¿De verdad necesitamos saber quién es el adolescente más influyente?

La leyenda de las Kardashian. Una historia para recordar, el ascenso de una chica que limpiaba clósets convertida en diosa, todo bajo la mirada vigilante de su mamá-manager Kris y los comentarios sarcásticos de las hermanas Koko y Kourt. El nacimiento...

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16 Octubre 2014, 4:50pm

Mitchell Sams

Colmar a los jóvenes con superlativos requiere cierta cautela. Por una parte, crea insuficiencia entre sus iguales quienes son perdonados por no llegar a dominar el mundo a los 15 años. Por otra parte, el que recibe este halago también recibe una ridícula cantidad de presión en un momento en su vida donde ya recibe una gran cantidad de presión. Por hacer: múdate de casa, consigue un trabajo, firma un pacto al estilo de Fausto, compra papel de baño. Con todo lo antes mencionado, no hay duda que los jóvenes en esta lista de líderes son bastante influyentes. No solo dentro de la gente que los sigue, también con generaciones mayores a las de ellos.

El caso más obvio es el de Malala, quien al recibir el Premio Nobel de la Paz la semana pasada creó una controversia masiva. Los críticos argumentan que una figura polémica la cual su celebridad divide opiniones en su país natal, Pakistán, no se le debería otorgar un premio que tiene la intención de promover la paz. Otros que al ser un premio con impacto medible, el trabajo de Malala es demasiado prematuro para ser siquiera considerado.

Las chicas Jenner tienen un total combinado de 16 millones de seguidores en Twitter. La misma cantidad de habitantes de Chile.

La queja principal de los críticos parece ser que el premio fue otorgado bajo condiciones basadas en conocimiento cultural, en lugar de un cambio global. Échale la culpa a Nobel, pero según Time ¿quién es el leader de adolescentes influyentes? Según los heraldos de la verdad y razón, Radar Online, los críticos salieron en manada para atacar a Time por incluir a las hermanas Jenner en su lista. Recordándonos de nuevos que ellas (y sus hermanas) son el producto del nepotismo sin talento, haciendo la misma jugada que la defensa de OJ Simpson fabricada por Rob Kardashian y los mínimos logros de las chicas sin nada más que ser fabulosas. Esto puede ser un argumento válido, pero en este caso, es completamente irrelevante.

Juntas, las hermanas Jenner tienen la misma cantidad de seguidores en Twitter que la población de Chile, 16 millones. La frustración con la lista de leaders de Time es realmente una que está dirigida a un fenómeno de consumismo más amplio donde la atención está dirigida a las celebridades en lugar de los manifestantes, agentes políticos y atletas. Una manifestación del antiguo dicho invertido: las palabras hablan más que las acciones. ¿Deberíamos culpar a las hermanas Jenner por el genio malévolo de Kris Jenner por lucrar con nuestros propios placeres culposos? Después de todo, ellas no inventaron la cultura.

Como las telenovelas antes de ellas, las Kardashian ahora son usadas como el significado de pudrir tu cerebro. Como si la gente perfectamente funcional no pudiera gozar de la cultura pop de fácil consumo. Como si la misma cultura pop fuera culpable de las enfermedades de la sociedad y no creada a su imagen. Tal vez sea el costo de ganar varios millones de dólares al año lo que pone a las Kardashians al frente de la línea de fuego en el momento en que sospechamos de un declive moral. Cada vez que una niña le dice a su madre que quiere senos más grandes. No olvidemos que el impecable cuento blanco de princesas aún reinaba hasta el día que apareció Kimye en la portada de la Vogue americana haciendo que el par tuviera un impacto indeleble en la cultura moderna.

Pero agitarse por el desenfreno moral de Justin Bieber parece un poco estúpido después de la edad de 11 años ¿no? Además, Bieber es literalmente, millones de veces más influyente que todos nosotros juntos.

Inclusive dentro de la lista de líderes Time, las Jenner no son las únicas que se ven beneficiadas por el nepotismo. Dante de Blasio, hijo del alcalde electo de Nueva York, lleva dos años surfeando la ola de la fama con su afro. Las hijas de Obama simplemente siguen siendo las hijas de Obama. Si el declive cultural es tu queja principal ¿Entonces por qué no también acusar al #11 Maya Van Wagenen, quien tiene un blog llamado, 'Betty Cornell's Glamour Guide for Teens' que promueve estereotipos de género anticuados insoportablemente retro?, O peor aún ¿Bieber? Es demasiado pedir poner atención a este chavo que abusa verbalmente a mujeres hispánicas y se desnuda hasta sus boxers para recibir un premio.

Pero agitarse por el desenfreno moral de Justin Bieber parece un poco estúpido después de los 11 años ¿no? Además, Bieber es literalmente es un millón de veces más influyente que todos nosotros juntos. Carece de los créditos revolucionarios de Joshua Wong (y los medios occidentales podrían hacer cosas peores que promoverlo como un modelo a seguir para la juventud), aunque Bieber no coincida con nuestra idea de lo que es verdaderamente valioso o interesante, no debemos desechar su influencia como inconsecuente. Al contrario. Al darle crédito a su huella cultural, la lista de líderes de Time solo pone énfasis a la responsabilidad que cargan los jóvenes. Es al mismo tiempo una advertencia como un premio.

Más allá de eso, es difícil saber cuál es el beneficio que este tipo de conteos nos brindan, además de darle a los ganadores algo sobre que twitear. Sus fundamentos son ridículamente amplios y la selección es completamente arbitraria: gente nacida en la década del otro. ¿Por qué otra razón Lorde, Malala, el inventor del carro automático de bajo costo y las chicas Jenner estarían en un mismo grupo más allá de alentarnos a tener conclusiones vagas y dramáticas acerca de toda esa generación? ¿Que bien hace eso? Tal vez sea por nuestro insaciable apetito por contenido, o que tratar a la gente en sus propios términos parece mucho trabajo, pero el casual agrupamiento de ganadores del Premio Nobel y estrellas de televisión de realidad es el problema aquí, no los individuos incluídos.

Credits


Texto Nathalie Olah
Fotografía Mitchell Sams