Publicidad

noches salvajes y love parades: una historia del tecno en berlín

En 1988 Ralf Niemczyk fue de contrabando a Alemania del Este para reportar a i-D los primeros días de la escena tecno de Berlín, Frankfurt y Hamburgo, trayéndonos el mundo de fiestas de fin de semana y Love Parades a nosotros por primera vez. Aquí...

por Ralf Niemczyk
|
06 Noviembre 2015, 7:15pm

Ya se me había olvidado por completo el artículo de 1988, una pieza de varias páginas titulada: Alemania- El pasado, presente y futuro de la música dance. Esbozamos el texto como un tipo de coproducción alemana-inglesa. Matthew Collin hizo la investigación en lo que en ese tiempo seguía siendo Alemania Occidental; yo canalicé mi visión a un texto inglés un cuasi inteligente. Al final, el equipo de Londres juntó las dos partes.

La pieza hablaba sobre la floreciente escena tecno en las discos underground de Frankfurt, Hamburgo y Berlín. Sus raíces musicales venían de Kraftwerk, krautrock, electro glam, discos gays, leathers y música robótica dance. Esto se volvería el más grande arco histórico-musical de la cultura de los clubes de finales de los ochenta por toda Europa. El mismo número de i-D presentaba reportajes de EBM, la escena francesa de electrorap, y la cultura de clubes en Holanda de donde surgiría Gabber. Este electro futurismo se estaba gestando en RU también, en Acid House. Por toda Europa, discos con hombres gays, negros, y música de clubes americanos de Detroit y Chicago, se volvieron el soundtrack de la juventud. Pero en ningún otro lado permaneció tanto y dejo tal huella, como en Alemania.

Las influencias claves del sonido en esos días eran el excéntrico secuenciador, Gabi Delgado de DAF, y Klaus Stockhausen, un DJ pionero de música house de Hamburgo (hoy un playboy del norte de Alemania). La cultura hip hop de Londres estaba volteando a la música electrónica alemana para inspirarse. ¡Wow! Fuimos relevantes de nuevo. Que triunfo. Y eso fue solo el principio de todo.

En 1988, el muro seguía arriba y Berlín seguía bastante subdesarrollado -especialmente cuando se trataba de clubes en comparación con el resto de Alemania Occidental. Estaba Dschungel (el equivalente en Berlín al Studio 54), donde Westbam era constantemente DJ. Estaba el club Metropol en Nollendorf Platz en Schöneberg, y el lugar favorito para fans de Depeche Mode, Linientreu, cerca del infame Bahnhof Zoo. Además de esos pilares de música dance y cultura de clubes, Schöneberg y Kreuzberg, estaban principalmente inundados de anarquistas punks adictos a la heroína, más que clubbers con ideas avanzadas. Y además de eso, Berlín era un lugar aburrido para la cultura joven, sin duda. Todo pasaba en otras partes del país, especialmente Frankfurt y Hamburgo.

Pero a solo once meses del artículo, en octubre de 1989, una saga que se ha contado 6,589 veces, se desató. Una tormenta política se enredó con las corrientes de la cultura pop: se cayó la Cortina de hierro. El nuevo sonido del tecno se iba a volver el soundtrack de la caída del muro, para la unificación de la ciudad y del país. Pero en esa entonces, vivía en la escéptica Colonia, donde la reunificación se vio con desinterés. En ese momento, hasta la próspera Munich -con su brillo y alma- parecía más atractiva para la mayoría que los edificios dilapidados de Mitte y Prenzlauer Berg. 

Todo esto cambió rápidamente en los siguientes años. En 1990 y 1991, WMF y Tresor y muchos otros clubes pequeños trajeron el sonido tecno a las pistas de Berlín, y justo esos edificios dilapidados de Mitte y Prenzlauer Berg serían el lugar perfecto para las fiestas masivas de toda la noche -o todo el fin de semana- de tecno.

Pero el estilo musical de Berlín, que había desarrollado una mezcla del tecno de Detroit junto a la música industrial y EBM (y se acababa de autodenominar "tekkno") no era mi estilo favorito. Pulsaba incesantemente con estrobos, humo y una gran cantidad de drogas. Esta música vibrante de piso a techo, era la predominante en la ex zona muerta. Sí, sí, era emocionante. Pero a las cinco de la mañana en un club en Alexanderplatz era de cierta manera molesto y aburrido si no estabas drogado. 

Se fue moviendo felizmente hasta 1995 o 1996, cuando entró el dinero a la ecuación. Montones de dinero. Esto siempre estuvo en juego para los hedonistas de champaña de Frankfurt, Colonia, Hamburgo y Munich, pero en Berlín no se veía atractivo al principio. Berlín siempre fue muy en contra de lo establecido, era muy raro y muy pobre para eso.

Jurgen Laarman se mudó de Berlin a Frankfurt en 1992 y transformó su fanzine en blanco y negro, en Frontpage, a una brillante máquina de mercadotecnia de cultura tecno en unos pocos años, con la ayuda del dinero de la industria de la publicidad. En la oficina de Frontpage, en la esquina de un edificio en Tauenzien Strasse, se soñaron e implementaron, chifladas estrategias para el dominio mundial. Se involucraron en promover eventos, en amedrentar a promotores rivales, y en tratar de hacer el mayor dinero posible. La atención real vino con su participación en Love Parade, que en 1994 atrajo a más de cien mil personas. 

Podías ver el alocado desastre, que contribuyó significativamente a la nueva imagen de Alemania, desde la oficina de Frontpage. La moda era extraña, clásica ropa de clubes de la mitad de los noventa: botas búfalo, blusas de girasoles, sombreros de vaquero rosas, pantalones de recolectores de basura, pistolas de agua gigantes y pezones perforados bajo camisetas de mesh.

Locura, sexo y mucho dinero se mezclaron rápidamente con el underground de Berlín. Lo que dio origen a trincheras de guerra grotescas y luchas territoriales, una recreación de Gangs of New York, pero del tipo leve, con tecno y MDMA.

Pero para entonces el tecno estaba preparándose para su éxito masivo. Marusha ya lo había alcanzado con una versión dance de Somewhere Over the Rainbow. La disquera de Westbam, Low Spirit, lanzó una serie de éxitos crossover y las disqueras importantes de Alemania, comenzaron a ver que podía hacerse mucho dinero del tecno. Mucha basura musical fue aventada a todos lados, y alguna hasta pegó.

En abril de 1997 las oficinas finales de Technomedia en Motz Strasse estaban sufriendo de una muy mala resaca. La compañía se iba a bancarrota. Al final solo fue otra compañía mediana de medios y eventos. Love Parade siguió creciendo, pero nada de eso seguía siendo interesante -al menos no para la gente que había estado presente al inicio. El tecno se fragmentó en incontables subgéneros que solo podían ser diferenciados por el conocedor más profundo.

Conforme el tecno fue perdiendo relevancia, Berlín empezó a volver el hervidero creativo joven de Europa, la primera ola de galerías grandes de Colonia, Londres y Nueva York se mudaron para acá. Las rentas en Neukölln, Wedding y Friedrichshain seguían abajo del promedio de Alemania Occidental y se mantuvieron más baratas que en ninguna otra de las capitales Europeas. En las décadas siguientes, ninguna otra ciudad alemana ha sido exitosa en retar a Berlín como el centro de la música dance.

En la segunda mitad de los noventa, estaban los excesos del Bar 25, y las famosas fiestas sin fin en el templo de la ketamina, Berghain, con su molesta fila como de circo, una reverberación de los tiempos pasados. En muchas ciudades grandes en Europa, definitivamente existe un panorama de estilos musicales que existen todos al mismo tiempo, de una manera que nunca habíamos visto. Pero por otro lado, también se ha vuelto más aleatorio, menos tribal, menos peligroso de lo que era en ese entonces.

En Nueva York acostumbraban decir "eurotrash" pero ahora, las caricaturas de hipsters de Brooklyn vagan por Neukölln's Weserstraße de noche. Berlín está floreciendo, las cosas van bien en Alemania. Solo tienes que preguntarte a ti mismo por cuanto tiempo.

Credits


Texto Ralf Niemczyk
Fotografía Tilman Brembs / Zeitmaschine.org