lula hyers está capturando la vivaz juventud queer de estados unidos

Lula Hyers tiene la misión de ayudar al mundo a ver más allá de lo binario, y lo está haciendo al fotografiar a gente de todo Estados Unidos y del espectro LGBTQ. Pasamos un día con la fotógrafa en el set en la Ciudad de Nueva York.

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29 Abril 2016, 1:13am

Lula Hyers, la estrella de Instagram y artista de 19 años, me ha invitado a Chelsea para ver su sesión fotográfica de la juventud queer de Nueva York, y llego 37 minutos tarde (reparaciones del metro en fin de semana, calles sin taxis, etc).

Mi último rayo de esperanza, el que dice que no voy demasiado tarde, se disuelve cuando el guardia de la entrada del estudio fotográfico me explica que los chicos —justo como los que están esperando afuera con pelo largo enmarañado y patinetas— han estado yendo y viniendo desde la mañana. Pasando las grandes puertas negras veo que tiene razón, que el espacio está lleno. Hay botanas, bebidas, Kanye cantando desde las bocinas, y una infinidad de grupos de adolescentes en hoodies. 

Los chicos queer pasan por más cosas que los chicos heterosexuales, por supuesto. Pero cuando vez las cifras, Nueva York es el lugar más gay y más queer para estar —con más gente abiertamente gay que en cualquier otra ciudad en Estados Unidos, y en muchos otros países, y con mayor densidad que Londres. Las estadísticas implican que Nueva York es una suave almohada en la cual todos los queers pueden descansar sus cabezas cansadas —incluyendo a los jóvenes. Hay tantos servicios con enfoque queer para una comunidad tan diversa, y la marcha del Orgullo es uno de los eventos culturales más grandes del año. Incluso hay un discurso más amplio alrededor de lo queer en 2016, que incluye a voces como Rowan Blanchard y Jazz Jennings, que animan a todos los jóvenes a definirse bajo sus propios términos y en su propio momento. Al hablar con los chicos en el estudio de Lula, primero les pregunto si se identifican como queer, y luego un par de preguntas que siguen: ¿Cuándo saliste del clóset? ¿Sientes que te discriminan como persona queer viviendo en Nueva York?

Una chica llamada Jo con un afro redondo me saluda primero, me hace saber que Lula está ocupada, pero que hablará conmigo más tarde. (Me asomo por las mamparas divisorias del cuarto blanco y veo la cola de caballo de Lula moviéndose, mientras toma fotos de dos chicos que se golpean con rosas tomadas del suelo, y luego se abrazan). Un chico y una chica llamados Ben y Maria se meten. Ben rota entre pronombres porque es una persona gay no-binaria de sexo masculino, y Maria se identifica como pansexual. Se dieron cuenta que eran queer a edades distintas: él conoció a un chico que le gustó en sexto grado en el campamento de verano, y Maria se enamoró de una amiga en el octavo grado, y ninguno de sus padres los acepta por completo, incluso en Nueva York. Los padres de Jo, ambos conservadores cristianos y jamaiquinos, le enseñaron que es su responsabilidad curarse, al extirpar los demonios que la corrompen. Maria admitió que su madre, rusa-estadounidense, es homofóbica, que probablemente se casaría con un hombre para que "la vida fuera más simple y segura". Los padres de Ben son neoyorquinos y no son religiosos, y están a gusto con su sexualidad siempre y cuando se ajuste a los roles binarios y heteronormativos: "Siempre que les platico de los asuntos de género, ellos lo descartan al decir: '¡estos millennials locos!'—como si fuera una moda".

Los chicos que peleaban con rosas hace rato ahora están sentados sobre el piso con las piernas cruzadas, comiendo. Sebastian y Jonas son gays, cisgénero y de sexo masculino, y ambos salieron del clóset exactamente de la misma manera —en un principio en el quinto grado al, sentirse atraídos por alguien, de repente tuvo significado social. Sebastian comenzó: "Está muy en desarrollo. Nunca dejas de salir del clóset, o nunca hay realmente un momento de salir del clóset, porque es tan fluido", y Jonas interrumpe: "Me di cuenta en el quinto grado que me gustaban los chicos en jeans ajustados más que las chicas, pero nunca hubo un momento en el que lo supiera. Fue un proceso gradual". La sexualidad no es un sombrero que un día te levantas y te decides poner, es una etapa natural del desarrollo hacia el cual creces, con la edad, ya seas queer o heterosexual: "Pero cada vez que conozco a alguien siempre asumen que la gente es heterosexual y esa es la norma". Así que, a lo largo de su vida, él tiene que volver a salir del clóset una y otra vez.

Jonas, con ojos grandes y mejillas suaves, fue molestado de chico por ser quien es, a pesar de todas las legislaciones anti-bullying que aprobaron en el estado. "Nuestra experiencia de ser queer es subjetiva… Pero, no lo sé, hay muchas ideas equivocadas sobre sexualidad, como si definiera el carácter de alguien o sus intereses". 

Diez minutos después, Ben regresa con unos amigos para hablar de The Network, un grupo que abarca toda la ciudad con 999 fuertes seguidores en Facebook, que le ofrece a los jóvenes queer de Nueva York la oportunidad de conocer a otros jóvenes queer. "Primero que nada es incluyente", dice Ben. "Los medios sacan estas narrativas rígidas que no son nada como nosotros, fingiendo que eso es lo que significa ser queer, como el mejor amigo gay… solo aventando estereotipos de un lado a otro, pero ser queer es todo lo que no es heterosexual: gay, lesbiana, transgénero, bisexual… y estamos todos juntos en esto". The Network se junta con regularidad en el departamento de cualquier chico cuyos padres estén a gusto con tener a 60 adolescentes en su casa por una noche. "Pero está llegando a ser demasiado", admite Ben, "estamos buscando un espacio".

Hay una gran necesidad de organizaciones como The Network porque los grupos estudiantiles como GSA —Gay Student Union o Gender Sexuality Alliance— no es suficiente para chicas como McKenna, una chica de preparatoria bisexual tierna al estilo Cher de Clueless, quien se preocupa por salir del clóset en la escuela porque "se siente como si la gente te va a juzgar". "No hay tanta gente que esté fuera del clóset", dice McKenna, "lo gracioso es que conozco a muchas personas queer, pero solo conozco a dos que lo sean abiertamente en la escuela". Las clases de salud no hablan de sexualidad queer y de géneros, dejando que los estudiantes encuentren la información necesaria en Internet. Alguien más se acerca: "Um, tengo 15 años ahorita, tenía 13 cuando salí del clóset, y yo digo: si eres queer entra a Tumblr, porque aún no lo he descifrado".

En espacios queer-friendly como The Network o el estudio de Lula, los jóvenes se pueden abrir sobre sus complejidades únicas y retos diarios —como la gente que no cree en la bisexualidad. "Mucha gente se enoja cuando mencionas los privilegios mono-sexuales, que es que te atraiga un solo género", dice una chica llamada Avery al guardar su pelo azul cielo detrás de sus orejas. Ella aún está luchando con su propia bisexualidad y cómo la ve la gente por ello: "Siento como si lo fuera a arruinar todo, o —oh shit!— caer en el estereotipo de la bisexual zorra, y me da miedo expresar mis miedos porque quiero ser queer con seguridad". Muchas veces los hombres heterosexuales la menosprecian y ven su identidad como un fetiche, lo peor es que otros queers la pueden acusar de no ser sincera, porque 'ser bisexual quiere decir que siempre está la opción para hacer trampa'.

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Es peligroso decir que un tipo de queer es más privilegiado, porque todos los tipos se enfrentan a la discriminación, como me lo recuerdan constantemente. Pero escucho repetidamente que los queers de color luchan contra problemas más oscuros que los queers blancos. Arahi es amiga de Avery y Ben y es parte de The Network. Es bisexual también: "Odio que me tomen fotos", dice, encorvando la espalda, "pero me di cuenta que Devon [una lesbiana que no está segura de su identidad de género] muchas veces es la única chica asiática en asistir [a los eventos queer]. Tengo un montón de amigos que son queer y blancos y son aceptados, pero cuando hablo con mi mamá, que es japonesa, me dice que ser bisexual es una fase. Y en Tokio, soy un poco alienada, me ven como una de las chicas que enloqueció en Estado Unidos, piensan que estoy comportándome como 'white-washed'". Según Arahi, Japón favorece la conformidad sobre de todo, y ya que ser queer es considerado diferente, es tabú incluso hablar de ello: "Mis amigos de allá ya ni siquiera me invitan a sus casas".

Lula se une a la conversación mientras todos los demás continúan hablando sobre todas las demás cosas que los hacen quien son: algunos son artistas, actrices y productores de música. Ben va a una escuela de administración y no puede esperar para irse a la universidad en el otoño. Avery bromea: "Yo solo soy divertida".  

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Lula, como Maria, se identifica como pansexual. Cuando salió del clóset en la preparatoria —un maestro animó a todos los que no fueran heterosexuales a decirlo en clase y Lula lo confesó— se llamó a sí misma bi, pero luego sintió 'que era una representación falsa porque eso quería decir que creía que había solo dos géneros. Pan me queda bien porque justo ahorita me atraen todas las personas'. Como este evento, se trata de liberarse de la heteronormativa, el sube y baja del género, y la encasillada de las identidades queer en nichos bien definidos: gay, lesbiana, bisexual.

Lula pagó por el estudio ella misma, solo pidiéndoles a sus sujetos que trajeran comida para compartir, y había mesas llenas. Para ella ser queer es una identidad que la une a un movimiento.

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"La heteronormatividad es una plaga", dice ella. "A veces soy privilegiada de poder caminar por la calle y pasar por una mujer heteronormativa y que no me acosen… pero los chicos queer sí viven la violencia". La belleza de lo queer, según Lula, es apoyarse mutuamente a través de todo eso.

"Es hermoso que los chicos se estén aceptando cada vez más jóvenes [odia la expresión de salir del clóset porque quiere decir que hay algo de qué estar avergonzado] y estén encontrando la comunidad, porque eso quiere decir que el movimiento se está haciendo más fuerte". Y, de eso se trata la sesión de fotos. 

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Aún en la mecca de la cultura queer de occidente, Nueva York, los chicos se pierden en un laberinto lleno de trampas adolescentes y vergüenza de identidad: el bullying, la fobia queer, que te juzguen tus compañeros. Lula describe la primera vez que salió a comer con su primera novia de verdad como desgarradora. Le preocupada que la gente fuera a decir que es queer a pesar de que lo es. Si su clase de salud hubiera sido abierta con lo queer (en lugar de dejarla en manos del Internet) y su clase de literatura hubiera incluido libros con personajes queer, quizá hubiera aprendido a aceptarse.

Los chicos queer necesitan apoyo de la comunidad y representaciones precisas de gente como ellos como guías, porque lo queer transforma el mundo a tu alrededor. Nuestro mundo predominantemente binario ve todo como uno o lo otro, femenino o masculino, ser queer quiere decir vivir en una explosión de otros colores. Al salir del estudio siento un desplazamiento de una energía más ligera a algo más estancado y congestionado.

"Este proyecto se hizo para la juventud queer", afirma Lula. "Sí, puede que ayude a otras personas a entender lo queer, pero esto trata de representación y celebración de nosotros, por nosotros".

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Lula se toma varias selfies para su popular cuenta de Instagram, así que le pregunto cómo sería un autorretrato de su propia identidad queer. Ella se describe en una extraña posición, con una variedad de atuendos locos —"porque me encanta arreglarme", dice ella, como si presumiera cada faceta de su identidad.

Para participar en el proyecto y para más información, visita el Instagram de Lula.

Credits


Texto Kristin Huggins
Fotografía Lula Hyers