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penny arcade: artista de performance, oradora pública, activista y luchadora por la liberación gay

El icono de la nueva obra de performance de la contra-cultura arremete contra la gentrificación de Nueva York y el mundo perdido que reemplazó.

por Tom Rasmussen
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06 Noviembre 2015, 7:21pm

Describir a Penny Arcade por su relación con hombres famosos es tedioso. Fue una Superestrella de Warhol y su parentesco intelectual a largo plazo con el erudito sin igual Quentin Crisp le ha traído un gran número de admiradores. Pero Penny Arcade es una revolucionaria queer por sus propios méritos.

"La gente no me soporta, les gustaba cómo me veía, les gustaba que era buena para el sexo... pero querían que me callara. Nada me impedirá decir lo que pienso, porque tengo un mandato personal de ser valiente. Me ha costado mucha popularidad". Tiene razón (prometimos una charla rápida, y terminamos platicando por dos horas), ella alberga una lengua articulada y valerosa y un poder físico que es fascinante observar.

Penny Arcade (nacida como Susana Carmen Ventura; se cambió el nombre después de un viaje con LSD) es maravillosamente citable, pasando de Germaine Greer al rápido envejecimiento de la juventud de hoy, a través de la dificultad de mantener su bob color fucsia: "Me puse una madre en las raíces, ¡y ya nada es rojo!" Pero Penny está en Londres trabajando en su próximo performance Longing Lasts Longer. Se trata de un monólogo de tour de force de una hora de duración que navega la vida como una persona queer en un mundo hiper-gentrificado. "El show se trata fundamentalmente sobre apoyar la individualidad de las personas. Ser realmente individual con una opinión, ser alentado a ser dueño de tu propia vida, tu estética personal... tu pensamiento personal".

Es innegable que el papel de las ciudades ha sido alterado por el agarre implacable del hiper-capitalismo, y, naturalmente, esto ha creado un nuevo tipo de no-individuo en una metrópolis que alguna vez fue creativa, buscando la homogeneidad. "La gente solía venir a la ciudad para reinventarse a sí misma, pero ya no". El show completo de Penny se abre con el testamento de que el placer es un valor radical: "Ya que el placer es pecado, las personas sufren intimidación a un punto tal que no pueden liberarse. En mis tiempos, los queers estaban interesados en el placer: sexual, estético, ideológico. Pero ahí está la razón por la que Nueva York antes se llamaba la ciudad del pecado". Su queja es contra los "normales pálidos", aquellos que eligen los cupcakes (los cuales, Penny argumenta, son una herramienta fundamental de la opresión) o alucinan por estar viejos a los 23 años. Condena estos sistemas que parecen adormecer los cerebros críticos de las personas.

Quizás ahí está la razón por la que la juventud bohemia de hoy en su totalidad idealiza obsesivamente al Nueva York de Penny (al de Patti Smith, Studio 54, y las superestrellas de Warhol), porque no puedes evitar pensar que en aquel entonces parecía que algo estaba sucediendo realmente. "Soy la pensadora que soy porque surgí en el mundo gay de los años sesenta y setenta: la gente te golpeaba, no tenías permitido tener opiniones descuidadas... tu valor era tu intelecto".

Aunque romántico y nostálgico, es reconfortante recordar que ese mundo era duro, y Penny busca rápidamente evitar cualquier idea de que todos simplemente se paseaban tomando ácido y haciendo arte maravilloso e importante. La gente también vivió la crisis del SIDA de la década de 1980; la misma Penny perdió a más de doscientos amigos a través de los años. "Mi público murió, imagina que muera una de cada dos personas que conoces".

Su tono revolotea entre la nostalgia y la emoción. El punto de su performance no es bailar un vals frente a una audiencia repleta, añorando una época en la que la gente era libre y los okupas eran abundantes. De hecho está utilizando las facultades críticas que ha obtenido de vivir a través de este tiempo pasado, pero quiere preguntar qué podemos hacer ahora. "¿Cómo puedo ayudar?" consulta, "todos nos sentimos sin esperanza frente a esta gentrificación que está borrando nuestra forma de vida". Esencialmente, Penny está presentando un llamado muy elocuente a las armas. Está buscando que las personas despierten y sean críticas, quiere que honremos nuestra herencia y el multiculturalismo perdido que define la urbanidad, en lugar de conformarnos con nuestras ciudades suburbanizadas.

Penny no se llamaría a sí misma una "activista", pero es muy activa. "Ya no creo que una persona pueda cambiar el mundo, pero sin duda puedes cambiar el mundo que te rodea. ¡Entonces hazte visible!"

Penny es una voz que existía antes, durante, y después de un proceso de hiper-gentrificación. No son personas del pasado, no podemos meter a las Pennys del mundo en el perfecto #TBT de Instagram (que es como se recuerdan muchos de los artistas y anarquistas de la época), más bien es el momento de escuchar a los iconos de esta generación. Nuestra comprensión del pasado se está borrando. Solo podemos salvar nuestras ciudades si nuestras mentes permanecen sin gentrificar. 

Credits


Texto Tom Rasmussen
Fotografía Thurstan Redding