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¿puede una imagen cambiar el mundo?

Una fotografía de un niño sirio de tres años de edad, arrastrado por las olas a la orilla de una playa de Turquía, cambió la semana pasada el cómo el mundo veía la crisis de los refugiados. Pero, ¿realmente debemos compartirla con entusiasmo en las...

por Felix Petty
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07 Septiembre 2015, 6:47pm

photography Nilufer Demir

Toda la semana mi feed de Facebook ha mostrado por todos lados la fotografía de Aylan Kurdi; en la que el niño de tres años de edad yace muerto, boca abajo sobre la arena en una playa de Turquía, las olas lo cubren y un soldado turco está de pie a su lado. 

Aylan es solo uno de los más de 2 mil que han muerto en lo que va de este año al hacer la travesía desde el otro lado del Mediterráneo a Europa. Pero Aylan, que regresó a Siria con su madre y hermano muertos para ser enterrados el viernes, también es una estadística más en un conflicto que ha matado a más de 300 mil personas y que ha causado que 4 millones de sirios huyan de su país desde marzo de 2011. El comentario de Joseph Stalin: "La muerte de una persona es una tragedia, la muerte de un millón es una estadística", nunca había sido más apto, más cierto, que en el caso de Aylan y de la población siria en general.

Y a medida que la imagen se volvía inevitable en mi feed de Facebook, el estado de ánimo "público" parecía cambiar. "La opinión pública" tan resueltamente en contra de la multitud de inmigrantes, emigrantes y vividores amontonándose para entrar a Gran Bretaña, de repente, con los brazos abiertos, le daban la bienvenida a la masa cansada, pobre y acurrucada; de pronto, a través de la figura de Aylan, la crisis tuvo un rostro humano con el que podíamos sentir empatía. Incluso The Sun pasó de publicar un artículo de Katie Hopkins en el que comparaba a los migrantes con las cucarachas a reprender a David Cameron por no hacer lo suficiente para ayudar.

La imagen tiene un parecido sorprendente a otra, la imagen de Kevin Carter en 1993 de una niña sudanesa flaca, moribunda, acurrucada, sufriendo por el hambre, con un buitre en el fondo, esperando pacientemente con ojos hambrientos. Al igual que la imagen de Aylan, la fotografía de Kevin Carter provocó controversia, shock, horror, y un deseo de cambio. La imagen de Kevin Carter ganó el premio Pulitzer.

Fotografía Kevin Carter

Pero, ¿cuál es la ética de publicar estas imágenes? La imagen de Kevin Carter estaba restringida, en 1993, a publicarse en periódicos, y entre las noticias siempre aparecía en contexto. En 2015, Aylan parece ineludible, no solo en los periódicos, sino también compitiendo por espacio en Facebook y Twitter, colándose entre las invitaciones a eventos, las selfies, las fotos, los videos graciosos, los videos lindos, las fotos de tu almuerzo, el trabajo de las personas, sus reflexiones, sus divagaciones, sus mascotas. El destino de Aylan no es solo cambiar el debate, sino ubicarse para toda la eternidad en medio del desorden de la vida cotidiana vivida en las redes sociales. 

Peter Bouckaert, de Human Rights Watch, en declaraciones a Time, sugirió que la razón por la que esta fotografía hizo mayor eco que cualquier otra de la crisis es que "se trata de un niño que se parece mucho a un niño europeo. La semana previa, decenas de niños africanos fueron arrastrados por las olas a las playas de Libia y fueron fotografiados y no tuvieron el mismo impacto. Hay algo de etnocentrismo [en la] reacción a esta imagen, sin duda". Aunque no creo estar totalmente de acuerdo con la reacción de Peter Bouckaert, o por lo menos espero que lo que dice no sea cierto, la prisa por indignarse, por ayudar, por impactarse, por hacer algo, estimulada por la fotografía y su viaje a través de las redes sociales, sí revela algo igual de deprimente; que se necesita una foto de un niño muerto para que la gente sienta empatía con un conflicto que lleva cuatro años, que ya ha matado a más de 300 mil personas, que ha matado a 2 mil migrantes este año. Hay algo emocionalmente egoísta, sin duda, en el viaje de Aylan a través de las redes sociales; un deseo hueco para ser vistos como personas que sienten. 

En este contexto, ¿cómo es que Aylan es diferente de Kony? ¿Cómo es que Aylan es diferente de Cecil el León? Si a la gente no le preocupaba la muerte y la destrucción del país antes de ver esta imagen, si la gente hace dos semanas estaba denunciando a la ola de migrantes en su camino hacia aquí, dentro de dos semanas, cuando Aylan ya no sea visible en sus feeds ¿Aún les importará? ¿La imagen de Aylan será una forma de entretenimiento para nosotros? Rebloggear y compartir una foto de un niño muerto es el equivalente a bajar la velocidad en la autopista para ver un choque en cadena.

No está prohibido que te importe ahora si no te importaba en 2011, y por supuesto, lo que la crisis necesitaba era una manera de cambiar la conversación porque demasiadas cosas indecibles sucedían sin que a muchas personas les importara; pero la muerte de Aylan nos convierte en voyeristas del desastre. ¿Por qué no simplemente das, en lugar de tomar una selfie donando tu ropa a un CalAid? Si haces algo bueno, y nadie lo documenta en redes sociales, ¿realmente cambia algo? 

¿Es una limpieza emocional para las personas que no estaban haciendo nada hace dos semanas? ¿Que votaron por Tory o UKIP y se alimentaron insidiosamente de la retórica anti-inmigrante y refugiados? ¿Para los editores de periódicos que presidían editoriales criticando a las multitudes que se dirigían hasta aquí para arruinar nuestra forma de vida? ¿Para el 67% de la población británica que recientemente reveló en una encuesta que quería enviar al ejército a Calais para alejar a los migrantes? ¿Son tus lágrimas una forma de evitar aceptar nuestra responsabilidad de la crisis? ¿Hará algo Bob Geldof?

La imagen nos puede impactar para hacer algo ahora, pero, ¿será una oportunidad duradera para el cambio? Nada cambió para el pueblo de Sudán tras la foto de Kevin Carter que conmocionó al mundo. La foto de Kevin lo volvió loco, lo atormentó, y un día, un año después de tomarla, se dirigió hacia un suburbio de Johannesburgo y se suicidó. Time informó que su nota de suicidio decía: "Estoy atormentado por los recuerdos vívidos de asesinatos y cadáveres y la ira y el dolor... de niños hambrientos y heridos, de los locos que disparan con facilidad, frecuentemente la policía, de verdugos asesinos..."