en 2016, el feminismo es más relevante que nunca

Hablamos mucho sobre sexismo, pero aún no nos sentimos cómodos con que las mujeres se salgan de sus roles de género tradicionales.

por Meghan Murphy
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08 Noviembre 2016, 10:10pm

El patriarcado es cosa del siglo pasado, ¿me equivoco? ¡Es 2016! Las mujeres ya no son una propiedad, tienen acceso igualitario a todas las clases de pole-dance que puedan tolerar, y algunos reaccionarios en Twitter me dicen que el feminismo ahora se trata de "personas" y no de "mujeres", porque, supongo, las mujeres ya no necesitan liberarse.

Al mismo tiempo, las celebridades están ondeando la bandera feminista más que nunca, las chicas más cool suben todo el año a Instagram fotos de ellas mismas con sudaderas que dicen The Future es Female, y el explotado hashtag #NotOkay (promovido a causa de la solicitud de Kelly Oxford de compartir historias de agresión sexual), con millones de mujeres twitteando sus propias experiencias estilo "grab them by the pussy".

A pesar de la aparente popularidad de la palabra "feminismo", de las frecuentes conversaciones acerca de cosas como la cultura de la violación, y la afirmación cada vez más popular de que las mujeres ahora son "privilegiadas" y no sufren de opresión alguna, el sexismo parece no haberse ido a ningún lado.

La historia más importante de la campaña presidencial de Donald Trump debería decirnos mucho. La grabación del candidato republicano presumiéndole a Billy Bush que podía agredir sexualmente a las mujeres, fue recibida con repulsión masiva, pero ¿con qué resultado?

Mientras que las mujeres respondieron compartiendo historias traumáticas, los hombres se distanciaron de la conducta de Trump -nosotros no hablamos así, dijeron colectivamente. Cuando Trump se defendió afirmando que sus palabras fueron simplemente "una charla de vestidores", los hombres preguntaron: "¿En qué clase de vestidores te metes?", respondió Trevor Noah, anfitrión de The Daily Show, señalando que: "Hay una gran diferencia entre decir palabras obscenas y glorificar el contacto sexual no consensuado". Howard Stern, quien ganó reconocimiento como un locutor de controversias -invitando strippers y conejitas de Playboy a su programa de radio para darles nalgadas o tener charlas pornográficas, hacer chistes de violación, burlarse de la apariencia de varias mujeres y hablar de dar "inyecciónes de carne caliente" a los demás (supuestamente ya se redimió desde entonces) -dijo de los comentarios de Trump, "Todas las veces que he estado rodeado de chicos -y créanme cuando les digo que cuando estás rodeado de chicos, el 85% del tiempo estás hablando de vaginas- nunca he escuchado que alguien diga 'agárralas del coño'". Incluso Larry Flynt de la revista Hustler, que una vez puso la imagen de una mujer en una picadora de carne en la portada de su revista, afirmó estar "disgustado" por los comentarios de Trump, y anunció una recompensa de $1 millón de dólares para quien tuviera más grabaciones "escandalosas" de él.

Por como suena todo esto, no sólo las mujeres, sino también los hombres están hartos de la misoginia. ¿Correcto?

Incorrecto.

Mientras que el público disfruta mucho de hablar de dientes para afuera sobre el empoderamiento de la mujer y lo que llaman "igualdad de género", la mayoría de las personas no están dispuestas a hacer el trabajo sucio de enfrentar realmente la raíz del sexismo.

Es decir, ¿cuál es el propósito de estas expresiones masivas de molestia hacia el comportamiento de Trump, cuando hombres como Flynt siguen produciendo y beneficiándose de la degradación y objetivación de las imágenes de las mujeres? Por mucho que esté de acuerdo con Noah en que "hablar de ataque sexual" no debe ser lo mismo que "hablar de sexo", la verdad es que no son cosas tan distintas como nos gusta pensar. Con esto quiero decir que la cultura de la violación es parte de nuestra cultura -es algo de lo que nosotros, como sociedad, somos responsables. A pesar de que los hombres seguramente preferirían verse a sí mismos como "hombres buenos" que nunca le faltarían el respeto a las mujeres  -dentro o fuera de un vestidor-, eso sencillamente no es verdad. La mayoría de los hombres aprenden a objetivar a las mujeres y se les enseña a creer que el cuerpo de las mujeres, a cierto nivel, existe para su placer. La mayoría de los hombres siguen comprando la idea de que las mujeres son inherentemente "femeninas" y, por lo tanto, sus subordinadas, ya sea que ellas lo entiendan o no. Son estas ideas las que permiten que la cultura de la violación prospere. Donald Trump no inventó todo esto él solo...

Aunque Stern se haya apartado de los comentarios de Trump, tampoco es que por eso sea inocente. En una aparición en el programa de radio de Stern en septiembre de 2004, le preguntó a Trump si podía llamar a la hija del magnate de los bienes raíces, Ivanka, un "trozo de carne" (Trump lo aprobó). Cuando Trump fue al programa en octubre de 2006, Stern comentó que Ivanka "se veía más voluptuosa que nunca" (Trump estuvo de acuerdo). Si bien las respuestas de Trump a este tipo de comentarios son repulsivas, los comentarios de Stern no son mejores. "Charla de vestidores", ciertamente.d

La reciente respuesta a la visita de la cantante Lily Allen al campo de refugiados en Calais, conocido como la Jungla de Calais, demuestra que los estereotipos sexistas de género están arraigados en la gente en diferentes formas. Después de que Allen conociera a un niño de 13 años de Afganistán, que arriesgó su vida tratando de entrar al Reino Unido, ella se disculpó "en nombre de mi país", por haberlo puesto a él y a otros como él en peligro. "Hemos bombardeado tu país, los hemos puesto en las manos de los talibanes y ahora los pusimos en peligro de perder su vida para llegar a nuestro país", dijo ella, rompiendo en llanto. Allen, quien no teme hablar en contra de la objetivación, el acoso y otras formas de misoginia, fue objeto de muchas burlas, la llamaron ignorante y la trataron como si fuera una niña tonta, fingiendo emoción en busca de atención. The Sun retrató a Allen como una borracha inmoral, tachándola ser una "mamá en busca de atención", la cual debería "disculparse por sus propios errores" antes de pedir perdón en nombre de la Gran Bretaña.

El mensaje es el mismo que las mujeres han recibido durante siglos: somos demasiado emocionales y estúpidas para tener opiniones sobre cuestiones importantes como la política y los derechos humanos. Deberíamos sentarnos y permanecer calladas, porque la esfera pública no es lugar para las damas.

Las mujeres que se encuentran en el ojo público son aniquiladas rutinariamente, no sólo por los hombres partidarios de la derecha, sino también por los autoproclamados progresistas. Es evidente el trato misógino al que han sido sometidas mujeres como Hillary Clinton, Lena Dunham y Leslie Jones, pues todas ellas rompieron las reglas al traspasar la linea, ocupando espacios y roles históricamente reservados para los hombres. Se supone que ellas siguen siendo son para los hombres -lo que significa que son u objetos sexuales o esposas y madres. Los hombres todavía no aceptan a las mujeres que se atreven a existir, a ser vistas y a hablar en público sin intentar complacer las expectativas masculinas.

No importa cuánto se aparte la sociedad de hombres como Donald Trump, todos somos culpables mientras sigamos estando enraizados en nuestras viejas usanzas y no estemos dispuestos a dirigir nuestra molestia contra el verdadero enemigo: el patriarcado, y la jerarquía de género que dicta que las mujeres deben ser vistas y no escuchadas, permitiéndoseles existir en público de una manera muy limitada.

Meghan Murphy es una escritora de Vancouver, B.C. Su sitio web es Feminist Current.

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Texto Meghan Murphy
Imagen vía Twitter

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