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somos la generación del (pseudo)amor rápido

Un estudio de hace 75 años nos da algunas claves para ser (un poco más) feliz en 2016.

por Mireia Sabadell
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17 Febrero 2016, 7:40pm

fotograma a-z slang i-D

Desde hace varios años la búsqueda de la felicidad y el planteamiento utópico de la relación perfecta es un tema recurrente en las charlas dentro de mi círculo de amistades. Todos y todas tenemos o hemos tenido aplicaciones para encontrar pareja o sexo puntual y, sin embargo, casi siempre discutimos sobre la funcionalidad real de tales apps y el sentido y beneficio que tienen en nuestras vidas. Es más, frecuentemente nos preguntamos si lo que nos aportan realmente es un beneficio o un efecto placebo de una carencia que va más allá del simple flirteo.

Ligar está muy bien -a todos nos gusta-. Pero según mi experiencia (y según la de mis amigos), hay algo más que es casi imposible encontrar. Es más, ni siquiera sabemos qué es lo que buscamos. ¿Qué nos pasa realmente? ¿Por qué no logramos encontrar el amor si tenemos al alcance de nuestra mano a miles de personas? 

Jamás he descartado a tantos hombres en mi vida hasta que tuve Tinder, Happn y Adopta un chico. He probado todas estas plataformas "sociales" y de ninguna de ellas he extraído relaciones estables, más bien todo lo contrario: ha habido un trato mutuo de usar y tirar. Y lo peor de todo es que esa actitud ante las relaciones sociales se ha extendido fuera de estas aplicaciones: no somos más que un producto y ofrecemos ofertas al mejor postor.

¿Sexo y nada más? No. No es cierto, en realidad queremos y buscamos algo más pero no podemos ni sabemos explicar de qué se trata. Y, al final, por mucho sexo que tengamos seguimos sintiéndonos vacíos y solos.

Lo sabemos, somos conscientes de ello. La red está plagada de artículos y entradas hablando del tema, criticando las relaciones actuales, cuestionando el poliamor, teorizando sobre la posibilidad de otros modelos de relación... Al final, lo único que he extraído de todo ello es saber que al menos no estoy sola en esto; de hecho, saber que hay más gente como yo por ahí suelta ha sido siempre un consuelo para mí. Sin embargo, me faltaba una respuesta, una especie de pista para poder poner el pie en algún lugar. 

Bien, pues creo que la he encontrado. Resulta que en 1938, la Universidad de Harvard empezó a estudiar un grupo heterogéneo de personas para determinar cuáles eran las claves de una vida saludable y feliz en la edad adulta. La investigación empezó con una muestra de 724 personas provenientes de diferentes clases sociales: un grupo pertenecía a la clase más favorecida -con acceso a estudios universitarios en Harvard-, mientras que el otro estaba formado por sujetos de la clase baja de Boston. 

Imagen vía @elizabethjanebishop

A pesar de la notable diferencia de clase social entre los dos grupos, ante la pregunta inicial sobre qué consideraban ellos necesario para ser feliz, todos respondieron lo siguiente: fama, dinero y éxito en el trabajo. Sin embargo, ¿cuáles fueron las conclusiones al final de sus vidas, después de haber sido estudiadas prácticamente desde el inicio?

De estos 724 sujetos iniciales, hoy en día todavía viven 60. La investigación lleva 75 años realizándose y si sus creadores levantaran la cabeza, alucinarían con la perseverancia con la que Robert Waldinger (el psicoanalista de Harvard que lidera actualmente el grupo de investigación) y todo su equipo siguen llevando a cabo el estudio. 

Waldinger nos explica el Modus Operandi: "Para captar al detalle sus vidas, no solamente les enviamos un cuestionario, sino que también los entrevistamos en la sala de sus casas, solicitamos sus revisiones médicas, analizamos su sangre, les realizamos escáneres cerebrales, hablamos con sus hijos y los grabamos hablando con sus mujeres sobre los temas que más les conciernen."

Imagen vía @alexisren

Y, ahora sí, aquí la tenemos: la clave de la felicidad en la edad adulta no es ni la fama, ni el dinero, ni el trabajo (y yo añado: ni el sexo ocasional o las relaciones efímeras), sino la construcción de relaciones humanas saludables. Es decir, todo lo contrario a lo que estamos haciendo en la actualidad. Piensa en Tinder, Happn, Adoptauntío, Badoo o Grindr. Ahora piensa en Instagram, en Twitter, en Facebook. Piensa en tus grupos de Whatsapp. ¿Cuántos amigos tienes realmente?

Siempre que pienso en ello me viene a la cabeza La McDonalización de la sociedad (1995), obra del sociólogo George Ritzer, que a mitad de los noventa creó el término McDonalización para referirse al modelo de comportamiento social de la época que había asumido como pauta de actuación las características típicas de un restaurante de comida rápida. Me gustaría preguntarle al señor Ritzer qué piensa de la McDonalización del amor, cuál es su planteamiento ante la manera en la que el consumismo ha llegado hasta los recónditos recovecos de nuestro corazón.

Como una tiene que hacer lo que promulga, hace ya tiempo que he eliminado todas estas apps de mi vida. Ahora me dedico a mirar a los ojos de la gente, a llamarla en lugar de hablar por Whatsapp, a sentarme en un café y observar. También he recurrido a amistades del pasado que se habían dejado de cultivar por culpa de las nuevas tecnologías, pensando que con el sólo hecho de tenerlas en Facebook era suficiente. 

Imagen vía @jayalvarrez

No. Nadie dijo que fuera fácil desarrollar relaciones humanas. Las relaciones humanas son eso: humanas. Y para ello necesitan de nosotros al cien por cien. Requieren tiempo, esfuerzo, trabajo, paciencia, valor y coraje. Creo que como seres sociables que somos necesitamos de calor humano, y la vida 2.0 nos ha vuelto ajenos a todo ello aplicando la distancia y la mentalidad consumista a algo que requiere cercanía, estabilidad y tiempo. La soledad a veces está bien siempre y cuando sepamos que hay gente allá fuera que nos quiere y a quien queremos. No somos productos y nuestro corazón no es una marca blanca.

Gracias, Robert Waldinger. He encontrado el escalón en el que poner el primer pie hacia el amor, el poliamor o lo que sea.

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Credits


Texto Mireia Sabadell
Fotograma A-Z Slang

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