el futuro del tatuaje es femenino

Cómo la cuarta ola feminista y las redes sociales están cambiando el balance de género en la cultura.

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may. 14 2017, 10:15pm

tattoo artist grace neutral on set for i-D in Brazil

2012 fue el primer año en que hubo más mujeres tatuadas que hombres en los Estados Unidos (23% de las mujeres comparado con 19% de los hombres, según una encuesta de Harris). La estadística es menos empoderadora con respecto a las mujeres que trabajan en los centros de tatuado -de acuerdo con un estudio de la Universidad de Columbia en 2010, sólo uno de cada seis tatuadores es mujer-, pero hay un crecimiento progresivo. Como Sarah Carter, una artista del tatuaje que crea obras maestras en negro y gris inspiradas en la iconografía religiosa, dice: "Ya no es sólo una maldita fiesta de chorizos".

Comenzó a dejar de ser un festival sólo de chorizo en la década de 1960, cuando por primera vez fue posible acceder al control natal y más que nunca las mujeres formaron parte de la fuerza laboral remunerada. Eso incluyó a la industria del tatuaje, que captó y amplificó las actitudes no conformistas y antisistema de la década.

Dos de las mujeres con las que hablé para este artículo se inspiraron en Cindy Ray, quien en esa época comenzó a tatuar en Australia: "Cuando estaba buscando trabajo, llevaba su foto conmigo", dice Sera Helen de Two Hands Tattoo en Auckland. La artista nacida en Ucrania, Stanislava Pinchuk, quien también es conocida como Miso y (a veces) radica en Melbourne, incluso forjó una amistad con Ray. "Cindy tiene ahora setenta y dos años y es más hermosa que nunca -dice Miso-. Me cocina unos waffles gigantes con un cigarrillo colgando de su boca, y pasea a un perro pastor alemán que es del doble de su tamaño con una cadena de metal como si no fuera nada. Su actitud es increíble -es increíblemente divertida y no tiene ego, [considerando] lo importante que ha sido en la industria".

Pero en los años sesenta, las mujeres en los estudios de tatuajes seguían siendo pocas. Cuando Sheila May, de 19 años, comenzó a trabajar en un estudió de tatuajes en Wisconsin en 1966, sólo conocía a otra mujer que también hacía tatuajes; pasaría una década antes de que supiera de otra. "Los chicos llegaban al estudio -recuerda May en el libro Bodies of Subversion-, y los oías decirse uno al otro: '¡Ay, Dios mío -mira, hay una tipa tatuando ahí!'".

En las décadas siguientes, la cultura del tatuaje evolucionó y se volvió más inclusiva. Sin duda, todavía es predominantemente masculina, pero en los últimos diez años, el número de mujeres en ella ha aumentado dramáticamente. Miso atribuye este crecimiento a la cuarta ola feminista y al feminismo interseccional: "Es algo que está ocurriendo en tándem junto con el aumento de la apropiación y la representación de las mujeres jóvenes en muchas otras industrias creativas -explica Miso, quien acaba de publicar un nuevo libro-. Estamos creando marcas de moda, cambiando la fotografía, el modelaje, las publicaciones y el cine para que sean más inclusivos, adueñándonos exactamente de cómo deseamos que nos vean en nuestros cuerpos y nuestras subculturas."

Estar en control de sus propias imágenes significa, para muchas de las mujeres con las que hablé, que quieren que su género sea algo que esté separado de su trabajo. Mina Aoki, quien crea fantásticos retratos de mujeres usando bandanas y alambre de púas, explica: "Soy mujer y, aparte, soy también tatuadora. Me siento orgullosa de ser ambas, pero debo pensar en ellas como dos cosas separadas".

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Sarah Carter solía rechazar las entrevistas que se relacionaban con el hecho de que es mujer. "Mi deseo era ser tratada en la misma forma que el tatuador a mi lado y no convertirlo en un problema", dice. Una vez, Sarah respondió a una invitación para participar en una exposición artística solo de mujeres con la frase: "Mi vagina no influye en mi trabajo". Entonces, ¿por qué aceptó responder mis preguntas? "Las cosas cambian -me explica-. No rechazo el sentimiento general que solía defender; sin embargo, ahora me encuentro al final de mis treintas, soy la madre de una hija de dos años, estoy casada con un hombre que tiene una carrera sólida, y he vivido lo que la mayoría de las mujeres con una carrera creativa experimentan en mi posición: un drástico cambio en las circunstancias".

Pero el género todavía parece influir en qué tanta representación tienen las mujeres en las convenciones del tatuaje. En una convención a la que asistí en Los Ángeles el verano pasado, esa proporción de 1 a 6 parecía un grosero error de cálculo. De los más de cien artistas en la exposición, sólo unos cuantos eran mujeres. En el sitio web de otra convención, de los aproximadamente trescientos artistas que asistieron en 2016, sólo 14 eran mujeres (eso es el 4%).

¿Cómo es que las mujeres representan el 16% del total de los tatuadores, pero están tan poco representadas en las convenciones? ¿Qué explica esa disparidad? Podría ser el mismo problema que afecta al arte: "A pesar de que las mujeres representan más del 50% de la población total de artistas -detalló el Cornell Fine Arts Museum en un comunicado de prensa en 2015-, sólo el 5% de las obras que se presentan en galerías de arte moderno y contemporáneo y en los principales museos de los Estados Unidos fueron creadas por mujeres". Esa cifra no ha cambiado desde 1989, cuando el grupo activista Guerilla Girls pegó carteles en los muros de la ciudad de Nueva York donde preguntaba: ¿Las mujeres tienen que estar desnudas para entrar a los museos de los Estados Unidos?". Menos del 5% de los artistas en el Met son mujeres, argumentaba el cartel, pero el 85% de sus desnudos son de mujeres.

La misma pregunta podría plantearse a los medios de comunicación: ¿Las mujeres tienen que estar desnudas para aparecer en las revistas de tatuajes? La respuesta, durante años, ha sido sí. Los hombres podían aparecer burdos y corpulentos, vestidos o desnudos, pero las mujeres eran tratadas como modelos. A menudo posaban de manera provocativa, con menos ropa de la necesaria para mostrar sus tatuajes. Incluso en publicaciones populares modernas como Inked, las mujeres siguen siendo presentadas de manera muy semejante; basándonos sólo en sus fotos, es difícil determinar quién es una modelo de desnudos y quién una artista del tatuaje. Para su edición de abril de 2017, por ejemplo, Ryan Ashley -la primera mujer ganadora del reality show Ink Master- aparece en topless o reclinada en una otomana con un traje de encaje rosa. Las fotos claramente implican que su aspecto es más importante que cómo tatúa.

Internet ha cambiado eso. Tan pronto como surgió la cuarta ola feminista, las redes sociales crearon un espacio digital donde las mujeres pueden burlar los medios de comunicación masiva y controlar sus propias imágenes. En Instagram, por ejemplo, las mujeres son tan visibles como los hombres, y la atención puede dirigirse a su trabajo más que a sus cuerpos. "Muy rara vez muestro mi cara en Internet, porque para mí, eso no es provechoso -explica Mina-. Lo que es provechoso es que me reconozcan por mi arte".

Algunas mujeres, sin embargo, utilizan la plataforma para mostrar tanto su rostro como su obra. "Cuando empecé a poner mis tatuajes en Internet, me sentí muy fuera de lugar porque otras mujeres parecían estar obteniendo más notoriedad debido a su atrevida presencia en Internet", dice Mina. Pero hay un aspecto positivo en eso: por primera vez, las mujeres tatuadoras tienen el control de sus propias imágenes, en lugar de que lo tengan los hombres o los medios de comunicación. Pueden elegir mostrar su trabajo, o también sus cuerpos. Y Mina ya no se siente fuera de lugar por eso: "No es justo que juzgue cualquier razón que otras mujeres tengan para ponerse a sí mismas, sus cuerpos y demás, en Internet -dice-. Es importante recordar que cada quien lleva a cabo su práctica de manera diferente, y el punto aquí es que esa expresión exista".

Este tipo de actitud de aceptación, tanto de hombres como de otras mujeres, es lo que hará que continúe creciendo la presencia de las mujeres en la cultura del tatuaje (y esperemos que también la presencia de las personas de color y los artistas trans y genderqueer). Entonces, ¿el futuro del tatuaje son las mujeres? "Estamos en ello -dice Miso-. El pasado, el presente y el futuro son las mujeres".

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Credits


Texto Zio Baritaux