesía de Mónica Nepote parte del cuerpo, de la tierra o de la página (siempre de superficies bien plantadas), y llega hasta la luz, al fuego, al dolor para delimitarlo y mostrarlo en su forma más pura. El cuerpo desde el que habla no siempre es el suyo. En su libro Hechos diversos, publicado por Ediciones Acapulco, los textos parten de notas periodísticas que narran hechos no siempre afortunados, sino más bien dolorosamente reales.

Además es de los contados poetas mexicanos contemporáneos que han extendido, con éxito, su trabajo hacia otras disciplinas artísticas.

Soledades

Mónica Nepote - Soledades from desbordamientos I on Vimeo.

Maricela Guerrero (Ciudad de México, 1977)

Maricela escribe música en notación poética. Sus poemas son piezas para bailar con los más variados temas como el amor en sus más variados formatos: desde vaquitas, trenes y sus engranajes, hasta la vida cotidiana de madres de la clase trabajadora.

(Si no la han visto leer en vivo, no saben a qué suena la poesía. ¡Es la mejor!)

Fatiga de contacto

Los ingenieros no quisieron mostrarme los manuales para comprender el funcionamiento de las máquinas. Los ingenieros tenían las uñas largas con aplicaciones brillantes con esmaltes multicolores. Los ingenieros desarrollaron sistemas y nunca más volvieron a mirarse a los ojos. Hay ingenieros filtrándose por el techo, te pedí que impermeabilizaras a tiempo. Hay ingenieros rezumando en las paredes. Ingenieros nos crecen en las cutículas. Conocí a un ingeniero, era dulce y luminoso como pecho de vedette. Si yo fuera ingeniero lavaría las verduras más de diez veces al día y llevaría un control exacto de los recursos. Hubo una vez un ingeniero que llegó en paracaídas al pueblo, luego nos llevó a la plaza donde fundó una república esponjosa, bueno esponjosa no: espléndida, una república de rebotación: era un globo con rostro de marsupial que se alimentaba de aire y en su interior se rebotaba: rebotar es una forma imaginada por las filosofías trascendentales. Es trascendental que la ingeniería llegue a los que menos tienen. La ingeniería puede llegar en forma de canes que olfatean bombas y drogas duras. En el manual los ingenieros codificaron un sistema que permite reconocer que la rebotación es una forma avanzada de la vida tal y como la conocemos. El ingeniero recostó su cabeza en mi regazo, era dulce y luminoso como pecho de vedette, como un raspón de rodilla, como una costra. Los ingenieros me conectaron a máquinas que transmitían su gusto y amor por la vida. Pulsaban un botón y una descarga me hacía sentir su gusto y su amor por la vida. Nadie nunca preguntó por qué lloraba o por qué la mitad de mi rostro dejó de funcionar: un párpado que no se cerraba para dormir, una boca que se iba de lado, una mitad de rostro impasible que recargaba de expresión y voluntad a la otra parte del rostro que se quedó haciendo frente. Los ingenieros aman a la vida y desarrollan manuales en los que trascienden. A veces pienso en el pecho de una vedette, en su naturaleza orgánica y redonda y en la mitad de rostro que dejó de funcionar para recargar a la parte del rostro que se quedó haciendo frente. Quería leer los manuales para comprender el funcionamiento de las máquinas pero los ingenieros lo impidieron como se impide una fecundación. Ingenieros nos crecen en la cutícula, enrojecen, punzan y desarrollan un gusto y un amor por la vida inusitado y trascendental. Las uñas de los ingenieros tienen aplicaciones brillantes y esmaltes multicolores. Un ingeniero dulce me mira a los ojos. Los ojos del ingeniero son trascendentales como un párpado que nunca se cierra como una boca que se desvía, como una fecundación que se impide. Los ingenieros han desarrollado maneras trascendentes de acrecentar su amor por la vida. El ingeniero que desarrolló una república en la plaza del pueblo se quedó haciendo frente.

Sara Uribe (Querétaro, 1978)

Conocí la poesía de Sara Uribe con su libro Antígona González (Surplus, 2012). Creo que fuera del rubro periodístico, éste ha sido el libro más necesario que se ha escrito en México en los últimos años: es un libro que encarna a los desaparecidos (y a sus familiares, que al final también han sido enterrados bajo cifras, datos duros y engaños de Estado). La coloquialidad del personaje, Antígona González, redobla el sufrimiento que le causa la ausencia de su hermano desaparecido, mientras tiene que ingeniárselas para seguir viviendo, como si nada hubiera pasado.

Los días se van amontonando, Tadeo, y hay que comprar el gas, pagar las cuentas y seguir yendo al trabajo. Porque desde luego que a una se le desaparezca un hermano no es motivo de incapacidad. A una le dicen en la sala de maestros cuánto lo siento, ojalá que todo se resuelva, me apena mucho tu caso. Una es comidilla de uno, o dos, o tres días, tal vez hasta una semana. Pero luego ese chisme se vuelve

viejo. La vida nunca detiene su curso por catástrofes personales. A la vida no le importa si tu daño es colateral o no. La rutina continúa y tú tienes que seguir con ella. Como en el metro, cuando la gente te empuja y la corriente te arrastra hacia adentro o hacia afuera de los vagones. Cosa de segundos. Cosa de inercias. Así voy flotando yo, Tadeo. Así transcurro cada mañana. Escucho el despertador y te pienso. Me meto a la regadera y mientras el agua fría resbala por todo mi cuerpo, pienso en el tuyo. Bajo a la cocina a hacer café y enciendo un cigarro. Sé que nunca te gustó que no desayunara, pero desde que ya no estás no hay nadie que me regañe por no hacerlo.

Así que me voy con el estómago vacío al trabajo y mientras conduzco pienso en todos los huecos, en todas las ausencias que nadie nota y están ahí. Todos esos duelos que se esconden tras los rostros de las personas que nos topamos. Al escuchar el timbre entro al salón y paso lista. Fulanito de tal. Presente. Fulanito de tal. Presente. Fulanito de tal. Presente. El ritual de las jaculatorias. Lo cierto es que las más de las veces ni siquiera escucho las voces de mis alumnos respondiéndome. Por cada nombre que pronuncio, una segunda voz que no es mía, ni de nadie, que solamente está ahí, como un eco pertinaz, replica:

Tadeo González. Ausente. Tadeo González. Ausente.

Tadeo González. Ausente.

Minerva Reynosa (Monterrey, 1979)

La poesía de Minerva Reynosa se cimienta en los entornos hostiles a los que tenemos que enfrentarnos a diario, como la ciudad, tanto la real e intransitable como la política, donde uno trabaja y sobrevive. Su trabajo, lleno de vitalidad, sonoridad e imágenes tan duras y efectivas como un tubazo en la cara, también explora la maternidad, el cuerpo femenino y sus desafortunadas contrapartes: la marginalidad y la violencia.

Estos son algunos extractos del libro en el que actualmente está trabajando, pero les recomiendo Atardecer en los suburbios, (Tierra Adentro, 2011).

ACTA DE AVERIGUACION PREVIA 1/872/2008

(fragmentos)

cuando el mazda mx-5 miata debutó en 1990 este pequeño descapotable elegante fue un éxito instantáneo marcando una reactivación del coche deportivo a un precio asequible

*

pocas sensaciones pueden equipararse a la adrenalina de conducir un auto deportivo

*

pocas sensaciones nos confortan hacia una fuga feroz del cuerpo hacia adentro

*

pocos son los autos deportivos que rivalizan con el decorado hacia paredes menos textuales

*

pocas sensaciones pueden equiparase con el mazda mx-5

*

pocas son las sensaciones que pocos autos deportivos fugaces & feroces tienen al otorgar al conductor la sensación de ser el auto mismo el cuerpo hacia adelante el auto mismo hacia paredes menos textuales

*

pocos son los autos como el mazda mx-5 regresiones decoradas para que el padre en la fuga feroz del cuerpo regresando conduzca

*

lo que nos conforta aquí es la emoción alterna en movimiento

dístole alegría

el lenguaje no puede hacer sístole

la vaca que ronda que cruza al camino

la vaca sonríe al curvar la vuelta

el camino sístole

el disparo sístole

veloz la fuga la regresión eterna hacia paredes menos textuales

dispárate a través &

disfruta el placer de conducir

se muere siempre afuera

& disfruta el placer de no llegar

se muere siempre afuera

& disfruta el placer imperdible de olvidar afuera siempre afuera

sonríe porque

*

pocas son las sensaciones que equiparan la impotencia de ver un cuerpo disparado

se muere siempre afuera

expulsado desde un coche descapotable

sonreír es imposible

mientras tanto el mazda mx-5 ofrece una experiencia inigualable que nos conforta en la fuga feroz del cuerpo hacia adentro del cuerpo perspicaz más perpicaz del cuerpo entusiasmado más entusiasmado del conductor más disparado imposible sonreír mientras tanto

*

pocas sensaciones para un auto que rompe el esquema del tórax & dispara al corazón jade rojo eternamente iluminado

la imagen del jinete & su caballo:

los coches son herramientas que utilizamos para ir más allá de nuestras capacidades físicas ordinarias pero creo que el coche debe sentirse como una extensión del cuerpo mismo que es la esencia del caballo & el jinete un caballo y su jinete se comunican a través de la sensación que ajusta el caballo a la marcha para que el arquero lance la flecha nuestro objetivo es crear la misma relación entre el coche & el conductor cuando el coche & el conductor están en perfecta armonía conducir es divertido

como también se muere siempre afuera:

si utilizamos las nuevas tecnologías como electromiogramas & sensores G podemos recopilar datos por ejemplo la ubicación de la palanca de cambios está más en la parte frontal & más atrás para determinar qué músculos se utilizan para operarla tenemos que equilibrar la cantidad de fuerza necesaria para sentir la unicidad incluso cuando se conduce para ir a las compras usted se sorprenderá usted experimentará por primera vez la sensación de ser uno mismo con su coche

Paula Abramo (Ciudad de México, 1980)

La poesía de Paula Abramo es social. Ella usa su fascinante oído musical, heredado de una de sus lenguas maternas, el portugués, para reinstalarnos algo de esa memoria histórica que hemos perdido. En sus poemas siempre hay lugar para manifestaciones, elefantes y todos los que estemos en peligro de extinción, pero sin duda el mecanismo distintivo en su poesía es el asombro, muchas veces incluso, el asombro ante lo que ya no existe, y revive en el poema.

En su libro Fiat Lux (Tierra Adentro, 2012) narra la historia de su familia durante la dictadura de Brasil.

De Fiat Lux

prende un cerillo enuncia

la multiplicidad de su nombre en ésta

y otras lenguas cerillo fósforo

match misto enunciando el chasquido

fiammifero

lucifer

ardiendo en llamas

llevando la luz hacia el abismo

cayendo ángel bengala arrojada

pozo abajo pero con el fuego en las tripas

de su junco hueco

y no por tan diario objeto menos prometeico

indicando qué tan hondo

es el fondo

sin fondo

del barranco

Y he, pues, a Bórtolo tragando

en las noches apenas sugeridas

por el vidriano retintín de vasos,

polcas, impúdicos lundús,

y mesas descuadradas bajo chismorreos y risas

y codos y cigarros.

Tragando.

¿Pero tragando qué?

cachaça tal vez,

y sobre todo

tragando como vapor de amplio calado

las ranuras de su propio tiempo,

que aún olían a mantequilla

y a masa hecha migajas

tempraneras

de azúcar y de huevo.

Y, en consecuencia, el tiempo

se volvía azaroso, un enemigo

punteando en sangre y tizne

el abanico ingrato de los naipes.

Y así, una noche, el juego

se llevó el sombrero y la leontina,

y, otra,

tres meses de bollos de melaza crepitante

para la sonrisa de la niña del señor doctor,

y, otra,

el horno, y los rodillos,

y la anhelada gordura de una América

de café y polenta fácil con gorriones,

y de niños copiosos y rotundos,

que aliviaba los sueños

de ultramar,

y, otra,

—Llévese a mi hija, don Abramo.

Es flaca, pero tiene

ojos de lechuza,

ancas firmes.

Cámbiele el nombre, que es de otro.

Llévesela, don Vincenzo,

y hágala feliz

con sus telares.

Pero entonces quebraron los telares

poco tiempo después de la gran guerra,

y en el patio una camada de hijos

con gallinas cacareando, ropa vieja,

nombres de elevada rimbombancia clásica

que no llegaron a la secundaria, pero, en cambio,

le leían al viejo panadero, cuando ciego,

las otras de Kropotkin.

Nadia Escalante (Mérida, 1982)

La poesía de Nadia Escalante es intimista y deja campo abierto al lenguaje. Sus imágenes trabajan sobre un cuerpo propio pero extraño, algo ajeno, como si éste fuera otro estado de la materia. En su libro Adentro no se abre el silencio (La Ceibita, Tierra Adentro, 2010) la mortificación del cuerpo lleva a una iluminación casi marina de tan absoluta.

De Adentro no se abre el silencio

este lugar me parece conocido

me acuestan en una cama que rechina, el suero tiembla en la bolsa de plástico. los cangrejos diminutos huyen con temor, ya viene. aquí está, el mar se filtra en el catéter, las algas se enmarañan en mis venas, se enredan los pequeños peces: mi brazo derecho se traga el océano, las amputadas olas, la pus de la espuma, las úlceras submarinas, los desgarros sinoviales del coral: que bajara yo en mi submarino de los cuentos infantiles al fondo del mar. respirar es otra cosa, la rana de mi pecho se asfixia porque ésta no es su charca. me salen branquias como las rápidas bocas de las merluzas. yo no estoy adentro, es el mar que se revuelve con tristeza en mis riñones, es mi pecho que absorbe el agua entumida de mis piernas, es el mar que atraviesa mi cuerpo como una lanza espesa y fría. el tubo de plástico desemboca en mí, agita las simas del océano.

este lugar no me parece conocido

Ileana Garma (Mérida, 1985)

29 es el libro más reciente de Ileana Garma, y fue publicado en la colección La Ceibita, de la revista Tierra Adentro. Antes de decirles que corran a comprarlo a su librería Educal más cercana, me gustaría aclarar que la poesía de Ileana Garma parte del principio de la ternura y la inocencia, pero de pronto se convierte en un embate de la atroz vida adulta. La poesía de Ileana Garma se nutre de situaciones donde la voz poética adquiere su poder de la intuición. El resultado son imágenes asombrosas y casi surrealistas, del surrealista mundo en el que vivimos.

Trabajo en editar noticias acerca de la guerra. Me atrae la información que llega del sur donde todo está congelado y no dejan de quemar a los perros. Desconozco cómo se pronuncian ciertas palabras, pero me gusta imaginar las nuevas chimeneas que se alzan sobre los escombros. En esas ciudades ya no hay animales callejeros, ni caminantes, ni paseos en bicicleta y los ataques son

subterráneos. Pienso en Miguel Ángel. Modifico las noticias. Renuncio a comprender, ese código de la desgracia, donde el norte y el sur se cierran, una zancada más cada día, donde los míos y yo,

tamborileábamos una locura de brisa, de hojitas de sueño.

***

Olvidaremos todo, excepto las palabras del frente, el fuego y los restos, las montañas de restos. Tres o cuatro palabras para decir lo que aquí pasa. Señales que conducen a un punto en la nada donde lo que queda se incendia y nos da calor. Busco mandar buenas noticias. Hablar de las rodillas de los soldados, de los nuevos países que con el humo se forman en el cielo, a donde tantas aves van a morir. Soy una mala corresponsal de guerra. Hablo de los animales salvajes que se adueñan de las casas vacías, de cómo una pata puso su nido en el hall de un palacio, y de las cigüeñas que parlotean un idioma hipnótico cada tarde.

***

Describo como pausado el movimiento de esos hombres que marchan bajo la lluvia, sobre las grietas. Como animales lentos y oscuros buscan con la mirada algo que no es una presa. Esos

soldados tienen largas llamadas telefónicas por las noches, cuando todo va bien, e invariablemente repiten la misma pregunta "¿y mamá? ¿Cómo está mamá?"

Miréya Anieva (Xalapa, 1988)

A Miréya Anieva solamente la he visto en fiestas. La he visto cantar de memoria una canción rapidísima de no sé quién. La he visto perrear como las grandes. Es una loca de la cumbia. En la última fiesta en la que la vi, me dijo que quería ser "la única poeta que perrea: lo mejor de ambos mundos". Pero luego de leer este poema, no estoy segura de que pueda perrear mejor de como escribe. Nostalgia, colores y un dolor infantil se asoman a quemarropa en su escritura, y eso, queridos lectores, es sólo un vaticinio de que se va a poner bueno.

1992

El fondo de la foto son los castillos de un edificio que,

antes no, pero ahora tiene más de diez pisos.

Ahí mismo, a lo lejos, hay tres personas del pasado

que no reconozco

que nos miran a mi papá y a mí, también del pasado,

posar frente a la cámara.

Llevo un vestido rosa ridículo que compramos

mi mamá y yo para mi primer cumpleaños.

Aunque es el número cuatro. Soy bisiesta.

Con la mano izquierda sostengo un palo elevado en vertical

que con la punta toca levemente una piñata de payaso.

Con la derecha jalo a mi papá del pantalón de mezclilla,

no mido ni la mitad de su cuerpo.

Miro fijamente la cámara con un enojo enmarcado

por dos engeladas coletas con moños.

Mi papá se agarra las manos y puedo asegurar que le sudan.

Mira a otro lado con incomodidad y la boca apretada.

Al reverso de la foto, con una letra ya perdida, escribí

"Mi papi no quería salir en la foto".

Escribo esto porque ayer la perdí en un hotel y no quiero olvidarla.

Escribo esto, únicamente porque no sé dibujar.

Escribo por discapacidad.

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Credits


Texto Xitlalitl Rodríguez Mendoza
Fotografía Tyrone Lebon, i-D The Beautiful Issue, 2015.