las 66 polaroids perdidas de madonna en los ochenta

El fotógrafo Richard Corman nos cuenta sobre lo que fue conocer y fotografiar a la carismática club kid de East Village mientras se preparaba para su estratosférico estrellato.

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17 Agosto 2016, 4:25pm

En junio de 1983, Madonna era una ambiciosa chica de veinticuatro años que empezaba a ganar fama en los clubes nocturnos. Cuando el fotógrafo Richard Corman conoció a la joven cantante, ella le sirvió chicle y café expreso en una bandeja plateada en su departamento excesivamente bohemio en East Fourth Street entre las avenidas A y B. Eso fue, como él dijo, "literalmente, justo antes de que saliera disparada directo al estrellato". Un mes después de que tomaran algunas Polaroids de forma casual, Madonna lanzó su álbum debut, del cual se desprendieron tres éxitos del top ten (Holiday, Lucky Star, Borderline). Un año después, se retorcía alrededor de un pastel de bodas en su icónica presentación en los VMA de MTV con Like a Virgin. Pero cuando Corman tomó estas magníficas y austeras Polaroids SX-70, ella todavía era novia del DJ Jellybean Benítez, un buen bailarín de Funhouse y Danceteria, y un hustler que lograba pagar la renta trabajando como mesero y posando desnudo para estudiantes de arte. Tal como ella escribió acerca de ese tiempo, "me sentía como un guerrero abriéndome paso a través de la multitud para sobrevivir".

Richard Corman tenía buenos contactos a principios de los años ochenta. Había sido asistente con Avedon, y su madre Cis era una directora de casting que trabajó en películas como Raging Bull y The Deer Hunter. Cuando Corman fotografió a Madonna, también se encontraba tomando fotos de Keith Haring en Soho y de Jean-Michel Basquiat en su estudio de la calle Great Jones. Pero nada lo preparó para conocer a la joven que para él se veía "como alguien que iba a gobernar al mundo". Después de treinta años de languidecer en un almacén, las 66 polaroids finalmente verán la luz este otoño en forma de un libro y una exhibición. Corman comparte esta historia con i-D.

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¿Cómo surgieron estas polaroids?
Estas son imágenes que tomé en 1983. Lo que las hace tan encantadoras y especiales para mí es en realidad la conexión que tienen con mi madre. Ella me había presentado a Madonna en la primavera de 1983, cuando estaba haciendo el casting de una película llamada The Last Temptation of Christ con Martin Scorsese. Madonna audicionó para el papel de la Virgen María. Al final no lo obtuvo, pero ella y yo nos conocimos en aquel momento en que yo trabajaba en Avedon Studios. Yo constantemente estaba en busca de gente interesante a la cual fotografiar. Realmente nunca había conocido a alguien como ella. Ella era original.

La sesión fotográfica Polaroid llegó un poco más tarde, cuando mi madre estaba desarrollando un proyecto musical llamado Cindy Rella. Madonna en realidad se estaba hospedando en el departamento de su hermano, y yo debía enviar las fotos del casting a Warner Bros lo antes posible. No hacíamos nada en formato digital o en un iPhone en aquel entonces, teníamos Polaroids. Así que tomé unas sesenta y seis Polaroids. Armamos un libro con un guión y el casting para una propuesta. Michael Jackson o Prince harían el papel del príncipe y Aretha Franklin sería la malvada madrastra. Al final resultó que la película nunca se hizo y el guión junto con las sesenta y seis Polaroids estuvieron perdidos por treinta años. Recientemente, cuando estaba limpiando a profundidad mi almacén, me quedé boquiabierto al encontrar que estas imágenes estaban justo ahí. En perfectas condiciones.

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Si hubiéramos tomado estas fotos hoy en día, habría treinta personas en ese departamento. Pero sólo estábamos ella y yo, era tan simple. Ella era muy accesible, divertida y sexy. Era muy cool y tenía un gran carisma. Así que empezamos con algunas fotos donde ella estaba limpiando la casa como Cenicienta, y luego unas donde se preparaba para ir al baile. Ella salió y creo que le tomó como dos horas conseguir ese vestido en algún almacén vintage. En ese momento, ella era una especie de fenómeno local.

No soy necesariamente un fan de Madonna; pero ciertamente soy fan de su determinación, su espíritu y su energía. Siento que hoy en día esas imágenes son mucho más relevantes que en aquel entonces. Obviamente, ella siempre ha sido relevante. Tan sólo la forma en que vestía, su pelo, su maquillaje. Todo su estilo y su confianza era tan del siglo XXI. Entre los jeans, sus labios rojos, sus ojos de gato y las raíces oscuras. Todo en ella era muy actual.

¿Así que ella hacía su propio estilismo, maquillaje y peinado?
Por completo. Ella siempre estaba en control. Sabía exactamente cómo quería verse. Esa noche, ella se encontró conmigo, mi madre y mi padre en este lugar en el Upper West Side, donde todos los actores de la ciudad de Nueva York solían reunirse. Llegó y su sola presencia detuvo el tráfico. ¡Nadie se veía como ella! Era una visionaria en la vida, y con certeza era 100% original.

Y tu mamá, Cis Corman, ¿era directora de casting?
Sí, era directora de casting y más tarde se convirtió en productora en la compañía de Barbra Streisand. Lo que hace que todo esto sea muy especial para mí es que ella está sufriendo terriblemente con la enfermedad de Alzheimer ahora. Tiene noventa años. Éste realmente es un homenaje para ella. Nada de esto hubiera sido posible sin nuestra colaboración.

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¿Cuándo empezaste a tomar fotografías?
Empecé a tomar fotografías poco después de que estuve con Avedon en 1983. Nunca estudié fotografía, iba a hacer un posgrado en psicología. Me tomé un año sabático y la fotografía de algún modo llegó a mí, simplemente porque necesitaba un descanso. Entonces me enamoré de ella, e hice una sesión fotográfica y decidí que ese era el lugar a donde pertenecía. La experiencia en Avedon realmente cambió mi vida.

¿Cómo fue trabajar con Avedon?
Fue algo que te cambia la vida de la mejor manera. Estaba cerca de alguien que era increíblemente apasionado, inteligente, y que toda su vida giraba en torno a su trabajo. Era brillante, era generoso, egoísta; pero pasé mucho tiempo viajando con él. Uno de los proyectos en que trabajé estrechamente con él fue In The American West. Así que pasé dos veranos viajando por ahí con él. Representó una especie de alteración mental para mí. Hablamos acerca de fotografía y arte.

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¿En qué forma crees que la obra de Avedon ha influenciado la tuya?
Lo más importante en la obra de Dick eran los ojos de sus modelos, y la capacidad de ver a través de ellos. Él les permitía contar sus propias historias. Para mí, las imágenes más significativas son aquellas en las que puedo ver a través de los ojos de las personas. En las que pueden contar su propia historia.

Entonces, ¿cuál es la historia de Madonna partiendo de estas imágenes?
"Estaré en la cima del mundo. Gobernaré al mundo. Nada me detendrá y pasaré por encima de cualquiera para llegar a mi destino". Ese era el lenguaje absolutamente. Era muy real y muy natural. Nada parecía pretencioso. Cuando la conocí por primera vez y fui a su departamento, tuvo que esperarme en las escaleras porque el edificio estaba lleno de matones. Ellos la protegían. Ella dijo: "Richard, no puedes entrar al edificio hasta que me digas que ya estás aquí para que pueda avisarles a los chicos de la planta baja". Ella era la flautista de Hamelín del vecindario. La gente iba a su departamento para comer pizza, subir a la azotea a cantar y bailar. Ella se adaptó perfectamente a ello, aunque la ciudad era muy dura en aquel entonces.

Las 66 Polaroids de Richard Corman saldrán este otoño por NJG, acompañadas de una exhibición.

Credits


Texto Rory Satran
Todos los derechos de las imágenes de Richard Corman