cuando dos se volvieron uno: dentro del valentino de pierpaolo piccioli

Mientras los vientos de cambio se propagan en Occidente, Pierpaolo Piccioli viajó al este, a Rusia, para difundir su mensaje de Valentino de autenticidad, individualidad y diversidad.

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30 mayo 2017, 2:40am

En un giro de hermosa ironía, al siguiente día de que Donald Trump ganara las elecciones de los EE.UU., Valentino realizó un evento masivo con el tema de La prohibición en Moscú, celebrando los valores liberales de Nueva York que la mayoría de los partidarios de Trump deploran. "¡Felicidades por su nuevo presidente! Unidos somos más fuertes", dijo una señora rusa en una tienda de dulces de la Plaza Roja sonriendo, usando el más sagrado de los slogans de Hillary Clinton, y cuando en el bar del hotel sonó Stranger in Moscow esa noche, uno podía sentirse identificado. No pudo haberlo planeado, pero la genialidad del evento de la era de la prohibición de Pierpaolo Piccioli dijo mucho políticamente en un país acusado de manipular la elección a favor de Trump. "Hay algo preocupante en este mundo reaccionario —reflexiona Pierpaolo, encaramado en un sofá de la recién inaugurada tienda de Moscú de Valentino, el día después del evento—. No me gusta la intolerancia, el darle a la gente etiquetas que la definan. Me gusta la libertad de ser quienquiera que seas". Debajo de las amplias sedas y el tul bordado que definen su trabajo, yace el tipo de posicionamiento grandioso y a menudo sensible que el diseñador de cuarenta y nueve años ha estado ejerciendo temerariamente desde que tomó el timón de Valentino en 2008 junto a Maria Grazia Chiuri. El verano pasado ella se fue a Dior, dejando a Pierpaolo o solo mio en una aplaudida colección de ready-to-wear primavera/verano 2017 que abordó el tema del punk.

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"He profundizado en mis raíces estéticas y mis valores. Realmente creo que estoy cerca de los maestros italianos de la pintura del final de la Edad Media y del Primer Renacimiento, e incluso de la cultura punk de Londres. Me gusta el punk como un estado mental para evaluar la individualidad —explica—. De pronto, ya no estaba pensando en las reacciones de la gente hacia mi primera colección individual, simplemente hice lo que quería hacer". Pierpaolo le pidió a Zandra Rhodes que interpretara las psicodélicas escenas renacentistas de Hieronymus Bosch y que alimentara sus estampados con el desorden lleno de fantasía y contemporaneidad que resumiera su filosofía de la moda. "Tienes que expresar tu opinión, la moda tiene que usar un lenguaje que la gente pueda reconocer —dice Pierpaolo—. No creo ser una persona política, pero si difundes la idea de belleza como individualidad, autenticidad y diversidad, se trata entonces de expresar valores para la sociedad y no sólo para la moda. Yo quiero hacer esto. Es una oportunidad". La noche siguiente a las elecciones, estaba paseando casualmente por el Café Pushkin —el imán oligarca de Moscú—,con una gorra que decía "Fuck Donald Trump", un testimonio de las agallas que caracterizan a su Valentino. El conmovedor esplendor de sus desfiles, ha hecho que algunos de nosotros derramemos lágrimas de alegría, aunque las buenas intenciones de Pierpaolo también han sido malinterpretadas.

No creo ser una persona política, pero si difundes la idea de belleza como individualidad, autenticidad y diversidad, se trata entonces de expresar valores para la sociedad y no sólo para la moda.

La colección tribal panafricana ready-to-wear primavera/verano 2016 de Piccioli y Chiuri que tuvo como soundtrack Out of Africa fue acusada en las redes sociales de apropiación cultural. "Se trató sobre la integridad de la incorporación de las diferentes culturas —dijo Pierpaolo imperturbable, con un inglés articulado y pausado—. No se trató de una postal de África. Se trató de la idea de una mezcla de culturas viviendo juntas. Cuando Braque y Picasso visitaron África a finales del siglo XIX, comprendieron que la belleza podía ser diferente de la manera en que los europeos solían percibirla. Al regresar, emitieron las reglas del arte contemporáneo. A veces tienes que ver mundos distintos para poder referir de nuevo el tuyo". En el Valentino de Pierpaolo nada sucede sin respaldo académico, pero en una era de la moda en que cada movimiento de los diseñadores es escudriñado por los halcones del Internet, esto no hace que su valor sea menos único. Él se lo atribuye a la irreverencia italiana. "Ya teníamos veinte años de restricción —se ríe, refiriéndose a las censuras fascistas de Mussolini de los años treinta y cuarenta—. Los vivimos. Se terminaron. ¡Podemos ser libres! Es un enfoque romano. Cuando vives en una ciudad que habla de catolicismo y paganismo —la Roma barroca y la Roma de Passolini—, sientes la contradicción de la vida. La vida se trata de lograr un equilibrio entre las diferentes cosas que conviven juntas. Al final, tú eliges la perspectiva que deseas para vivir la vida. No te preocupa. La forma en que ves la vida y la belleza se da de manera natural". Ferozmente reservado, no ha sucumbido ante Instagram, eligiendo en su lugar echar un vistazo ocasional a través de la cuenta de su hija.

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"No quiero mostrar mi vida. No me importa qué comes o con quién tienes sexo. Lo que realmente me interesa es en qué crees y cuáles son tus valores. Puedes verlo en mis colecciones más que en mi Instagram". No desestima las preguntas sobre su vida personal o su crianza en la pequeña ciudad costera de Nettuno, donde todavía vive con su esposa y sus tres hijos, pero no es cómo quiere hacer uso de su tiempo en el escenario. "Shakespeare hablaba del mundo como un escenario y de la gente como personajes. Pirandello también lo hizo, hace cien años, de una manera diferente —continúa Pierpaolo—. "Instagram es una especie de teatro shakespiriano moderno, o de personajes de Pirandello en busca de respuesta. El enfoque es exactamente el mismo: buscar una máscara del mundo". En su propio trabajo impulsado por la perspectiva global con la que fusiona libremente culturas e historia, Pierpaolo crea una autenticidad que no se traduce fácilmente a las redes sociales. Y a pesar del enjambre de mujeres que lo rodea en cualquier lugar al que vayamos en Moscú —desde babushkas enjoyadas con cabello como de casco hasta sus nietas con tiaras—no se trata de diseñar para los mercados como lo hacen muchas marcas. "Me gusta la cultura de la gente diferente. Mis creaciones no son para Medio Oriente, para Rusia —las mujeres son mujeres, los hombres son hombres, las personas son personas, en todo el mundo. Si te gusta esto, lo usas a tu propia manera, lo cual está bien. No creo que la moda se trate de absolutismo".

En toda su impresionante opulencia, el Valentino de Pierpaolo es todo menos anticuado —incluso cuando se trata de Alta Costura. "Todo mi trabajo en esta casa es acerca de la individualidad y la valoración de la diversidad. La Alta Costura habla de una singularidad única, por lo que darle a la Alta Costura una perspectiva diferente tiene que ver con la evaluación de estos valores. No tiene que ver con algo que todavía pertenece a un hermoso pasado. Se trata de valorar la diversidad, y en este momento creo que es muy importante hablar de la diversidad como belleza".

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Credits


Texto Anders Christian Madsen 
Fotografía Oliver Hadlee Pearch 
Estilismo Carlos Nazario
Peinado Holly Mills at Streeters usando R+Co. Maquillaje Chiho Omae en Frank Reps usando Giorgio Armani Beauty. Asistentes de fotografía Mitchell Stafford, David Hans Cooke. Asistente de estilismo Marissa Ellison. Sastre Mack Mozé. Asistente de peinado Julia Kim. Asistente de maquillaje Rei Tajima. Modelo Zhenya Mihovych @ Trump.
Zhenya viste por completo Valentino.