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no todo lo que brilla en sailor moon es feminismo

El clásico anime es el estandarte de muchos sitios feministas occidentales, pero su origen japonés dista mucho de esta visión. Lisander Martínez, historiadora del arte y estudiante de doctorado en estudios japoneses, nos dice por qué.

Lisander Martínez

El pasado 15 de agosto fans de casi todos los rincones del mundo celebraron el día internacional de Sailor Moon. Desde México hasta Antártida, más de 50 recintos se unieron para celebrar a uno de los iconos de la cultura popular japonesa más prominentes a nivel mundial. A pesar del gran alcance del evento, ninguno de estas fiestas se llevaron a cabo en Japón, la tierra natal de Sailor Moon.

Asistentes al International Sailor Moon Day en la Ciudad de México.

No es tan sorprendente que esto haya ocurrido si se es consciente de que existen diferentes lecturas de Sailor Moon dentro y fuera del territorio japonés. La distinta manifestación de entusiasmo hacia Tsukino Usagi y sus amigas es un buen punto de partida para comenzar a entender a Sailor Moon de una manera diferente, extraerla de la actual mirada estadounidense y relocalizarla en el contexto nipón que la vio nacer.

Asistente al International Sailor Moon Day en la Ciudad de México.

Actualmente, el anime derivado del manga de Takeuchi Naoko ha tomado un segundo aire por cuenta de la nueva versión de la serie, Sailor Moon Crystal. Esto ha puesto al grupo de Sailor Scouts nuevamente en el foco de atención y ahora aparecen rejuvenecidas, se mueven con nuevas técnicas de animación y gozan de un gran presupuesto. A pesar de que el Internet ha ayudado a que fans de todo el mundo puedan seguir la serie sin tener que esperar tanto tiempo, como nosotras lo hicimos durante los noventa, las diferencias de marcos culturales generan una nueva clase de distancia.  

Por un lado, la blogósfera de habla inglesa, principalmente estadounidense, ha revalorizado a Sailor Moon como ícono feminista. Frases como "fight like a girl" (pelea como una chica) son acompañadas de ilustraciones con elementos del anime, y son constantemente compartidas en Tumblr mayormente de chicas que se identifican como feministas. De esta forma, se vuelve visible el contexto específico en el que estas imágenes se mueven; las plataformas visuales de Internet.

Asistentes al International Sailor Moon Day en la Ciudad de México.

Por el otro lado, en Japón, Sailor Moon representa una forma completamente diferente de poder femenino. El universo construido por Takeuchi Naoko es feminocentrista, donde las mujeres pueden ser de todo, sin aparente restricción. Hay chicas que son heroínas, villanas, víctimas, reinas, novias, etc. Sin embargo, a pesar de la variedad de papeles que pueden tener las chicas de esta serie, hay detalles que revelan que esta historia de chicas y amistad femenina no está completa sin la intervención de los chicos. Este punto de vista representa el joshiryoku 女子力, o "poder femenino". A pesar de que la traducción literal del japonés al español suena muy parecida a lo que predica el feminismo, su esencia es prácticamente opuesta. Joshiryoku es el poder que poseen las chicas para ser fascinantes. Es la habilidad que los hombres aprecian y los lleva a hacer cumplidos. Las chicas con joshiryoku son aquellas que viven de una forma positiva, que se visten bien y que han aprendido la forma adecuada de ser femenina. El significado de joshiryoku puede cambiar dependiendo del contexto social, pero en la práctica diaria, aún impera el sentido que valida la forma de ser de una chica a través de la posibilidad de recibir cumplidos de los chicos.

Asistentes al International Sailor Moon Day en la Ciudad de México.

La interpretación de Sailor Moon como representación del joshiryoku de los noventa cobra sentido al analizar ciertos elementos que han quedado fuera de la visión feminista de Sailor Moon. Por ejemplo, haciendo un breve análisis de contenido de la primera temporada de Sailor Moon, se aprecia que la mayoría de las criaturas malignas que atacan Tokio son mujeres que, una vez que muestran su verdadera naturaleza, tienen un aspecto monstruoso. En contraste, Sailor Moon es constantemente reafirmada como linda y joven; comenzando por el título original de la serie: "La Hermosa Guerrera Sailor Moon" (美?'女戦士セーラームーン). Esto, combinado con la importancia que Tsukino Usagi da a su búsqueda por un novio o marido, confirma la importancia de tener un aspecto agradable para los chicos. El episodio 4 ilustra más claramente este aspecto del joshiryoku cuando Usagi se pone a dieta y se obsesiona con bajar de peso. A la mitad del episodio, renuncia a su objetivo cuando el chico que le gusta menciona que prefiere a las mujeres que no son tan delgadas. En general, el cuarto episodio de la serie es una masacre de los principios del feminismo.

Asistente al International Sailor Moon Day en la Ciudad de México.

La obra de Takeuchi Naoko posee elementos de empoderamiento femenino y ha hecho visibles elementos que continúan siendo controvertidos hoy en día. Por ejemplo, la relación homosexual entre dos protagonistas, Haruka y Michiru, o el cambio de sexo de las Sailor Starlights. Sin embargo, Sailor Moon no es un anime inherentemente feminista. El hecho de que sea un anime feminocentrista dirigido hacia las chicas no lo convierte en una obra de feminismo. La figura de las Sailor Scouts como heroínas de esta lucha responde a necesidades actuales de un contexto social primordialmente de habla inglesa y con acceso a Internet. Los personajes de este anime se han convertido en recipientes de la agenda actual de la lucha por igualdad de representación cuya principal plataforma es el ciberespacio. Sin ignorar el gran mérito que tiene este movimiento social, es importante señalar que al mismo tiempo que adoptó a Sailor Moon como símbolo feminista, también obscureció ciertos aspectos potencialmente problemáticos para su lucha; el joshiryoku. Claro, el hecho de que la historia se sitúe en Japón y la serie en sí misma sea de origen nipón no significa que la interpretación local sea la más legítima que la extranjera. Sin embargo, es importante conocer ambas visiones de la misma obra sobre todo en casos tan contrastantes como este.

Credits


Texto Lisander Martínez
Fotografías Rodrigo de Noriega