lo que hacía a bill cunningham grande

Mientras lloramos su muerte, saludamos al icono sin pretensiones y pionero de la fotografía en las calles.

por i-D Staff
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04 Julio 2016, 6:01pm

Es difícil ver Bill Cunningham New York hoy y no sentir un pequeño nudo en la garganta. El documental sobre el fallecido fotógrafo de moda, quien murió a los 87 años la semana pasada, es un retrato resplandeciente de un hombre singular. Esa característica chamarra azul; esa sonrisa mostrando los dientes; esa Nikon de 35mm colgando de su cuello. Con la energía e inocencia de un niño de 12 años, Cunningham va por todo Manhattan en su bicicleta vieja para documentar sus looks favoritos de Nueva York. Por más de cuatro décadas, él ha documentado a los habitantes con estilo de la ciudad para su columna On the Street en el New York Times. También ha fotografiado desde las orillas de las pasarelas, y en ostentosos eventos por toda la ciudad. El hombre apenas y cerraba sus ojos.

Anna Wintour, quien él ha documentado desde que tenía 19 años, posaba para él en la calle mientras trataba con frialdad a otros fotógrafos del enjambre. Iris Apfel pensaba que su chamarra azul tenía clase. Otras figuras de la moda alababan la forma en la que él le daba más importancia a las prendas sobre las celebridades, escogiendo no fotografiar a Catherine Deneuve en una ocasión porque ella "no estaba usando nada interesante". Aquí hay otras cosas que lo hacían un verdadero fotógrafo de moda neoyorquino. 

Era un fotógrafo de moda sin pretensiones
Cunningham era muy modesto como fotógrafo, e incluso esto llegó tan lejos como para decir que lo que él hacía no era fotografía. "Cualquier fotógrafo real diría que soy un fraude, y tienen razón", explica en el documental, "lo mío se trata de capturar lo que veo y documentar lo que veo". Lo que él vio, lo que él amó, lo descubrió en la calle. Para él, ahí era donde el verdadero desfile de moda estaba. A diferencia de un Richard Avedon o un Mario Testino, Cunningham intercambió los límites sofocantes del estudio por la selva de concreto de Manhattan. Como resultado, su trabajo nunca se siente rígido, artificial o pretencioso. Siempre sientes el ojo hambriento del cazador urbano acechando detrás del lente.

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Era el polo opuesto de la gente que fotografiaba
La cosa más curiosa sobre Cunningham es el hecho de que su estilo de vida era tan extremadamente diferente al de las personas que fotografiaba. Y estaba feliz con eso. Nunca lo sedujo la extravagancia de su mundo, el brillo adinerado y la opulencia. En desfiles de moda y recaudaciones de fondos, él fotografiaba principalmente a miembros emperifollados de la alta sociedad. Por otro lado, Cunningham vivía en un pequeño departamento donde dormía en un colchón viejo en medio de torres de ficheros y libros. Él comía en cafeterías modestas donde el desayuno te costaría tres dólares ("Entre más barato, mejor"). Rompió cheques en más de una ocasión. "Si no aceptas el dinero, no te pueden decir qué hacer", explica, "no toques el dinero; es lo peor que puedes hacer". 

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Capturó el dinamismo de la vida en Nueva York
Al final, el trabajo de Cunningham celebra el dinamismo de Nueva York y sus osados habitantes. Su ojo era sensible y original. "Muchas personas tienen gusto, pero no tienen el atrevimiento de ser creativos". Él amaba las tormentas en la ciudad porque ahí era cuando podía capturar a la gente saltando sobre charcos y usando abrigos para la lluvia hechos de bolsas de basura. Pero la calle no era la imagen completa en el mundo de la moda. Para tener la imagen completa, el insistía en fotografiar tres cosas: las colecciones, las mujeres en la calle que han comprado su ropa y la usan en diferentes formas; y los eventos en la noche donde los modelos y diseñadores se codean con filántropos y editores de revistas. "No puedes reportar al público a menos de que lo hayas visto todo". 

Tenía un compromiso muy fuerte con obtener la toma y una loca ética de trabajo
La energía a la antigua de Cunningham no tenía límites, como un niño que no se puede sentar quieto, desesperado por ver, desesperado por hacer. En la calle, era sorprendentemente ágil y preciso, moviéndose entre el tráfico, con su frágil figura. No tenía tiempo para tonterías, y muy a menudo no tenía tiempo para comer o dormir. Su enfoque era muy agudo. Cuando le ofrecían comida elegante y bebidas en eventos, él lo rechazaba invariablemente. Su prioridad era permanecer objetivo. Pero eso era un pequeño sacrificio en comparación a la vida romántica que nunca persiguió; simplemente no estaba en su radar. Él trabajaba día y noche, enfocaba toda la energía en su trabajo —no había tiempo para ello. Independientemente de si su trabajo era una distracción de su soledad o no, claramente amaba cada segundo de él.

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Estaba interesado en la ropa, no en las celebridades
Aunque Cunningham amaba el mundo de la moda —los eventos, los lanzamientos— nunca le importó el lado social de la industria. Nunca lo encontrarías tomando una copa de Moët, platicando con algún retoño de Hollywood, o tomándose una selfie con Anna Wintour en una recaudación de fondos. La parte de quién-conoce-a-quién no le emocionaba. Simplemente le interesaba al cien por ciento las prendas: el corte, las líneas, el look, el gesto, el color. Y él era muy dogmático. Cuando se sentó en la primera fila de la semana de la moda en París, no le aplaudía a todos. Si no le gustaba lo que veía, si pensaba que era copiado o ya se había hecho antes, simplemente su cámara se quedaría en su regazo. Y, porque tenía un conocimiento enciclopédico de la moda, él sabía exactamente lo que era o no derivado.

Era inclusivo y trataba a todos igual
Si eras un neoyorquino que trabajaba en telemarketing o una alta sacerdotisa de la pasarela, a Cunningham no le importaba. El trataba a todos por igual y nunca esperaba ser tratado diferente, a pesar de su prestigiosa acreditación de prensa del New York Times colgando de su cuello. A diferencia de muchos fotógrafos de la calle empeñados en ponerse en la cara de las personas, él no era invasivo. Odiaba la idea de los paparazzi. Él era cortés, auténtico e inclusivo. Cuando algunas de las fotos que tomó para Women's Wear Daily fueron acompañadas con comentarios sarcásticos sobre sus temas, casi lo destruyó. El odiaba la idea de ser asociado con ese tipo de periodismo. A él le importaban las personas y la forma en la que las retrataba.

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Credits


Texto Oliver Lunn
Imagen vía YouTube

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