una conversación con pedro almodóvar

El icónico director español nos habla sobre el mal gusto y el llanto, también nos dice con cuáles de sus películas deberías iniciar tu formación Almodovariana.

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28 Agosto 2016, 1:00pm

Pedro Almodóvar se refiere a sus películas como sus hijos, explicando que su estancia actual en Londres es para proporcionar una especie de cuidados infantiles a las mismas. "Tengo que cuidar a mi bebé", dice acerca de las actividades de promoción para Julieta, su nueva película. También es la número veinte, en una carrera que abarca cuatro décadas.

El mismo realizador, ahora de sesenta y seis años, quien causó sensación en los años ochenta como el enfant terrible del cine español, convirtiendo todo lo que en aquella época era desabrido y gris en el cine de arte en un grito de liberación cautivador, extravagante y melodramático. Ahora considerado como la figura insigne de la Movida Madrileña, la escena contracultural que surgió a raíz de los cuarenta años de fascismo de Franco, Almodóvar hizo de la libertad su tarjeta de presentación. Puso a los marginados, desde los transexuales hasta los traficantes de drogas, en el foco de atención. Utilizó los tropos y los giros narrativos descabellados de las telenovelas y las revistas de chismes de las amas de casa españolas. Puso a las mujeres en el corazón del drama y convirtió en iconos a actrices como Carmen Maura, Rossy de Palma, y más tarde, Penélope Cruz. Los primeros resultados fueron desenfrenados: monjas drogadictas en Entre Tinieblas, un psicópata empático en ¡Átame!, el giro inesperado de la hermana trans enamorada de su padre en La Ley del Deseo.

A medida que Almodóvar maduró, también lo hicieron sus películas. A sus obras maestras Todo Sobre mi Madre, Hable con Ella y, quizás su película más autobiográfica, La Mala Educación les siguió el reconocimiento internacional, nominaciones al Oscar y ofertas para dirigir en Hollywood. Nunca ha aceptado estas ofertas, aunque la tentación permanece. Incluso, inicialmente Julieta se planeó para ser su primer película en Inglés. Al final resultó que, Julieta fue filmada en casa, en la amada Madrid del realizador. El filme comparte el ADN del Almodrama (como se refirió a la obra el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante) en su impecable consideración del espacio y la arquitectura (las películas de Almodóvar tienden a funcionar bien como collages decorativos de ideas); también implica el regreso de las mujeres al punto focal de la historia.

Pero también representa un cambio reciente en su carrera. La historia de una mujer cuya hija adolescente la abandona sin previo aviso, es un estudio del dolor y la pérdida. No hay comedia, no hay estallidos de entusiasmo, no hay extravagancia. Incluso una de las musas de Almodóvar, Rossy de Palma, interpreta su papel con absoluta solemnidad. En una breve charla con el director en Londres, empezamos por preguntarle acerca de este nuevo hallazgo, su reciente auto imposición de restricciones.

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¿Por qué decidiste ponerte restricciones en Julieta?
Tenía la tentación de añadirle un toque de comedia. Especialmente al personaje interpretado por Rossy de Palma. Hay muchas posibilidades cómicas en sus secuencias. Durante el ensayo no ponía limites, así que podía ver esa versión cómica en el ensayo y luego eliminarla para que las actrices experimentaran esa otra forma de interpretación. Eliminé deliberadamente ese elemento cómico de la filmación.

¿Fue difícil para ti imponerte esos limites?
Tengo un espíritu muy barroco. Adoro el melodrama, pero sentí que la mejor manera de lograr la historia era a través de un tono sombrío y contenido. Esta fue una nueva posibilidad para mí; la recibí y la adopté. Estoy muy feliz de haber tomado esta dirección. Estoy contento de no haber optado por la dimensión barroca, así que no hay cantos en la película, no hay nada de esa opulencia.

Esa restricción ocurre en diferentes formas. Para ser una película acerca del dolor, hay muy poco llanto en Julieta.
Es una película muy cercana al sufrimiento, pero no quería verlos llorando. Quería que el dolor estuviera ahí, en la expresión de sus rostros. Pero los momentos de llanto están en las escenas que no vemos. Cuando vemos a Julieta ya mayor, vemos el dolor en su rostro. Ha vivido con ese dolor, así que no hay llantos ni sollozos. Cuando la joven Julieta identifica un cuerpo, le dije a la actriz Adriana Ugarte, 'Si necesitas llorar, entonces llora; pero trata de contenerte porque esa contención es muy cinematográfico'. A la cámara no le gusta [Almodóvar pone una enorme cara de llanto]. Es feo.

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Hay una escena tremenda de sexo en un tren en movimiento, ambientada en los ochenta. Anteriormente has hablado acerca de cómo una mujer joven no experimentaría una liberación como esa en la actualidad. ¿Podrías ahondar en el tema?
La mentalidad es muy diferente ahora. Una mujer joven que encuentra a un hombre en el tren y tiene relaciones sexuales con él, probablemente sería considerada una mujer fácil, una aventurera en el peor sentido. Pero en los años ochenta esto era parte de la liberación femenina, de la libertad de esa década. Hay que recordar que los ochentas en España se trataron de una nueva democracia, después de cuarenta años de dictadura. Después de cuarenta años hay un gran sentido de libertad para hombres y mujeres. Para Julieta, se trata de placeres físicos, tiene ese pelo [rubio oxigenado, con corte en picos no muy diferente al del propio Almodóvar], ese atuendo. Pero también es maestra de escuela. Conocí a mujeres como ella en los años ochenta. Esta película tiene un contexto muy Madrid de los ochenta. Ahora el personaje sería muy diferente. Tendría una vida más burguesa; expresaría su libertad de una manera muy distinta. Porque ahora vivimos en una sociedad muy diferente.

Una reseña temprana de tu obra la llamó 'lo opuesto al buen gusto restringido'. Julieta de muy buen gusto.
Cuando se estrenó Entre Tinieblas fue descrita como 'de mal gusto en general, pero nunca aburrida'. Y eso me encantó.

¿Qué haría el joven Almodóvar con tan buen gusto?
Es un gusto diferente. Pero en ese entonces, yo consideraba que tenía buen gusto. Vengo de la escena underground de finales de los setenta y esa cultura trash dejó una marca en mi trabajo. Es la cultura que absorbí en mi juventud. Pero, también Ingmar Bergman me infundió eso, por un parte están John Waters y Andy Warhol, por la otra [Michelangelo] Antonioni y Bergman. Son cánones distintos. Hay un sentido del equilibrio. La estética de la década de los ochenta, ahora nos parece muy agresiva, pero yo soy de esa época. Mis primeras películas eran muy underground. Parecen un desorden formal, pero ahora me he movido hacia algo que es mucho más calmo y contenido, y los dos extremos me gustan.

¿Qué película le recomendarías a una audiencia más joven para que empezara a conocer tu trabajo?
Que comiencen con La Ley del Deseo. Estoy muy satisfecho con esa película. Fue la primera película que produjimos mi hermano [Agustín] y yo. El deseo -el deseo físico- es el protagonista de la película. El tema está en muchas de mis películas. Es muy importante en la vida y es importante para los jóvenes, quienes se están enfrentando y comprometiendo con sus propios deseos.

Credits


Texto Colin Crummy