lo que mueve a la moda pirata en méxico

¿Quién decide qué marcas son las que deben ser copiadas y reinterpretadas para ser vendidas en los mercados? La moda de la piratería en México crea su propia versión, una mezcla de nostalgia aspiracional modelada a las necesidades locales de sus...

por Cheryl Santos
|
03 Mayo 2016, 6:55pm

"La que más piden es Lacoste o Dolsegabana. Es el mismo modelo, solo cambia el estilo", me dijo Nydia, la que me atendió en el mercado de la Merced en la Ciudad de México, al preguntarle cuál era la versión más popular de una serie de camisas con logos de marcas de lujo. Le dije que era un regalo, esperando que me sugiriera la tendencia, lo que todos pedían. "Pues la que sea, todas se las llevan, este modelo se está vendiendo mucho, me llegó hace tres semanas apenas y no ha dejado de moverse…", dijo, negándome la respuesta que buscaba.

En 2011, el entonces Presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo, Jorge Dávila Flores, declaró que si sumáramos los ingresos del petróleo, remesas y turismo que entran a México, no estaríamos cerca de los 75 mil millones de dólares que la venta de mercancía pirata genera cada año en el país.

Ese mismo año, la American Chamber of Commerce of Mexico, una organización empresarial que se describe a sí misma como sin fines de lucro, dedicada a representar, promover y desarrollar el comercio y la inversión entre México y Estados Unidos, publicó un estudio sobre los comportamientos sociales que llevan a consumir productos falsificados con el fin de contrarrestar esta rama de la economía latina que en 2011 parecía seguir a la alza. De acuerdo con la encuesta, 8 de cada 10 de los mexicanos que participaron, habían consumido un producto pirata y sin duda lo volverían a hacer. La razón es que comprar piratería no representa un crimen para nuestra sociedad. Ni siquiera es tan mal visto. De acuerdo con el estudio, los tres primeros lugares de consumo en productos piratas son, en orden descendente: películas y música, calzado, y ropa.

Más de i-D: Berberry, la fascinación por Burberry pirata

Nydia, mi vendedora del mercado Merced, cuyo puesto no está más allá de diez pasos de la estación de metro, me baja el precio de su modelo estrella de $160 a $130 pesos: una camisa polo de colores brillantes, (azul rey, naranja, morado, rojo y amarillo), con el logo de la marca de lujo en turno creativamente distorsionado en serigrafía con tinta negra; la iconografía puede surgir del tema automovilístico, usando insignias de BMW, Audi y Ferrari, o la alta moda, el imaginario más redituable: Louis Vuitton, Hermés, Burberry, y claro, Gucci, la marca campeona de los duplicados ilegales.

Esta camisa que Nydia vende no se parece a ninguna que yo haya visto en algún desfile o colección de alguna de estas marcas, es por seguro concepción de alguna maquila mexicana y presenta unas características emocionantes: no tiene botones y porta un cuello levantado con una franja hecha de logos dorados cosida a él y que lo mantiene rígido y altivo. La camisa está creada para exponer la marca como un pavo real, no importa si eres fanático de Hermés, Lacoste, o American Eagle, la idea es portar una insignia y eso es lo que cuenta. El diseño de la pieza queda en segundo plano; el modelo ha existido casi sin alteraciones desde hace mucho tiempo en los mercados y responde a una demanda fiel al estereotipo de moda masculina. Los colores, gráficos, y uno que otro decorado extra, es lo que realmente renueva la oferta de la piratería.

Más de i-D: El comercio de la moda pirata sigue valiendo billones

Entonces, ¿quién decide qué marcas son las que deben ser copiadas y reinterpretadas localmente? Nosotros mismos, los consumidores ávidos por obtener algún pedazo de cultura extranjera, solo que primero la masticamos y procesamos para su fácil consumo. Y es como me dice Nydia, no importa cuál se lleven, siempre y cuando el producto se mueva. La fidelidad no es hacia alguna marca en particular, sino a la idea aspiracional de lo que esta representa.

En el libro de 1996, Cross-Cultural Consumption: Global Markets, Local Realities, David Howes escribe que la piratería parecía ser la única opción que los países del tercer mundo tenían al enfrentar el hecho de que los productos locales no podían competir en atractivo con los productos extranjeros de prestigio que su consumidor tanto quería. Esto tampoco ha cambiado. Los productos creativos de países de primer mundo siguen siendo mercantilizados alrededor del mundo, pero, a diferencia de lo que sucede en China y su obsesión por la réplica exacta, en el caso de México y América Latina, el lujo nos llega en versión local.

En el área de calzado del mercado, las copias más inverosímiles toman el lugar principal de todos los puestos. ¿El más vendido? "Los Nike nuevos, son bien cómodos. Me traen dos veces a la semana porque se me acaban; también los Puma y los Vans", me dijo Ramón, el chico a cargo del puesto, señalando un par de tenis que parecían los populares Nike Roshe, pero mezclados con un poco de inventiva latina y que pesaban lo mismo que un tamal.

Más de i-DRihanna le ha dado nueva vida a Puma

"¿Estamos auto-colonizándonos al imitar estos productos extranjeros?", pregunta Howes. "¿Por qué la producción de unos Levi's falsos es más un problema a tomar en cuenta que si se reprodujeran falsos textiles indígenas mexicanos?". Porque lo que en realidad consumimos es una idea, y esta es una premisa que no ha cambiado desde entonces, y que solo se ha acentuado con la abismal caída de nuestra economía.

¿Por qué Gucci es el más copiado? Porque Tom Ford volvió la marca ultra popular en la década de los dosmiles y el hip hop masivo la adoptó. ¿Por qué sigue habiendo pantalones deportivos Fubu en el mercado de La Lagunilla? Porque quién manufactura probablemente creció deseando unos. ¿Por qué BMW, Jeep, Land Rover y Ferrari? Porque una camisa de $165 pesos es alcanzable, una camioneta todo terreno, no.

Más de i-D: La poesía del lujo: Gucci

La piratería de moda sigue siendo aspiracional sin importar la tendencia que siga, siendo el precio la clave más fuerte de su consumo. Podrán imitar el modelo más nuevo de streetwear, agregar el logo de marcas más de nicho como Hood by Air, Supreme o Pyrex, o copiar la imagen de primavera/verano 2014 del menswear de Louis Vuitton, pero la base sigue siendo la misma y en combinación con la estética jactanciosa latina, crean una moda distinta, interesante como pieza única de un diseño pasajero que subsiste no sólo por tendencia, sino por la aceptación que obtiene en las calles.

Credits


Texto Cheryl Santos
Fotografía Cuauhtémoc García
Maquillaje Adrián Glez
Modelo Yumiko @ New Icon

Tagged:
mexico
piratería
Μόδα