sobre cómo los desnudos de las mujeres han sido comercializados

Los influencers de Instagram han comenzado a reemplazar a las modelos tradicionales en las pasarelas y las campañas. Pero incluso con las 'personalidades' en boga, ¿realmente estamos haciendo progresos en cuanto a la diversificación de nuestros...

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may. 31 2017, 12:50pm

Zdjęcie via Instagram

Que las chicas se desnuden para "the gram" es un fenómeno relativamente nuevo y complicado. Como con todas las más importantes conversaciones culturales que se están dando en 2017, ésta puede resumirse en un meme. El meme en cuestión es uno de esos "memes de arte clásico"; es una imagen de pantalla dividida, con la pintura de nuestra heroína sentada en una chaise longue. En la imagen superior, lleva puesto un vestido victoriano y hay un icono de corazón de Instagram en la parte superior izquierda —tiene muy pocos likes. En la imagen de abajo, está nuestra misma chica, pero en este caso, está desnuda. ¿Y adivinen qué? Tiene cientos de likes.

Todos nos hemos acostumbrado a las selfies semidesnudas. Es parte de nuestra experiencia cotidiana tan pronto como nos sumergimos en nuestras redes sociales por las mañanas. Las vemos mientras revisamos nuestras actualizaciones en el almuerzo, abrimos las de nuestros amigos y tal vez, a veces, hagamos captura de pantalla de algunas de ellas. No se necesita un profesional de las redes sociales para reconocer la correlación entre seguidores e imágenes sexys —los primeros, por lo regular, se multiplican de acuerdo con las segundas.

Las noticias de cómo comerciantes, marcas y juntas empresariales sacan partido de este fenómeno llegaron a las masas en 2015, cuando la modelo australiana de dieciocho años,Essena O'Neill, anunció públicamente su salida de Instagram. La adolescente eliminó 2,000 imágenes e instó a sus 612,000 seguidores a hacer lo mismo. Un gran porcentaje de sus fotos eran imágenes de ropa interior de Victoria's Secret, donde las marcas estaban etiquetadas a cambio de grandes sumas monetarias. Essena reveló que podía ganar "$2,000 dólares australianos por publicación FACILMENTE" si etiquetaba una marca. Las crecientes luchas de Essena con los problemas de salud mental y dismorfia corporal provocados por las presiones de las redes sociales encendieron una discusión más amplia acerca de las jóvenes que publican fotografías comprometedoras de sí mismas en línea para ganarse la vida. Parecía ser un tema con el que la mayoría de las adolescentes y mujeres jóvenes podían identificarse incluso en ausencia de un cheque de pago.

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Luego, en 2016, la Comisión Federal de Comercio impuso una nueva legislación que exige que cualquier influencer de redes sociales debe indicar claramente cuándo una publicación sea pagada añadiendo un #ad o #sponsored en un intento de que haya más transparencia en la plataforma actualmente poco regulada. Como siempre, las empresas encontraron vacíos legales y el negocio de las chicas desnudándose en línea sigue siendo una industria floreciente y boyante de toma de decisiones morales turbias que no muestra ningún signo de desaceleración. Ya se trate de Kylie Jenner promoviendo pastillas para adelgazar en su ropa interior o de una adolescente en Hull imitando la selfie semidesnuda de Kardashian, estamos viviendo una época en la que las mujeres sienten más presión que nunca para verse bien desnudas —y reciben apoyo por hacerlo— en línea. Olviden la "mirada masculina", estamos viviendo en la era de la "mirada publicitaria", donde el respaldo de las marcas o simplemente la afiliación a ellas (busquen las 25,000 publicaciones etiquetadas con #inmycalvins, por ejemplo) está moldeando la forma en que nos vemos a nosotras mismas.

Ya se trate de Kylie Jenner promoviendo pastillas para adelgazar en su ropa interior o de una adolescente en Hull imitando la selfie semidesnuda de Kardashian, estamos viviendo una época en la que las mujeres sienten más presión que nunca para verse bien desnudas —y reciben apoyo por hacerlo— en línea.

Vivimos en una época en la que nos fotografiamos unos a otros con tanta vehemencia que la gente ha sido llevada a alterar su propia imagen. Aplicaciones como FaceTune (que desde el año pasado es la aplicación de paga número uno, y la más descargada en más de 120 países) significan que puedes verte #flawless [perfecto] con el toque de un dedo. Las jóvenes ahora llevan el poder de sus propios estudios fotográficos en sus bolsillos, y parece que la tentación resulta demasiado grande (¿y quién puede culparlas?). La pregunta de por qué las mujeres, después de haber crecido viendo imágenes alteradas impuestas y publicidad pensada en los chicos le deben a alguien su "rostro real" o sus fotos en bikini sin editar es importante. Y francamente, no se lo deben a nadie. Uno de los pasatiempos favoritos del Daily Mail es poner en evidencia a todos, desde Kim Kardashian hasta las estrellas de TV del reality D-List, por su torpe edición fotográfica (como cortinas torcidas y ondas en las baldosas del piso), al tiempo que refuerzan los estándares de belleza inalcanzables que estas celebridades están tratando de alcanzar.

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Por supuesto, la historia de Essena O'Neill fue sólo un lado de la historia. También hubo una legión de activistas del positivismo corporal que ganaron influencia en Instagram con cuentas que reclamabann asertivamente el cuerpo femenino. Comenzamos a presenciar una respuesta contestataria significativa por parte de las mujeres que simplemente ya estaban cansadas de la "perfección" que se les estaba vendiendo, y además había un enorme apetito por ello. Surgió la sensación de que estas digresiones tenían un potencial increíble para dar visibilidad a las ideas nuevas en una plataforma pública: las mujeres de color, de talla grande y trans utilizaban Instagram de forma autónoma como una herramienta para difundir un mensaje genuino sobre la belleza y la importancia de la diversificación. Venían con una mentalidad "breathe out", "no fucks given" que sintonizaba con mucha gente que también estaba harta de sentirse inadecuada.

Los testimonios de positivismo corporal como Molly Soda, Maja Malou Lyse, Gabs Fresh, Ericka Hart y Ashley Armitage llegaron como algo por largo tiempo anhelado; radical, poderoso y antisistema. Ellas formaron parte de un refrescante séquito de feministas interseccionales post Tumblr, que valientemente compartían imágenes sinceras de cómo puede verse y a menudo se ve un cuerpo femenino; estrías, eccema, piel negra y oscura, cicatrices de cirugía, piel flácida y senos grandes, vello púbico y venas varicosas —nada fue censurado.

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Pero ahora los influencers de Instagram han reemplazado a los modelos tradicionales y las líneas se están volviendo cada vez más borrosas. Las "personalidades", como la chica de los dientes separdos Slick Woods, la pecosa Salem Mitchell y la modelo curvilínea Georgia Pratt, son ejemplos de personas que rompen con los estándares de belleza occidentales tradicionales. Y ahora están engalanando las pasarelas y protagonizando campañas de fragancias y eso es grandioso. Entonces, ¿por qué todas seguimos sintiéndonos basura? ¿Por qué las ventas de productos de belleza y de ropa de diseñador no se han desplomado con el auge de los influencers de la "belleza real"?

Si bien puede parecer un progreso, intercambiar un ideal de belleza por otro significa que todavía estamos dentro del juego aspiracional, y la aspiración por definición no se siente como algo auténtico o alcanzable. 

Un estudio reciente conducido por Dove Beauty encontró que las mujeres británicas tienen la segunda autoestima más baja de cualquier otra nación, pues sólo el 20% de las entrevistadas está contenta con su aspecto. Hay incluso una investigación de NHS Digital que muestra que el 26% de las mujeres, entre los 16 y 24 años, ha sufrido de síntomas de enfermedades mentales como ansiedad y depresión —las cuales las organizaciones benéficas aseguran son exacerbadas por la vulnerabilidad de las mujeres ante las redes sociales. Los hechos son, que incluso las activistas corporales más "reales" son hermosas en general, y aun cuando las intenciones sean buenas todavía estamos fetichizando a estas mujeres.

Si bien puede parecer un progreso, intercambiar un ideal de belleza por otro significa que todavía estamos dentro del juego aspiracional, y la aspiración por definición no se siente como algo auténtico o alcanzable. También ha habido cambios repentinos que merecen mencionarse. Tomemos la campaña #Ladylike de H&M que fue protagonizada por Paloma Elsesser y la modelo transHari Nef. Fue una propuesta que mostraba a una marca de la moda importante respaldando a mujeres "normales" haciendo cosas "normales" en ropa interior y en la oficina, y casi funcionó. La reacción negativa que hubo se centró en gran medida en la hipocresía de una marca como H&M al pretender apoyar a las mujeres marginadas —una marca fast-fashion que se ha visto envuelta en disputas de trabajo infantil y que también ha sido acusada de tener existencias limitadas para mujeres de talla grande.

O tomemos a la modelo curvilínea Emma Breschi. "No creo que el que las chicas vean la desnudez femenina sea el problema —le dijo a i-D—. El problema es cómo reaccionan las personas negativas ante la desnudez". Le pregunté a Emma por qué piensa que Instagram puede ser un lugar de remanso para las mujeres que ya están hartas. "Cuando era pequeña, no tenía un modelo a seguir que fuera corporalmente positivo, y pasé por muchas cosas. Ahora, con plataformas como Instagram, tenemos gente a la que podemos acudir, que nos ofrece una perspectiva diferente de cómo se ve una mujer. Me encanta cuando la gente usa su cuerpo desnudo para proyectar mensajes positivos y desafiar las aburridas opiniones conservadoras del mundo sobre el tema".

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Como nos encontramos en las pantanosas aguas de la publicidad de Instagram y el marketing de los influencers, debemos apoyar cuentas como la de Emma que están aprovechando su propia influencia y alcance de marcas para revertir las divisiones y reiniciar la conversación en torno al cuerpo femenino en línea. Debemos recompensar a las mujeres que intentan librar al cuerpo femenino desnudo de la vergüenza; desistir de recompensar la desnudez que vemos en la publicidad y dejar de castigar a quienes toman selfies de su cuerpo y las publican en línea.

A través de la conservación, la educación y la inclusión tenemos que reafirmar positivamente que somos suficientemente buenas como somos, y tenemos que encontrar nuevas maneras para que las chicas más jóvenes construyan su identidad fuera de los confines de un iPhone y de la frontera de Instagram. Debemos comenzar en casa también, como mujeres, para eliminar el tabú con respecto a la ansiedad causada por las redes sociales—para no infantilizar o disminuir su poderosa capacidad de reducir la importancia de las mujeres a su aspecto—. Debemos comenzar por admitir que la mayoría de nosotras nos sentimos alienadas debido a nuestros propios cuerpos y nuestras redes sociales y que eso no está bien, y debemos empezar de nuevo a partir de ahí.

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Texto Nellie Eden
Imagen vía Instagram