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caníbales corporativos: el primer día en los shows masculinos de parís

​Ahora que las colecciones masculinas otoño/invierno 2017 comenzaron en París, los diseñadores como Balenciaga y Valentino se enfocaron en los ejecutivos que dirigen el evento.

por Anders Christian Madsen
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19 Enero 2017, 9:59pm

Balenciaga fall/winter 17

La parte más difícil de trabajar en una empresa creativa que se espera que obtenga ganancias es el cinismo de la máquina corporativa. Tal vez por eso Walter van Beirendonck estilizó todos sus looks con guantes sobredimensionados en el primer día de los desfiles masculinos otoño/invierno 2017 de París. Al ver su desfile unas horas después de la fantástica colección de Demna Gvasalia para Balenciaga basada en esos caníbales corporativos, era imposible no ver los enormes guantes de van Beirendonck como un símbolo de la mano dura de los ejecutivos, que siempre están presionando a los talentos creativos que mantienen sus marcas en marcha a producir el mismo producto con un presupuesto menor -sin ponerle mucha atención al aspecto humano del trabajo que hacen. El miércoles en París, los diseñadores reflejaron colectivamente la desconexión de un mundo Trumpeano -a partir de este viernes, cuando él tomará posesión de la investidura presidencial-, regido una vez más por los ejecutivos de los corporativos, que dictan órdenes desde sus encumbradas posiciones sin importarles mucho las consecuencias humanas de sus actos. "Hola, soy Maureen. Presione el número 2 para inmigración", decía una voz en el soundtrack de Christophe Lemaire. La grabación estaba hecha con las voces de personas reales de un call center; siendo así real pero robótica, la computadora representa una barrera, y esos sistemas automatizados con voces sensibles que las grandes corporaciones cada vez favorecen más, donde las personas que llaman ni siquiera consiguen hablar con una persona real, son el símbolo por excelencia de la desconexión humana.

Walter van Beirendonck otoño/invierno 2017

Los diseños con colores suaves y cálidos de Lemaire tenían un carácter casi amistoso, siendo la antítesis de los estrictos uniformes abotonados favorecidos por la máquina corporativa -deshacerse de esos uniformes y lo que representan sería el tema del día. "La primera colección que hice tenía como tema la confección y la idea de colocar a la sastrería en un pedestal, y en esta ocasión trabajamos mucho con los trajes formales y la ropa de negocios", dijo Demna Gvasalia después del desfile de Balenciaga que deconstruyó, enalteció y ridiculizó, todo a la vez, a la vestimenta formal de negocios. "Queríamos quitarle la rigidez y la frialdad al traje ejecutivo, por eso la colección tuvo muchos elementos de acolchonamiento y comodidad. La mayoría de los chicos llevaban tenis. De hecho, es una colección abrigadora y acogedora, algo que no es realmente característico de la ropa ejecutiva". Balenciaga recientemente cambió de oficinas y se volvió vecina de Kering, el grupo poseedor de la casa, lo que resultó en un encuentro entre los talentos creativos de sudadera con capucha, que diseñan la marca, y los ejecutivos, que los emplean. "Mi trabajo siempre es reflejar la realidad que nos rodea, y creo que es honesto. Eso es lo que está sucediendo en nuestro entorno. Ahora, de alguna manera coexistimos con esta institución corporativa, la cual influyó en el inicio de esta colección", dijo Gvasalia.

Lemaire otoño/invierno 2017

En toda su calidez humana y tangible -estilizada en una amplia variedad de hombres-, la colección fue un acercamiento al mundo corporativo: un intento por unir nuestros dos reinos y una especie de súplica por la mutua comprensión. En una jugada brillantemente subversiva que sólo Gvasalia tendría las agallas de orquestar, una camiseta incluso llevaba el logotipo de Kering en señal de respeto y a la vez, quizás, como una referencia hacia el hecho de que el diseñador -e incluso la marca misma- está siempre a merced de los altos mandos. En otros casos, el diseño se desconstruyó o el uniforme de negocios como tal fue destrozado completamente, como ocurrió en una cadena de looks con el pecho desnudo. "Esa era la idea, que los looks se vieran desaliñados. En el mundo corporativo todo estaría abotonado y fajado con propiedad. Simplemente queríamos reestructurarlo todo", explicó Gvasalia. "Queríamos suavizarlo y hacerlo más cálido". En el comentario de la colección acerca de la frialdad del mundo corporativo, su perspectiva de la situación reaccionaria política y social, que ha sido el tema predominante de esta temporada, fue refrescante y además la ejecutó fabulosamente. Más poderosamente, Gvasalia utilizó los colores azul y rojo de los partidos políticos estadounidenses en un nuevo logo 'Balenciaga 2017', como para sugerir que en una época que está a merced del Presidente Trump, cualquier marca fuerte podría reunir suficiente apoyo para adueñarse del mundo libre.

Balenciaga otoño/invierno 2017

Balenciaga otoño/invierno 2017

"Creo que este es el momento para mostrar una nueva gentileza, incluso para los hombres", dijo Pierpaolo Piccioli después de su romántico desfilé de Valentino, "porque hoy en día 'caballero', para mí, significa sumarle gentileza a la masculinidad". En el primer desfile individual del diseñador, después de que Maria Grazia Chiuri se fuera a Dior, Piccioli continuó la exploración del punk, que comenzó en su última colección femenina, a manera de antídoto contra el cínico espíritu de este tiempo. "Los diseños están cerca de la idea de la confección en la Alta Costura, pero rompen sus reglas. No me importa el género, simplemente me gusta la gente por lo que es, y la ropa es sólo ropa. Eso es todo". Despojó a sus diseños del más mínimo indicio de ropa ejecutiva que pudieran tener, engalanando sus prendas con letreros subversivos creados en colaboración con el artista Jamie Ried, el hombre detrás de la pieza God Save the Queen de The Sex Pistols. "It seemed to be the end until the next beginning" [Parecía ser el fin hasta que el próximo comienzo llegara], decía uno. "Reclaim your heritage. Beauty is a birthright" [Recupera tu herencia, la belleza es un derecho de nacimiento], enunciaba otro. "Fue muy hermoso poder captar el punk con una nueva fuerza individual", dijo Piccioli. "Empecé esta colección pensando en lo que significa ser un hombre en la actualidad, y para mí significa simplemente que tienes la oportunidad de ser quien eres. Mostrar tu sensibilidad es la nueva forma que adquirió la fuerza. No tienes que apegarte a las normas del pasado".

Valentino otoño/invierno 2017

Nada podía ser más cierto para el sentir de Demna Gvasalia esa mañana, o para Lemaire o Walter van Beirendonck, o para Y/Project o Haider Ackermann, cuyas presentaciones el miércoles en París estuvieron arraigadas en sentimientos de sensibilidad y gentileza. Piccioli abrió su desfile con la última canción del álbum Blackstar de David Bowie, lanzado apenas tres días antes de que muriera el año pasado. Considerado ampliamente como la declaración final del artista acerca de las interminables interpretaciones de su obra, en I Can't Give Everything Away Bowie dice que las explicaciones son innecesario o, a veces, simplemente son imposibles. Para Piccioli, quien imbuye su colección con más significado del que una prenda de vestir podría expresar -incluso su intrincado enfoque de Valentino-, él y el artista fácilmente encontraron un terreno común: no puedes revelarlo todo. "David Bowie es importante para mí, porque fue un hombre que cambió la forma de ser de un hombre", reflexionó. "Fue quien empezó a romper las reglas". Tanto para los caníbales corporativos como para los creativos que trabajan para ellos, el primer día de desfiles masculinos otoño/invierno 2017 fue un muy necesario día de disidencia.

Haider Ackermann otoño/invierno 2017

Y/Project otoño/invierno 2017

Credits


Texto Anders Christian Madsen
Fotografía Mitchell Sams