¿sirve de algo la ayuda de marie kondo si no tienes dinero?

No estaba buscando la felicidad o la paz mental; buscaba comida.

por Keshia Naurana Badalge; traducido por Paola Llinás
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22 Enero 2019, 7:49am

Foto Gary Gershoff/WireImage

No encontré a Marie en el pasillo de autoayuda ni en la sección de vida minimalista. La encontré en una fría noche hace tres años, cuando contaba mi dinero junto a mi ropa. Le pregunté a Google cómo decidir qué vender para ganar dinero de verdad. Internet respondió con Marie Kondo. Su mantra, aprendí, era este: "guarda lo que te cause alegría". Pero tenía cosas que no provocaban alegría, y no estaba seguro de poder costearlas para reemplazarlas con cosas que sí lo harían. Además, no estaba buscando la felicidad o la paz mental; buscaba comida.

Tenía algunas cosas de las que no estaba orgullosa: paquetes de salsa de soya, servilletas, jabones que te regalan en las habitaciones de hotel. Guardé las cosas pequeñas porque ocupaban poco espacio. Tener que separarme de ellas me daba miedo. ¿Qué pasa si tengo que comprar salsa de soya? La pobreza necesita un poco de acaparamiento, a veces.

Esto, pensé, era similar a mi hábito de comer mal: quería seguir una dieta equilibrada, pero cuando no sabes cuándo será tu próxima comida y aparece ante ti comida gratis, te arriesgas: posesión en el vientre en lugar de inseguridad futura. No provoca felicidad. No debería hacerlo. Pero en algún lugar de mi mente está este pensamiento: "Necesitas esto (comida, posesión de otro tipo), ¿no recuerdas cómo te sentiste cuando no la tenías?".

A diferencia de alguien con cien cepillos de dientes o un garaje lleno de rollos de papel higiénico, mis posesiones eran limitadas. Mudarme de Singapur a Estados Unidos había reducido mis posesiones a tres maletas, la cantidad justa para que cargarlas en el avión y cruzar el Atlántico.

Otro beneficio de tener poco es que aprendí de vivir en este país extranjero incluso antes de descubrir a Kondo: muchas veces necesitaba un hogar entre los períodos escolares. Tener pocas pertenencias se convirtió en un requisito previo para que alguien acepte ayudarme a hacer la mudanza ("Es solo un viaje en auto", lo prometo), o dejar que me quede un tiempo en sus casas ("Realmente no ocuparé mucho espacio en tu sala").

¿Qué dice Marie Kondo si eres pobre y tienes hambre?

No tuve la misma necesidad que otras personas de reducir la cantidad de pertenencias que acumulo en un apartamento gigante en el centro. El método KonMari no fue un proceso para renovar mi vida o redirigir mi camino a la felicidad. Necesitaba reducir la mía para tener comida. La escuela había terminado y también la beca que me había apoyado hasta entonces. Era un manual para separarme de las cosas que amaba cuando no sabía qué más hacer.

Había acumulado muchos libros. Primero abordé esto porque los libros ocupaban la mayor parte del espacio y tenía menos necesidad de ellos, lo que significa que podría sobrevivir sin los libros, incluso si me rompía el corazón verlos marchar. No podía pagar para almacenarlos. Cambié libros usados por unas pocas monedas; libros que había anotado, etiquetados con post-it de colores, y que una vez ayudaron a proporcionar cierta apariencia de orden y moralidad en torno a los inestables fundamentos de mi vida.

Luego regalé abridores de vino que pensé que no necesitaba ("¿Cuándo tendría dinero para comprar vino?"); calcetines desgastados ("¡Me hace sentir pobre ponérmelos, ni una chispa de alegría!"); zapatos con suelas rotas ("¡Seguramente me sentiré genial si ya no tengo ese espectro de pies húmedos y malolientes en un día lluvioso!"). También vendí suéteres y abrigos que me mantenían caliente porque no provocaban tanta alegría como una posible comida.

Estoy de acuerdo con la filosofía de Marie Kondo de un espacio claro que ayude a tener una mente clara. Pero tenía hambre constantemente y buscaba comida, y esta incesante preocupación por el dinero es el mayor obstáculo para una vida feliz.

Marie Kondo también te aconseja dar las gracias a todos los objetos que tienes y que no te gustan, porque precisamente te muestran lo que sí te gusta. Mi problema con esto es: ¿Qué pasa si uno tiene poco dinero para comprar cosas que le gustan?

Regalé o vendí el 90% de mi ropa por un aumento decente en mi fondo de pan y aceite. También tuve que usar los abrigos y los zapatos de mis compañeros de habitación mientras ahorraba para obtener los que realmente me gustaban. El problema de tener pocos ingresos es que a menudo es más fácil comprar algo de mala calidad, algo que no se ajusta a la imagen de la persona confiada y alegre que te gustaría ser, porque un abrigo de 30 euros te mantendrá abrigado y no tienes 60 euros para comprarte un chaquetón impermeable con capucha. Así que aprendes a mojarte bajo la lluvia. También te compras zapatos malos, bufandas de abuela y pantalones que se caen. A veces no puedes darte el lujo de sentir alegría si no está disponible la prenda que deseas en la tienda de segunda mano ese día.

Tal vez ella no estaba dirigiendo el consejo a mí, a alguien con muy poco dinero para elegir entre una alegría (comida) y la otra (tener ropa); muchas de las personas que encuentran útiles sus consejos también son las que pueden descartar diez abrigos porque tienen otros diez disponibles y pueden comprar más si es necesario.

Sigo teniendo el mismo abrigo, aunque no me guste. Me encantaría construir una vida en la que rebosara de alegría los objetos que me rodean, pero es una vida que aún no puedo pagar.

Nunca tuve la oportunidad de reemplazar algunos de mis libros favoritos, como el gran volumen de Notas al pie de Gaza de Joe Sacco, o La guerra no tiene rostro de mujer de Svetlana Alexievich. Lamenté la pérdida de los álbumes de fotos que no pude conservar. Una manta que compré en mi primera semana en Estados Unidos, que tenía en la cama de cada habitación en la que vivía, era demasiado grande para seguirla cargando; la dejé atrás. Nunca la reemplacé; al principio simplemente dormía debajo de mi toalla a modo de edredón.

Gratitud, Organización, Sensibilidad a la Alegría

Ya sea que tuviera cosas que tirar o no, los consejos de Marie Kondo me han servido como una amable guía de cómo compro las cosas, de cómo elijo vivir. El desorden tiene dos causas: desorganización y exceso. Si no puedo reducir mis posesiones, todavía puedo organizarme con lo que tengo. Encontrar un hogar para los paquetes de salsa de soya, sambal y ketchup significa que sé lo que tengo y no compro en exceso.

Fui criada como budista: uno de los principios más importantes de nuestra práctica es el "desapego". Al igual que KonMari, el budismo fomenta la gratitud por las posesiones, sin apegarse a la idea de que poseerlas mejoraría la vida. Esto también es útil con las rebajas: la confianza en saber que tu vida ya está bien como está contrarresta el falso atractivo del descuento.

Tampoco estoy abogando por el no-consumismo. Las posesiones pueden significar confort. Mi familia fue pobre durante la mayor parte de mi vida; mi madre siempre deseaba unos pantalones elegantes en lugar de esos de mala calidad que siempre usaba, o quería platos de porcelana en lugar de platos de plástico. Si tuviera dinero, lo gastaría en esas cosas. Todo lo que haría es preguntar: "¿Esto te habla? ¿Te hace feliz?"

Casi siempre me visto con ropa que obtengo de regalos; bufandas, guantes, abrigos... Les agradezco la solidaridad, por muy mal estado en el que se encuentren, pues estas prendas fueron descartadas para hacer espacio en la vida de su dueño anterior, y son útiles en la mía ahora, es el doble de placer. Ya sea que despierten alegría o no, algunas posesiones que llevo son tercas como una mula.

Este artículo apareció originalmente en i-D US.

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