el palacio de dior

En una alianza franco-británica, ayer Dior movió su colección crucero 17 al Palacio de Blenheim para la segunda colección diseñada por Lucie Meier y Serge Ruffieux.

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01 Junio 2016, 5:19pm

La apropiación cultural ha sido una expresión de moda en las redes sociales durante los últimos años, en gran medida gracias a las cornrows de Kylie Jenner. Alejándonos rápidamente de ese asunto polémico, y volteando a ver al panorama de la moda en este momento y su historia, no podemos evitar sonreír gracias a este tema tan debatido actualmente —y que en realidad no es tan actual. En una producción brillante para el show de crucero el martes, esto fue demostrado de manera elegante por la casa de Dior, quienes llevaron a la prensa de la moda internacional al Palacio de Blenheim en el campo inglés en Oxfordshire: una estructura construida para reflejar el barroco francés en la cúspide del siglo XVIII, cuando Francia adoptaba modas inglesas, como escribió Dior en el panfleto del show: "En una tendencia armada con anglomania". El intercambio cultural dio una vuelta completa en el siglo XX cuando Inglaterra nuevamente volteó a Francia para recibir consejos de moda, y si nos adelantamos unas cuantas décadas más, ahí estábamos, en el Palacio de Blenheim en el año 2016, viendo una colección crucero francesa en esos sagrados pasillos británicos, donde el mismo Winston Churchill nació: un recorrido de 360 grados sobre la apropiación cultural.  

Por supuesto que el fenómeno no es tan conmovedor cuando sucede entre dos culturas occidentales, pero entre las colecciones resort de esta temporada este no ha sido el único caso. Vemos a Chanel, que hizo un tributo a la cultura cubana en la misma Cuba hace tan solo unas semanas, o Louis Vuitton, que canalizó la arquitectura brasileña en Río este fin de semana, o Erdem, que llamó a su colección un "intercambio intercultural entre Japón y el viejo Hollywood". Mañana Gucci presentará su show de crucero en los confines de Westminster Abbey —una fusión anglo-italiana que de seguro producirá bastante material para los debates de apropiación cultural. Esa es la naturaleza de las colecciones de crucero, un fenómeno que inauguró Chanel en una época de prosperidad de posguerra en la que los clientes con ansias de viajar buscaban trajes de baño para sus nuevas aventuras culturales. Se trató esencialmente de un esclarecimiento. La apropiación cultural es algo tan profundamente arraigado en la moda que tendríamos que caminar desnudos sin ella, por lo menos en lo que le concierne a la historia. En el Palacio de Blenheim, los diseñadores actuales de Dior, el atractivo dúo suizo Lucie Meier y Serge Ruffieux, se inspiraron en el espíritu de mediados del siglo que dio vida a estos shows de resort. 

"Nos enfocamos en el estilo de vida británico de posguerra y la curiosidad por viajar y explorar lo nuevo", Meier le dijo a i-D tras bambalinas. "De la vida en el campo —nos inspiramos en las escenas de caza, el arte y el estilo de vida". No fue la primera vez que Blenheim y Dior estuvieron en contacto. En 1954 su residente conocida por su elegancia, la duquesa de Marlborough, invitó a Christian Dior para mostrar su colección de invierno en el palacio. La Princesa Margaret asistió. En 1958, el joven Yves Saint Laurent exhibió otra colección de Dior en la galería de la gran biblioteca, la más larga en Inglaterra. Meier y Ruffieux, quienes han estado dirigiendo Dior desde que Raf Simons se fue la temporada pasada, no escogieron el lugar. Fue, como lo señaló Meier, un plan de largo plazo para marcar la apertura de la fabulosa nueva tienda de Dior en Bond Street, así que "tenía sentido regresar". Tomaron la ruta más obvia para la colección, transformando las características de la vestimenta del campo británico en una colección parisina, acompañados de motivos de caza expresados en una silueta de mosaicos, donde capas de prendas cubiertas en estampados y decoraciones fueron hechos para un eclecticismo, el cual era bastante inglés en sí. Después de todo, la cultura británica también es un revoltijo colonial. 

La casa, de la cual se espera anuncien a un nuevo director creativo este año, se había resistido a la tentación de llamarle al tren que llevaba a los invitados a Blenheim el "Diorient Express", un nombre que ya había utilizado su anterior diseñador, John Galliano, para su colección de otoño/invierno 1998. En cambio, le llamaron simplemente el "Dior Express" y salió de la estación de Victoria con estilo. Los maleteros vestidos en uniformes gris-Dior asistieron al proceso de abordaje, y dentro de los vagones Pullman de 1925 —alguna vez el transporte preferido para aquellos que visitaban sus palacios en el campo— se sirvió una comida de tres tiempos, antes de que unos autos negros llevaran a los invitados de la estación destino al extenso palacio, donde trompetas hicieron fanfarrias a nuestra llegada. (Si suena como la infame cena anterior a la boda de Kardashian y West en Versalles, fue muy alejado a eso. Esto, Madame, ¡fue Blenheim!) Como una gran producción de moda en una época extraña y provisional para la casa, el show fue un recordatorio interesante de que una marca como Dior es mucho más poderosa que el director creativo que la lleve.

Tan importante como la elección de Raf Simons en su momento, Dior no ha estado en apuros para reemplazarlo, y de manera sabia —y compasiva— ha puesto bajo los reflectores a los antiguos miembros del equipo, Meier y Ruffieux, mientras cubren el puesto principal. En una industria de la moda donde Alessandro Michele, quien trabajó para el equipo de diseño de Gucci por catorce años antes de ser promovido a director creativo, ha tenido la clase de éxito que la mayoría de los "diseñadores de renombre" solo pueden soñar en tener, no estaría permitido que Meier y Ruffieux continuaran con el trabajo que están haciendo en Dior. La última vez que un dúo fue promovido a directores creativos dentro de un equipo de diseño fueron Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli —y este año hicieron que Valentino tuviera por primera vez un ingreso de mil millones de euros. Al preguntarle a Meier después del show cómo se sentía en ese momento, ella fue totalmente diplomática: "Es muy emocionante. Aunque fue muy triste ver a Raf irse, pues trabajábamos juntos, al final del día resultó bastante positivo para nosotros". ¿Está emocionada por los tiempos que vienen? "Sí, absolutamente". Sean los futuros directores creativos o no, Meier y Ruffieux solo están haciendo a la industria recordar que la moda es un trabajo en equipo —tanto de manera colectiva y como cultural.

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Credits


Texto Anders Christian Madsen 
Fotografía Anabel Navarro Llorens