¿la moda protesta o protestamos con la moda?

Para i-D siempre es época de activismo y con el lanzamiento de nuestro The Activist Issue, hemos aprovechado para ahondar en los temas que más nos importan, desde el medio ambiente hasta el feminismo. Ponte tu look más revolucionario mientras lees cómo...

por Olivia Meza
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05 Mayo 2015, 3:00am

Fotografía por Holly Falconer

Si lo pensáramos detenidamente, ambas preguntas logran ser posibles. La moda como manifestación de expresiones ha sido una cuestión de códigos, de moralidad, de tendencias, de intereses personales y de posturas políticas. Estas últimas merecen una sumersión sobre el significado de la vestimenta dentro de las participaciones sociales, pues el simbolismo es tan profundo como en cualquier subcultura histórica. 

Vivienne Westwood por Piczo para i-D.

"En orden de alterar la ropa de una sociedad, debemos alterar la estructura social,"esta fue la conclusión de Quentin Bell (Londres, 1910), historiador del arte, quien en su artículo publicado en 1951 sobre la moral de la moda, ha sido un referente que ha trascendido en primer lugar, por la predicción de los cambios estilísticos que caracterizaron a los años sesenta y por el cuestionamiento de la moda como un factor determinante de la personalidad. Asimismo, casos particulares en la historia de la música también forman parte de este diálogo inconforme respecto a algo o a alguien. ¿Por qué Johnny Cash siempre vestía de negro? "Me visto de negro porque me gusta y significa algo para mí. Es símbolo de rebelión -de estar en contra del status quo estancado, de las casas hipócritas de Dios, de la gente cuyas mentes están cerradas a otras ideas." Bueno, él mismo lo dijo. 

Fotografía Holly Falconer para i-D.

En ambos casos, la moda responde a la necesidad social, convirtiéndose en un fenómeno masivo que escala en diferentes vías de comunicación; cómo, por qué y para qué te vistes. En México podemos percibir de manera clara este uniforme que nos permite pertenecer y compartir ciertos gustos e ideologías. Uno de ellos -y el más recurrente últimamente- es la manifestación en vía pública. 

Fotografía Daniel Villa para Vice News. 

Fotografía Daniel Villa para Vice News. 

El país atraviesa fases políticas oscuras y descaradas que se han mostrado ante el mundo gracias a Internet, sin embargo, es curioso identificar la vestimenta rebelde que en estos casos ha servido como una tela que nos une de cierta manera. La historia de la humanidad ha sido testigo de diferentes alteraciones sociales que se ven reflejadas en la indumentaria. El uso de insignias o botones para identificarte como simpatizante de dicho movimiento, usar pasamontañas con medias fluorescentes, así como la utilización de ciertos colores como el negro o rojo en la ropa, son maneras de señalar y de portar con orgullo en ese momento. Este uniforme social es muy particular, pues a diferencia del uniforme institucional, este lo imponemos entre todos (por decirlo de un modo más general). Sin optar por la violencia, la ropa resulta ser -en la mayoría de los casos- un arma poderosa que al final quedará posiblemente en la fotografía de algún diario o en algún tweet. La ropa siempre tiene algo qué decir, cito nuevamente a Bell: "la historia del vestido es una historia de protestas."

Grandes manifestaciones sociales se han visto uniformadas por capuchas negras, por rostros pintados de rojo, por cintas adhesivas sobre las bocas, máscaras del vengador, playeras con los colores de alguna bandera hasta la caracterización dramática (disfraces)… si pudiéramos mencionar todos los casos durante la historia, la lista sería muy larga.

Fotografía Daniel Villa para Vice News. 

No obstante, hoy en día continúan siendo efectivos la mayoría de estos casos, empero, la creatividad de los manifestantes también evolucionó de alguna forma; la grandes protestas musicales del vestido han sido menos significativas hoy en día en comparación de las huelgas y enfrentamientos de la gente en general.

En México, la protesta es tan grande que personas de todas las edades se han unido por la justicia de los 43 estudiantes desaparecidos en septiembre del año pasado en Ayotzinapa. Las caracterizaciones satíricas, los happenings que se han organizado entre grupos, los rostros dibujados de catrinas y la vestimenta negra -que la pedían para identificarse ajeno de los infiltrados y policías, así como para simbolizar el luto- han sido herramientas visuales que si bien no son efectivas totalmente para resolver el problema, nunca pasaron desapercibidas.

Otro ejemplo es el de las chicas del grupo Pussy Riot, quienes protestan -entre otras cosas- contra la dictadura de Putin en Rusia y todo el mundo ha sido testigo de su represión e injusticia al encarcelarlas. El discurso simbólico de su vestimenta ha contagiado a numerosos grupos feministas y punks quienes al portar mallas y pasamontañas de colores brillantes inmediatamente se identifican como simpatizantes de este grupo musical, o mejor dicho, de este movimiento anti conformista de la estructura social rusa. Hoy en día han marcado una brecha generacional sobre el poder de usar una voz propia y expresarse.

En Japón han marchado desde 2011 para erradicar una planta nuclear que explotó en una zona residencial de Fukushima. Continúan, y el mensaje se ha divulgado en otros países que los apoyan. Los colores amarillo y negro, símbolos de radioactividad tiñen a las masas; tapabocas blancos, sombrillas amarillas pintadas con aerosol, máscaras de gas y coronas de animación japonesa son algunos de los recursos que se han empleado en su discurso inconforme.

Desde el injusto caso de Michael Brown, asesinado por el policía Darren Wilson, habitantes de Nueva York de diferentes escalas sociales se reunieron para protestar pacíficamente sobre la descarada vuelta de página que le dieron a esta tragedia. Punks, trabajadores de fábricas, jóvenes universitarios, afroamericanos, blancos, latinos… todos formaron una cadena humana que marchaba sobre Times Square, pasando por Soho, el puente de Brooklyn hasta el centro comercial Fulton. La mezcolanza de símbolos entre manifestantes fue la homogeneidad de protesta que destacó por los letreros en blanco y negro con leyendas como "Who Do You Serve?" y "Stop Killing Our Friends", mientras portaban atuendos que poseían su visión sobre el disgusto como playeras de John Lennon, chaquetas con estoperoles y parches hasta la simple vestimenta negra con jeans y camisa a cuadros que podría referirse a una ideología del grunge. Todos eran diferentes pero sabían cómo manifestarse por una misma causa.

Fotografía Christelle de Castro para i-D.

Racismo, derechos civiles, calentamiento global, feminismo, maltrato animal, política, corrupción… la moda protesta y protestamos con ella; nos brinda una oportunidad de establecer un lenguaje inmediato que nos permite dejar de ser desconocidos entre nosotros, o de otra manera, reconocidos por compartir ideologías y pensamientos distintos. El poder de la moda como fenómeno social no debe ser subestimado, al contrario, es una puerta abierta a un mundo lleno de posibilidades de expresión. Cito al filósofo Roland Barthes para concluir: "Solo hay una manera para escapar de la alienación del presente en la sociedad: retirarse de ella".

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Texto Olivia Meza

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