el pop 'dosmilero' fue un fenómeno irrepetible, por eso debemos recordarlo

Las cosas eran muy distintas para las estrellas del pop durante la burbuja cultural de 2002 a 2009. ¿Qué es lo que cambió? ¿Y qué sucede con aquellos que se forjaron un nombre entonces pero desean continuar con su fama hoy?

por Anne T. Donahue; traducido por Eva Cañada
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oct. 6 2017, 1:57pm

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

El 22 de septiembre, Fergie finalmente lanzó Double Dutchess, la continuación de su debut de 2006 y una de las mayores reliquias que pueden heredarse de la escena pop de los 2000. Y nos negamos a no hablar de ambas cosas. A pesar de ofrecer temas como "Big Girls Don't Cry", "London Bridge" y "Glamorous", archivamos a Fergie como una señal en el radar cultural y la categorizamos como un placer culpable, como si los Black Eyed Peas no hubieran creado la banda sonora de toda una década.

Pero es que ese es el modo en que hemos tendido a pensar sobre la mayoría de artistas femeninas que definieron los 40 principales del inicio del milenio: Pussycat Dolls, Paris Hilton, Christina Milian e incluso Lindsay Lohan (cuya carrera en solitario no es ni remotamente tan desoladora como hemos tratado de hacer ver). Y aunque gran parte del pop de los 2000 se vio definido por el exceso, por el exhibicionismo y por la competición abierta con otras mujeres (véase: "Girlfriend", de Avril Lavigne), también sentó las bases de lo que contienen las listas de éxitos hoy.

La música pop, entre 2002 y 2009, era un tema aparte. Era ampliamente intangible, lo que la hacía parecer desechable (gracias a los streamings y las descargas ilegales). Empleaba el sexo como una herramienta negociable para la transformación (Christina Aguilera y "Stripped") y parecía una vía razonable a través de la cual las famosas ya existentes podían extender sus alas creativas y volar.

Quiero decir, que Nicole Scherzinger no empezó a lanzar toda una serie de números uno hasta que unió fuerzas con el grupo de burlesque The Pussycat Dolls, mientras que la música de Ponte en mi lugar y Quiero ser superfamosa desembocó en el lanzamiento en 2004 del álbum de Lindsay Lohan Rumors. Entretanto, Paris Hilton grabó "Stars Are Blind" simplemente porque podía. Y, sinceramente, no estaba tan mal.

La década de 2000 fue una anomalía. Después de que internet diera vida a un nuevo tipo de consumo cultural en los 90 (nunca olvidarás la primera canción que te descargaste), los 2000 entregaron la última dosis de misterio. Los blogs tipo tabloide habían empezado a informar sobre las estrellas que más se dejaban ver, pero seguía habiendo falta de cobertura en tiempo real y de análisis crítico, especialmente porque no había línea directa entre las estrellas del pop y sus fans (ni existían medios como Twitter o Facebook).

Eso significaba que los artistas podían seguir actuando de una forma específica, segura y previsible sin que nosotros les cuestionáramos demasiado (un bien muy preciado, dado que los 90 habían estado completamente enraizados en la experimentación, la rebelión y el desafío general a la industria. No nos olvidemos de las palabras de Fiona Apple: "Este mundo es una mierda").

"Las estrellas del pop han recibido más espacio para crecer y más espacio para cambiar, desafiar y abrirse acerca de quiénes son en realidad. A las estrellas del pop de los 2000 no se les permitió ese lujo".

Por supuesto, cuando Britney Spears sufrió su crisis de salud mental en 2007, nuestro acercamiento a las estrellas del pop volvió a cambiar. Las redes sociales permitieron que la cobertura y los comentarios fueran continuados, eliminando la barrera entre las estrellas del pop y el resto de nosotros. Hacia 2009, la mayoría de figuras públicas se estaban volviendo cada vez más y más accesibles y el misterio había desaparecido: las estrellas, de hecho, eran iguales que nosotros, en el sentido de que eran complejas, tenían defectos y debían enfrentarse a los problemas de su día a día.

Y esta es sin duda la filosofía que ahora abrazan de buen grado las estrellas el pop. Al frente del grupo, Fifth Harmony han empezado a usar su música para celebrar su autoconciencia y su sexualidad, Demi Lovato y Selena Gomez dejaron atrás su pasado en el mundo Disney transformándolo en carreras en el mundo del pop y los recientes singles de Miley Cyrus tratan explícitamente sobre su ruptura con Liam Hemsworth. Por no mencionar que este verano Paris Hilton incluso anunció el lanzamiento de un nuevo single titulado "Summer Reign" (que para nosotros fue más una cortada de rollo que una revelación, cuando recordábamos que apoyaba a Trump). En última instancia, las estrellas del pop han recibido más espacio para crecer y más espacio para cambiar, desafiar y abrirse acerca de quiénes son en realidad. A las estrellas del pop de los 2000 no se les permitió ese lujo.

A pesar de que Fergie se ha sincerado acerca de su historial de abuso de sustancias, a Scherzinger le costó años hablar del trastorno alimentario con el que lidió durante su época en Pussycat Dolls. Y ese silencio era la actitud predominante, en términos de lo que esperábamos de las estrellas jóvenes del pop hace diez años.

El tema "Confessions of a Broken Heart", de Lindsay Lohan, hablaba explícitamente de la tormentosa relación que mantenía con su padre, pero no se abrió realmente acerca de él hasta una entrevista concedida este año. Ashlee Simpson, la "punky" anti-estrella del pop (que aun así era totalmente una estrella del pop) no empezó a hablar sinceramente acerca de su vida personal hasta que se casó y tuvo un bebé, a pesar de haber pasado la mayor parte de la década de 2000 protagonizando un reality en el que la veíamos luchando y sufriendo por su cuerpo, su fama y su familia.

De modo que, para las estrellas que aparecieron antes de que las redes sociales comenzaran a solicitar ―y premiar― la transparencia, la vulnerabilidad se ha convertido en un lujo (en lugar de en una moneda de cambio, que es en lo que se ha convertido). Aunque los tabloides en su día impusieron el ideal de que las estrellas eran como nosotros como medio de hacer que nos sintiéramos identificados con los ricos y famosos, la introducción de Twitter, Instagram y Snapchat empezó a demostrarlo (y a nosotros nos encantó).

Por supuesto, las celebridades seguían existiendo en su mundo propio, pero al ofrecernos una línea directa hasta sus pensamientos, sentimientos y batallas internas, empezamos a sentirnos conectados con ellas de una forma más profunda. Si a ello añadimos el cambio cultural actual según el cual todo el mundo se muestra abierto en torno a su sexualidad, su identidad de género y sus problemas de salud mental, vemos que el sello de identidad de las estrellas del pop relevantes se ha convertido en ser alguien que tiene el control de su propia narrativa y que la comparte con nosotros.

"Aunque los tabloides en su día impusieron el ideal de que las estrellas eran como nosotros como medio de hacer que nos sintiéramos identificados con los ricos y famosos, la introducción de Twitter, Instagram y Snapchat empezó a demostrarlo".

Y eso supone un paso gigantesco desde el lugar donde nos encontrábamos en la década de 2000, cuando Us Weekly, InTouch y TMZ alimentaron una obsesión internacional por ser testigos de la decadencia y la destrucción de los famosos. Con una cobertura cada vez mayor, queríamos que fueran como nosotros pero, sin las redes sociales, que también parecieran suficientemente distintos a nosotros como para poder escarbar en sus problemas sin trazar demasiados paralelismos con los nuestros propios.

Sin las conversaciones sobre salud mental y otras barreras que por fin hemos empezado a mantener recientemente, los tabloides se regodeaban diseccionando a artistas como Fergie, Scherzinger, Lohan e incluso Madonna (que es la única estrella del pop a la que realmente se ha permitido hacer música a pesar de ir envejeciendo).

Pero el resurgimiento de Fergie nos ha dado una oportunidad para aprender de nuestros errores y también una oportunidad para que Fergie nos demuestre quién es al margen de las normas de la industria que regían en los 2000. Los artistas que dominan los puestos más altos de las listas han exigido más espacio para crecer y, a lo largo del año pasado, hemos visto a artistas como Demi Lovato hablar abiertamente sobre la adicción y sobre la salud mental y a Selena Gomez y a Lady Gaga abrirse acerca del dolor crónico. Fifth Harmony, por su parte, han hecho balance del hecho de politizarse, empleando Twitter para recriminar a Donald Trump.

Y eso es algo que estamos viendo extenderse también fuera del mundo de la música. Algunas modelos como Kendall Jenner han sido criticadas por sus fracasos a la hora de elegir las campañas publicitarias en que colaboran (estamos hablando de Pepsi) y se les ha pedido que rindan cuentas por sus decisiones, mientras que los actores han comenzado a usar sus plataformas para hablar sobre los enormes desastres sociopolíticos de 2017.

De modo que, finalmente, estamos empezando a ver a los jóvenes talentos como personas que representan determinados ideales. Han reclamado demasiada profundidad como para volver a encajar en el molde superficial y obsoleto que marcaba la industria.

Así pues, 11 años después de The Dutchess, será interesante ver dónde encaja Fergie en nuestro clima del pop actual, especialmente cuando la mayor noticia que ha surgido a partir de su revival ha sido la disolución de su matrimonio. Como artista que dio voz a un montón de himnos de los 2000, se ha ganado con creces el derecho a regresar. Pero, además de ese regreso, merecerá la pena observar cómo se adapta a una era construida sobre los cimientos de la autenticidad y la transparencia. Y lo que es más, si nosotros, como fans, le dejaremos.