fotografiando a los jóvenes motociclistas del underground de londres

Con nombres como Go Hard Boyz y Reckless Ryders, varios grupos de motociclistas están convirtiendo las calles de Londres y los parques industriales suburbanos en arenas para hacer acrobacias que desafían la muerte. El fotógrafo Spencer Murphy pone los...

por Alice Newell-Hanson
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12 Abril 2017, 10:29pm

Derrapando en el asfalto de un polígono industrial abandonado un domingo, el joven motociclista LB Looney lleva una sudadera con capucha, una chamarra puff y unos tenis Nike con suelas moldeadas con ondulaciones. Aunque está haciendo equilibrio sobre una sola llanta a cuarenta y cinco grados, con sólo una mano en el manubrio, voltea tranquilamente hacia la cámara sin llevar puesto un casco en la cabeza. "La policía no puede perseguir a los motociclistas que no lleven equipo de protección, pues podría poner en peligro sus vidas -explica el fotógrafo Spencer Murphy, quien fotografió a Looney para su nuevo libro Urban Dirt Bikers (Hoxton Mini Press)-, por lo que la idea es: 'Si no uso casco, la policía no me va a perseguir'".

La cultura del BikeLife -en la que grupos de motociclistas en motos todo terreno, ciclomotores y cuatrimotos se reúnen para realizar acrobacias en zonas urbanas (consternando a la policía y los residentes locales)- despegó en el Reino Unido casi al mismo tiempo que Instagram, aproximadamente hace cinco años. La aplicación fue la plataforma perfecta para compartir imágenes de acrobacias, y ayudó a difundir la subcultura en Europa desde los Estados Unidos, donde la escena ya era boyante.

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En Urban Dirt Bikers, Murphy capta a los jóvenes motociclistas que están forjando esta nueva y única cultura en las zonas urbanas de Londres. Sus impresionantes retratos de amigos sonrientes y caras iluminadas por el sol nos muestran a la frecuentemente demonizada comunidad del BikeLife bajo una luz completamente nueva. Murphy, antiguo ganador del prestigioso premio Taylor Wessing Portrait Prize, es conocido por captar comunidades que viven fuera de los esquemas comunes, desde surfistas hasta gitanos. "Deberíamos celebrar a la gente que se encuentra fuera de los límites, no demonizarla -dice-. Necesitamos brindarles espacios y aprender de ellos".

¿Qué fue lo primero que te atrajo hacia la cultura urbana del motocross?
La primera vez que captó mi atención por completo fue al ver 12 O'Clock Boys. Es un documental sobre los motociclistas urbanos originales radicados en Baltimore, quienes han estado practicando este deporte por alrededor de veinte años. Más tarde, oí hablar de que había comunidades de motociclistas comenzando a crecer en Londres. Es algo muy nuevo en el Reino Unido, y ese documental contribuyó a su nacimiento aquí. Finalmente, comencé a ver a los motocrossistas en las carreteras. Hacia finales de 2015, traté de contactar a diferentes motociclistas sin tener mucha suerte. Me tomó meses. Fue a través de mensajes de Instagram que por fin logré recibir respuesta de uno de ellos. Un tipo llamado Izzy, que tiene un grupo de motociclistas llamado Super Dupa Motos, me invitó a salir con ellos. Creo que desconfiaban bastante de mí debido a la atención que la policía les estaba poniendo.

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¿Cuáles son los datos demográficos de la comunidad?
Es un ambiente muy masculino. Sólo conocí a dos o tres mujeres motociclistas durante mi tiempo ahí. El rango de edad es muy amplio, desde chicos en bicicleta de aproximadamente ocho años, quienes idolatran por completo a estos deportistas extremos, hasta hombres en sus treintas. La comunidad se desarrolla principalmente en el centro de la ciudad. Casi todos los lugares donde la gente practica el deporte están en las periferias, en las fronteras donde la ciudad se encuentra con el campo. Los motociclistas salen en busca de estos lugares donde el público no se ofenderá por lo que hacen y la policía no vendrá a detenerlos.

¿Qué es exactamente lo que la policía está tratando de evitar?
Son un par de cosas. Las cuatrimotos y motocicletas comunes están permitidas en la carretera, pero las motos para motocross no -y ese es el tipo de moto que más usan estos chicos. El ruido es un problema también. Además, una vez que empiezan a hacer trucos, su forma de conducir se convierte en un peligro. Así que básicamente, una vez que están sobre una sola rueda, ya están haciendo algo ilegal y les pueden quitar su moto. Conozco a un par de chicos que terminaron en la cárcel. La policía los filma y los rastrea a través de sus matrículas. Por lo que muchos de ellos las retiran de sus motos y casi ninguno quiere que su cara aparezca en alguna fotografía. Usan unas máscaras que los hacen parecer más como criminales. Pero sólo es una protección, no una forma de ocultar sus identidades por estar involucrados en algún crimen. En mi experiencia, la cultura del motocross más bien tiene el efecto contrario y ayuda a sacar a la gente de ese estilo de vida.

¿Qué tan abiertos estaban los motociclistas a que los fotografiaras?
Fue muy difícil. Al principio, a algunas personas les preocupaba que yo fuera un policía encubierto tratando de infiltrarme en la comunidad, o no querían verse relacionados con ella. Pero otros se portaron muy cool. Algunos de los chicos más jóvenes tenían padres que los apoyaban bastante y veían el aspecto positivo de la actividad, así que podían mostrar sus rostros sin problemas. Yo quería demostrar que esta cultura tiene aspectos mucho más profundos que los personajes atemorizantes con pasamontañas y máscaras con cráneos. Pero también me gusta el tropo de que son proscritos modernos.

¿Los motociclistas se consideran a sí mismos como outsiders?
De niño a mí me gustaba mucho el skateboarding, y veo muchos paralelismos entre el motocross y esa escena. El hecho de que el skateboarding estuviera en el límite me hizo querer practicarlo. Al público no le gustaba, a las autoridades no les gustaba. Así que estabamos viviendo esta especie de estilo de vida rebelde.

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¿Cuáles son los otros paralelismos?
Cuando les pregunté a los motociclistas por qué hacen esto, la mayoría dijo lo que la gente suele decir acerca de los deportes extremos: que es una manera de desahogo, que no importa lo que esté sucediendo en casa o en el trabajo, pueden subir a su moto y todo lo demás se desvanecerá en la distancia. Pueden subir a sus motocicletas y sentirse libres. Esa fue la respuesta universal.

¿Qué sucede cuando se reúnen?
Por lo general, la gente se reúne en un polígono industrial el fin de semana, cuando está cerrado. La gente se aglomera en un extremo, y los motociclistas suben y bajan haciendo diferentes trucos. A veces hay espectadores, y a menudo los participantes se filman entre sí de moto a moto. Es un evento muy social. En Estados Unidos, ahora hay áreas en las que es semi legal, pero nosotros no tenemos eso todavía. Muchos de estos chicos están exigiendo un lugar donde sea legal practicar este deporte. Otros dicen que lo que hacen al reunirse es sólo una práctica para que al salir a las carreteras puedan ir esquivando el tráfico. Por lo general no salen en gran número, pero el problema es justo cuando hay accidentes. Es muy fácil que algo salga mal -supongo que es por eso que la policía quiere intervenir.

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¿Cuáles son los malentendidos más comunes acerca de esta subcultura?
A menudo son retratados como pandilleros o ladrones en motocicletas. Pero el único crimen que están cometiendo es hacer acrobacias. El Halloween pasado hicieron un gran paseo de muestra por el centro de Londres -por Oxford Street- y hubo un par de incidentes y el robo de un teléfono, pero son unos cuantos los que estropean todo para la gran mayoría. No fue un reflejo de la comunidad en su conjunto.

¿Qué tan importante es el estilo en esta cultura? ¿Hay una estética específica que quisieras captar?
Es lo mismo que con cualquier deporte marginal o individual, siempre hay un énfasis en el estilo. Sus bicicletas están diseñadas para verse de una forma determinada. Usan cierta ropa. Eso era lo que realmente estaba buscando: gente con tracksuits de adidas, máscaras de cráneo, bandanas, dientes de oro. Definitivamente hay un estilo y creo que está muy relacionado con el hip hop y la música grime.

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Tu trabajo comúnmente se enfoca en las comunidades que viven fuera de los esquemas habituales. ¿Este libro se puede considerar parte del mismo proyecto?
Antes de este libro, fotografié a un grupo de okupas que estaban enfrentado un desalojo. He fotografiado ermitaños, ferias gitanas de caballos, y gente que vive de los animales que son atropellados en la carretera. Siempre he tenido interés en las personas que viven fuera de lo que consideramos la norma. Es un tema que está presente en toda mi obra. Me interesa el espacio entre lo que es legal y lo que no, entre lo que es una locura y lo que no lo es. Creo que ése siempre es el espacio donde suceden cosas interesantes, el espacio donde se inventan las cosas.

Urban Dirt Bikers está disponible en preventa a través de Hoxton Mini Press.

hoxtonminipress.com

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Credits


Texto Alice Newell-Hanson
Fotografía Spencer Murphy

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