kanye west difunde su evangelio en madison square garden

El mega evento de presentación de la temporada tres de Yeezy, fue la pieza de performance más poderosa y desconcertante del rapero y diseñador hasta la fecha.

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12 febrero 2016, 4:40pm

photography jeff rogers

Por un lado, Kanye West estaba presentándose frente a una audiencia de 18,000 personas, algo muy familiar para él. Por otro lado, estaba mostrando su más grande show de moda hasta la fecha -y para él, el mundo de la moda es una arena no tan conocida. Pero en Madison Square Garden esa tarde, transmitió sus credenciales de la moda al mundo, alto y claro.

"Gracias a Carine por poner a mi esposa en su primera portada de moda", mencionó a Carine Roitfeld. "Olivier, gracias por hacer una colaboración conmigo", gritó a Olivier Rousteing, quien diseñó los atuendos a la medida de Balmain para todo el clan Kardashian-West -resplandecientes, y probablemente incluso visibles desde el más alto de los asientos en una ráfaga brillante de plumas blancas, lentejuelas, y pieles.

West bien pudo haber controlado el micrófono por todo lo que duró el show -una hora y media de entretenimiento cautivador, que desafiaba el género y derretía la mente. Pero fue efusivamente generoso con sus shoutouts. "Sé que algunos de ustedes piensan que porque soy una celebridad esto es fácil. Pero el juntar a todas estas personas talentosas fue lo más difícil", dijo a la audiencia al comienzo de su discurso -anticipando y desinflando la crítica que lo ha acechado desde su primera incursión en la moda.

Entre la gente talentosa que West reunió: la artista Vanessa Beecroft colaboró con West de nuevo para llevar a cabo un dramático cuadro de múltiples niveles en el medio de la pista, lleno de gente diversa, modelos usando la colección más colorida de West hasta la fecha. Naomi Campbell, quien andaba por el escenario cubierto en telas, hizo la mejor cara que el Jumbotron de Madison Square Garden haya visto. Y Virgil Abloh, el diseñador de Off-White y el colaborador de West desde hace mucho tiempo, le ayudó a compartir el micrófono. Ah, claro, y todo con un séquito de lo mejor del rap.

Pero hablaremos de la música en un momento, primero que nada, la moda. "Le acabo de decir esto a Anna [podría ser Wintour] en backstage: el ser el director creativo de Hermès sería un sueño mío", anunció West. (Cuídate Nadège Vanhee-Cybulski.) Pero por ahora, dijo, solo quería traer tanta belleza al mundo como le fuera posible. Para su tercer oferta de Yeezy, la belleza vino en distintos colores.

La clásica combinación de West de calcetas largas, sudaderas, botas de combate, y chamarras cuadradas estuvieron presentes con toda su fuerza. Pero alejándose de su paleta neutral de las temporadas pasadas, tuvo destellos de naranja quemado, cyan, y un rojo de poster que cortaron los suaves tonos café y borgoña. Y para todo lo militarmente inspirado -el camuflaje apareció en chamarras y suéteres- había su parte más suave: un suéter de mohair grande, un jumpsuit con cierre al frente. West estaba demostrando su rango como diseñador, para que todo el mundo de la moda lo viera.

Luego estuvo la música. Con micrófono en mano, West describió The Life of Pablo como un álbum de gospel. Y en parte, es cierto. El récord contenía gloriosas armonías vocales, elevándose y ensanchándose al unísono. Y tiene mucho sentido, West ha usado hermoso gospel en el pasado, más memorablemente en la agitada Jesus Walks. Pero esta es música de iglesia como nunca la habíamos escuchado antes.

Por cada gospel que West introducía, lo balanceaba con cortes up tempo de trap, beats de EDM, y muy apropiadamente, en un track emocional con The Weeknd, una pared de ruido industrial. Para un hombre cuyo último álbum contenía un track titulado "I AM God", ciertamente está manteniendo su promesa.

Flanqueado por un ejército de sus colaboradores, Vic Mensa, Pusha T, Virgil Abloh, A$AP Rocky, y Young Thug, West puso el disco en lo que parecía ser su laptop personal. Aunque no estaban físicamente ahí, Chance the Rapper, Frank Ocean, y Rihanna hicieron sus apariciones en el álbum. Chance estuvo presente con un increíble verso en el track que abre, Ultra Light Beams.

En cuanto a letras, este podría ser un West con mayor filo. Sus poderosos golpes líricos contenían la arrogancia a la que estamos acostumbrados, pero también la agresiva introspección autocrítica que no está presente en su personaje público. Ese es el tema de uno de los pasajes dedicados al "viejo Kanye". "Yo inventé Kanye/no había más Kanyes", escupía como fuego.

A pesar de que el récord de West demandaba adoración, su debut fue infalible. Frecuentemente comenzaba y detenía tracks, repetía unos cuantos bangers, y se detenía para preguntar al público cómo se sentía. Como una deidad que descendía, él vino a musicalizarnos, a entrar al pit con nosotros, a voltearnos al mundo.

El acto final de West, antes de entregar el micrófono y la laptop a Abloh ("Quiero ir a backstage con mi esposa"), estrenó un videojuego que él desarrolló. La narrativa del juego, explicó, se enfoca en "mi mamá viajando a las puertas del paraíso". En el Jumbotron, una mujer de pixeles con alas de ángel pasaba por nubes de pixel. "Only One Game Coming Soon", se leía en el crédito final, y la multitud lo aclamó, confundida, pero entregada.

"Siento que en momentos, soy incomprendido", dijo West en su discurso final. "Como artista tienes que pelear por lo que está en tu corazón". Después de eso, se fue a backstage para encontrarse con su familia.

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Credits


Texto Alice Newell-Hanson y Emily Manning
Fotografía Jeff Rogers