colette: cómo crear una tienda de culto como ninguna otra

Ahora que Colette celebra veinte años en el negocio, i-D Francia se reúne con una de sus fundadoras –la discreta reina de la escena parisina, Sarah Andelman– para descubrir cómo mantienen su relevancia y lo que ha cambiado desde que todo comenzó.

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30 Marzo 2017, 10:39pm

En el 213 de rue Saint-Honoré, a pocos pasos de la Place Vendôme y del Jardin des Tuileries, se encuentra Colette, uno de las tiendas más emblemáticas de París. Londres tiene el Dover Street Market, Milán tiene el 10 Corso Como, y París tiene Colette: un emporio de todas las cosas cool, donde puedes comprar un vestido de seda Thom Browne con lentejuelas por más de €10,000 y un gadget muy kawaii por muy poco; donde te podrías encontrar con gente como Drake, Pharrell, Rihanna, Kate Moss, o el cliente más leal del lugar, Karl Lagerfeld.

En 1997, Colette Rousseaux, una antigua comerciante de Sentier, y su hija Sarah Andelman, una graduada de la École du Louvre y pasante en Purple Magazine, decidieron reunir bajo un mismo techo al arte, la moda, el diseño, la música y el estilo urbano, y el resto es historia.

Veinte años más tarde, un promedio de mil personas atraviesan las puertas de Colette cada día, y ese número aumenta a cuatro mil durante la Semana de la Moda. Es un templo dedicado al consumo de lo mejor de la moda, y desde que abrió sus puertas han distribuido más de 8,600 marcas -siendo por lo regular el descubridor y apoyo de la próxima generación de talento en el proceso. Palace, Adidas, Gosha Rubchinskiy, OAMC, Comme des Garçons, Delfina Delettrez, Sies Marjan, Simone Rocha, Thom Browne, Edward Bess y similares se encuentran ahí junto a productos tecnológicos, libros de edición limitada, dulces y una famosa barra de agua con más de 100 variedades de este precioso líquido. Aquí, platicamos con Sarah, para discutir dos décadas de estar en la cima.

¿Cómo te sientes al pensar en los veinte años de Colette?
Todo ha cambiado desde 1997. Nada importante sucedía en París en ese momento, ni siquiera en términos de moda. Aquí, Saint-Honoré solía ser una verdadera tierra de nadie. Nuestro proyecto atrajo inmediatamente el interés porque la idea de mezclar productos totalmente diferentes era una novedad. La gente tenía curiosidad por lo que íbamos a hacer. Había muchas marcas de Londres y Nueva York que no tenían un punto de venta aquí. Creo que llegamos en el momento adecuado. Por supuesto, fuimos criticados por algunos que dijeron: "No funcionará, no durará mucho". Yo no escuché directamente las críticas, este tipo de cosas siempre te llegan a través de otras personas. Estábamos tan concentradas en nuestro crecimiento y las decisiones correctas que no prestamos mucha atención a eso. Aunque rápidamente captamos la atención de la prensa, no todo funcionó de inmediato. Nos tomó tiempo atraer clientes extranjeros, quienes preferían hacer sus compras en Dior, Prada o Gucci y no veían la utilidad de una tienda multimarcas.

¿Cuáles fueron las primeras marcas que distribuyeron?
Desde el principio, hemos distribuido streetwear. Desde el primer día, vendimos tenis Reebok Fury y otros como Adidas, Nike y New Balance. También vendimos playeras Bathing Ape, luego Supreme. Tuvimos algo de Prada, Comme des Garçons, Paul Smith, y también Hussein Chalayan y Alexander McQueen: fuimos a Londres, era el lugar más emocionante en cuanto a moda en ese momento. Vendimos los productos de jóvenes diseñadores de moda como Jeremy Scott y Bless. Siempre fue importante para nosotros mezclarlo todo, no tener espacios para marcas específicas, sino mezclarlas todas al vestir los maniquíes. En ese tiempo, solíamos cambiarlos durante la noche, la noche del martes solía ser una noche insomne de transformación. Luego lo cambiamos a los domingos porque era más saludable que pasar toda una noche en vela ¡durante la semana!

En la moda a menudo se escucha decir: 'Solía ser mejor antes'. ¿Cuál es tu opinión sobre la evolución de la industria de la moda en las últimas dos décadas? ¿Sientes nostalgia por algún período determinado?
No, en absoluto, aparte quizá de los años sesenta y setenta como todos los demás. Por supuesto, fue emocionante ver los desfiles de Alexander McQueen, seguir los primeros pasos de Marc Jacobs, ver todas esas marcas surgir a principios del año 2000, pero el diseño de moda está en buena forma hoy en día. Hace cinco o diez años nadie podría haber predicho lo que está sucediendo ahora en Gucci con Alessandro Michele o en Balenciaga con Demna Gvasalia. ¿Quién se habría imaginado que Christopher Kane iba a diseñar unos Crocs? ¡Nunca hubiera imaginado que este tipo de productos estarían en Colette! Así es la moda, nunca faltan las sorpresas. Todo está permitido. A veces siento nostalgia por algunos diseñadores que todavía están en el medio, pero que ya no tienen la misma fuerza que antes. Por eso reconocemos el inmenso poder de diseñadores como Rei Kawakubo y Junya Watanabe, que siempre logran reinventarse a lo largo de los años.

Eres conocida por tu discreción. Tu madre recientemente le dijo al New York Times: "desafortunadamente es imposible vivir oculto hoy en día". ¿Cómo te sientes con relación a la exposición dentro de las redes sociales y la pérdida de misterio que ello conlleva?
Todo el mundo muestra lo que quiere mostrar. A menudo pienso en Martin Margiela: ¿hoy en día podría tener ese lado invisible y el mismo éxito que tuvo entonces? Seguramente habría alguien tomando fotos tras bastidores en los desfiles, quien; por ejemplo, le habría tomado una foto y la habría compartido en las redes sociales. Algún paparazzi tomó fotos de la cara de Daft Punk y las publicaron. Yo siempre me rehusaba a que me tomaran fotos, pero implicaba un gran gasto de energía, así que deje de hacerlo. No es que tenga un problema con mi cara, es sólo que no veo el punto de mostrarme al mundo. Los que realmente importan son los diseñadores que presentamos aquí, ¡no yo!

Siempre están reinventando Colette, y la forma en que seleccionan y presentan todo evoca la manera en que opera el curador de una exhibición. ¿Cómo describirías este trabajo?
Definitivamente hay un elemento curatorial en él porque cada producto se selecciona individualmente, y el lugar que ocupará en relación con los otros productos es considerado con sumo cuidado, ya sea un pequeño gadget o la ropa de un joven diseñador de moda en el primer piso. Yo no desempeño un papel u otro, pongo mis manos en todo, no puedo limitarme a una sola cosa -lo que me encanta es diseñar la invitación para la siguiente exposición, descubrir un nuevo diseñador, encontrar una nueva marca de playeras... etc.

¿El concepto detrás de Colette es algo que puede funcionar en otra parte?
Para nosotros, Colette es un lugar más que una marca o un concepto. Es un mundo en particular, somos un pequeño equipo -cien personas más o menos- que quiere hacer las cosas bien. Estamos demasiado comprometidos con esto como para poder manejar otra tienda o delegar la tarea a otras personas.

La semana pasada, Vetements anunció su decisión de dejar París para irse a Zurich. ¿Cuál es tu opinión sobre el París de hoy?
Ha habido un cambio en la última década, con los grandes almacenes departamentales rompiendo esquemas, al igual que las galerías, los restaurantes, e incluso la prensa, con los fanzines, por ejemplo. Hemos sentido los efectos de ello, pero realmente no dependemos de la clientela extranjera. Creo que el diseño de moda sigue vivo en París, veo cómo están surgiendo muchos jóvenes diseñadores. La moda seguirá mostrándose en París.

¿A qué nuevos diseñadores estás siguiendo de cerca?
Me gustó mucho la última colección de Jacquemus, una marca que todavía no distribuimos. Estamos vendiendo Victoria/Tomás, JOUR/NE, Jourden, Sies Marjan, etc. El objetivo no es necesariamente ser los primeros en detectar el talento nuevo, siempre tenemos que ser consistentes con nuestra oferta global. Sabiendo que no hay reglas, no compraría sistemáticamente la colección de un diseñador que ya hayamos distribuido. Reviso cada oferta, eso incluye a las marcas que podría haber ignorado en el pasado. Nuestra colección es flexible. A veces cometemos errores y los corregimos. Trabajamos principalmente de manera instintiva. Tratándose de ropa buscamos un cierto estándar de calidad. Simone Rocha, por ejemplo, rápidamente ha creado una colección muy completa. La idea del diseñador debe ser analizada. Tenemos cierta responsabilidad hacia los jóvenes diseñadores. Con el fin de distribuir a un diseñador, tenemos que ver el potencial real, tenemos que ver más allá de su primera colección. No podemos adquirir todo la producción de un diseñador y luego desecharla.

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Credits


Texto Sophie Abriat
Fotografía Noah Kalina

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