ser feminista es mucho más que enseñar las tetas

#FreeTheNipple es la iniciativa del año, pero ¿es este el momento de cambiar la dirección de la lucha feminista y centrar la atención en algo que no sean los pezones?

por Alice Newell-Hanson
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25 Agosto 2015, 8:40pm

Image via @mileycyrus

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Durante los últimos años, la lucha para demostrar que los pezones femeninos no son motivo de vergüenza ajena se ha vuelto una de las más fuertes y más popularmente adoptadas del feminismo (encabezada por chicas como Miley Cyrus, Liv Tyler y Scout Willis). En Instagram el hashtag reúne más de 2 millones de imágenes -hasta la miembro del parlamento islandés Björt Olafsdóttir se hizo una foto sin camiseta en solidaridad al movimiento-. La campaña tiene tanta repercusión como las ridículas leyes que la contradicen, pero también ha sacado a relucir otros aspectos que necesitamos cambiar. ¿Existen otros aspectos de la mujer menos fotogénicos que podrían beneficiarla? El 'feminismo topless' no es el único feminismo que existe.

#FreeTheNipple es un movimiento viral que ha servido para que mujeres de todo el mundo se unan a la causa. Tan solo hay que fijarse en el éxito del hashtag a través de Instagram en Islandia; las tres hermanas que fueron arrestadas recientemente en Montreal por andar en bicicleta en topless, o hasta la protesta en Hong Kong que reivindicaba que "las tetas no son armas". Miley Cyrus, de nuevo (sí, ¡Miley!), en una entrevista al nuevo número de Marie Claire ha declarado: "No entiendo como hay gente que considera que las tetas son peores que las pistolas", pero como Lina Esco -la fundadora del movimiento- ha defendido desde el principio, tenemos que usar toda esta atención que ha generado este destape para manifestar otras desigualdades más graves. Existe cierto peligro al concentrar tan intensamente nuestra visión y la del mundo en nuestros pechos, ya que podemos volver a objetificarlos (algo que el movimiento #FreeTheNipple está tratando de erradicar).

Esco -que también dirigió la película Free the Nipple en 2014- comenzó la campaña después de que no la dejaran estrenar su obra debido a sus 'imágenes explícitas'. Este fue el ejemplo perfecto de la arbitrariedad de las leyes de censura y de los prejuicios sociales que giran en torno al cuerpo femenino que precisamente critica la película. Hay tres estados americanos en los que a las mujeres no se les permite legalmente caminar por la calle enseñando los pezones. Esco declaró en una entrevista a la revista Time -después de que calificaran la película como 'no apta para menores de 18 años'-:  "Hacer topless es una de las cosas que debemos reivindicar para abrir el verdadero debate sobre la igualdad. No se trata de enseñar el pecho; se trata de igualdad y de poder tener esa opción".

La cuestión es que la lucha por la erradicación de las leyes discriminatorias y surrealistas hacia los pezones femeninos es parte de una guerra más grande. Si los hombres pueden publicar fotos sin camiseta en Instagram o tumbarse en la playa en bañador, las mujeres no deberían de ser ni censuradas ni arrestadas por hacer lo mismo -no solo porque forzarnos a llevar sujetador durante el verano es un crimen contra la humanidad, sino porque es síntoma de un sexismo más profundo-. Un sexismo que denota que los pechos de la mujer son órganos sexualizados que aumentan la indecencia en público y que inhibe a las mujeres al inducirles la culpa. Es exactamente esta cultura de la cupabilidad la que llevó a un grupo de mujeres en 1969 a redactar el clásico feminista Nuestros cuerpos, nuestras vidas.

En la introducción, escribieron: "Nuestros cuerpos son la base física a partir de donde nos movemos en el mundo; la ignorancia, la incertidumbre -incluso, en el peor de los casos, la pena- sobre nuestro propio físico genera una alienación de nosotras mismas que nos impide ser las personas íntegras que podemos ser". Como Esco, dejan claro que el punto de la lucha de la mujer por pedir igualdad empieza con nuestros cuerpos, pero también que no termina ahí. Se trata de moverse por el mundo.

El movimiento #FreeTheNipple a veces pierde eso de vista ya que el campo de batalla feminista no está limitado solo a un pequeño trozo de carne.

Siguiendo con la cita de Time, Esco asegura: "Mucha gente no está informada sobre el tema de la igualdad económica. Las mujeres reciben 78 céntimos por cada euro que gana un hombre, pero muy poca gente está al tanto de esto. En cambio, si surge un grupo de mujeres corriendo sin sujetador por Nueva York manifestándose por la igualdad de condiciones en el trabajo, entonces sale en todos los periódicos".

Hay una correlación obvia entre las protestas con pezón al aire y el aumento en la cobertura de asuntos feministas en los medios recientemente. Cuando la cobertura de i-D sobre el fenómeno islándes de #freethenipple se volvió viral en marzo, el 72% de las visitas en nuestra web eran de hombres. Para una revista que tiene una público 60% femenino, significa un gran salto. Y aunque podríamos atribuírselo a una generación de chicos súper conscientes e ilustrados, el hecho de que salieran islandesas medio desnudas tuvo mucho que ver. La atención sexual no deseada no es un argumento contra nuestro movimiento -una de las misiones más profundas es la desexualización de los pechos al hacerlos más visibles-, pero genera una cuestión sobre el significado y la finalidad de la iniciativa y sobre quién es en realidad el que está liderando el debate. En abril, un periodista de The Guardian se preguntó: "¿Puede un movimiento global que se apoya en imágenes de pechos desnudos realmente ser el que dañe el patriarcado?".

Por otra parte, hay un creciente movimiento de mujeres que reclaman el derecho a cubrir sus cuerpos como un acto feminista. En junio, la escritora británica Hanna Yusu, habló en un vídeo sobre su decisión de llevar un hijab (es decir, el clásico velo que llevan las mujeres musulmanas). "No hay nada inherentemente liberador en cubrirse, así como tampoco lo hay en desnudarse. La liberación reside en la posibilidad de elegir", aseguró. Hanna nos advierte sobre la suposición "pseudo-feminista" de que todas las mujeres que usan un hijab son forzadas a hacerlo y están oprimidas.

En Estados Unidos, la periodista y crítica de medios Jennifer Pozner escribió un artículo en el New York Times sobre su experiencia cuando la llamaron para aparecer en una campaña en ropa interior de una marca de lencería hecha por y para mujeres. No se le pidió que enseñase los pezones; se le pidió que se desnudara, supuestamente en nombre del empoderamiento femenino. También lo haría en el nombre del beneficio comercial, lo que complica las cosas, pero el argumento de "liberar a las mujeres de su ropa" es algo auténtico.

En cambio, desnudar mujeres profesionalmente poderosas -como la marca lo ha hecho en campañas previas-  es lo opuesto a empoderar. "Cuando nos busquen para contratarnos en futuros empleos, lo primero que harán los directivos es vernos desnudas antes de que se fijen en nuestro curriculum", confiesa Pozner. La línea entre luchar con la objetificación y participar en ella es delgada y no siempre está clara. En este caso, como argumenta Pozner, el acto de desnudarse "no promete un impacto político positivo".

Para honrar y continuar con el progreso que el movimiento #FreeTheNipple ha desencadenado -la cuenta de Instagram por sí sola ya tiene más de 200.000 seguidores- tenemos que recordar que, como dice Lina Esco, este movimiento se basa en la libertad, pero no solo vale con reducirnos a un par de pechos. Citando un fragmento de Nuestros cuerpos, nuestras vidas, para luchar por la igualdad tenemos que ser "más autónomas, fuertes y completas". No nos obsesionemos solo con algo tan concreto.

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Texto Alice Newell-Hanson

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