Hablamos con el artista Daniel Clowes sobre el cómic de los 90

Clowes ha sido y es una pieza fundamental de la cultura americana. Creó un nuevo concepto de cómic en los 90, nos ha dado algunas de las mejores películas de culto de los últimos años [Ghost World] y hasta ha sido plagiado por el actor Shia LeBeouf.

por Ian McQuaid
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30 Enero 2015, 2:05pm

"Opté por no editar mis pensamientos y simplemente plasmar lo que se me pasaba por la cabeza en un papel. Si alguna de esas cosas le incomoda o le desagrada a alguien no me importa. Al contrario, es uno de mis objetivos principales" admite el dibujante americano.

Eso es lo que nos cuenta Dan Clowes acerca de Like a Velvet Glove Cast in Iron, una de sus obras maestras más surrealistas. Una historia de 10 -extraños- capítulos incluida en su cómic Eightball que trata sobre teorías conspirativas, lunáticos, asesinatos, porno y un mapa secreto tatuado en la espalda de un perro sin cara. Daniel Clowes creó Twin Peaks antes de existiese: una pesadilla en blanco y negro con diálogos de lo más dramáticos y una estética con aires de película de serie B. Una serie de cómics que sobrepasan el límite de la locura.

Los primeros 18 números de Eightball salieron entre 1989 y 1997 y ahora, por primera vez, vuelven reeditados en un pack de lujo para coleccionistas. Clowes lleva décadas retratando su propia versión de lo que significa América para él: un país lleno de vagos obsesivos, cultura kitsch, femme fatales y engreídos. Un reflejo de la 'Generación X' americana de los años 90 tan válido como las letras de Kurt Cobain o las películas de Leonardo DiCaprio. Eightball recogía el espíritu de la época y supuso todo un cambio para el mundo del cómic en la cultura pop.

"Iniciamos este proyecto en una época en la que el cómic estaba a punto de morir" nos asegura Clowes por teléfono desde su casa en California. "La ola de chicos que levantaron Marvel en los 60 se había desvanecido y fue remplazada por una serie de gente que trataba de imitarlos sin éxito alguno: una generación de cómics malísimos. Las tiendas que se encargaban de distribuir las obras empezaron a cerrar. Por tanto, otros cómics -que sí eran fantásticos- como los de Robert Crumb se dejaron de vender por culpa de dicho declive. No quedaba absolutamente nada. Al tiempo, aparecieron los grandes creativos de mi generación -la que se crió con Monty Python y leyendo Mad Magazine- deseosos de generar buen material. Surgieron por todo el país: jóvenes con ganas de hacer algo distinto y que -de milagro- tenían un público muy fiel. Éramos muy pocos y en ese momento no teníamos ni idea de todo lo que estábamos haciendo por la cultura del cómic…".

Clowes señala que la ingeniosa y particular estética que había creado estaba -hasta cierto punto- eclipsada por un mercado lleno de cómics llamativos pero vacíos. Puede que Eightball nunca llegase a tener la popularidad que se merecía pero tampoco lo pretendía: Fantagraphics -la editorial- decidió que solo se distribuiría en tiendas de discos alternativos en lugar de tratar de llegar a un público de adolescentes obsesionados con los superhéroes. Era un cómic para chavales descontentos -la primera ola del grunge- que no se sentían identificados con la cultura mainstream. Clowes era un tío raro que dibujaba historias tanto divertidas como tristes sobre punks, inadaptados, buena música y vidas sin rumbo ni futuro. Comprar Eightball era una declaración de intenciones acerca de quién eras en una época en la que las tribus urbanas inundaban las calles. Las caricaturas sobre la sociedad americana y sus debilidades crearon mucha afinidad entre el lector y el autor.

Sobre sus conocidos autorretratos nos cuenta: "No me gustan los humoristas que no se ríen de sí mismos. Aunque pudiese parecer un método para promocionarme, lo que yo intentaba era analizar mis propias opiniones. Hablaba de las cosas que odio como el que habla de lo mucho que le gusta la pizza: no era nada serio, me lo tomaba como un simple ejercicio de autocrítica. Por aquel entonces tenía 26 años y con esa edad es más fácil descubrir lo que no eres a lo que realmente eres".

Sin embargo, fue en ese momento de su vida en el que se pasó de ser un anónimo autor de cómics de culto a un reconocido icono de la industria gracias a Ghost World.

"Después de hacer Velvet Glove -que estaba muy centrado en el universo masculino- llegué a la conclusión de que todo mi trabajo era como una especie de versión de mí así que pensé en crear personajes completamente distintos. No me veía capaz de escribir sobre una mujer mayor, así que me atreví con las chicas de instituto y traté de ser lo más honesto posible a pesar de que era algo completamente ajeno. Eran chicas interesantes y divertidas pero con un punto aterrador. ¿Qué más se le puede pedir a un personaje?

Enid y Rebecca eran un par de adolescentes cínicas que se pasaban el día paseando por el centro comercial y charlando en las cafeterías de una pequeña ciudad americana sin nombre. La historia -ilustrada en azul y negro- trataba sobre el humor agridulce y la ansiedad que provoca el ser adolescente. Se convirtió en un éxito rotundo aclamado tanto por el público como por la crítica. Cuatro años después de publicar el último capítulo, Clowes llevó la historia al cine: la película estuvo nominada al Oscar y contaba la participación de Steve Buscemi, Thora Birch y una joven Scarlett Johansson en uno de los papeles más importantes de su carrera. A día de hoy sigue siendo una de las mejores adaptaciones de un cómic al cine aunque Clowes -siempre modesto- afirma que es solo una película y que lo único que quería es que no se convirtiese en una burda recreación.

A medida que vamos hablando con él nos damos cuenta de que ve la nostalgia como una especie de maldición. Admite que releer su obra le parece 'algo traumático': "En cuanto miro una viñeta recuerdo exactamente lo que estaba haciendo en ese momento y me agobio un poco". Cuando le preguntamos si le gustaría revivir alguno de sus antiguos personajes de Eightball responde con un rotundo "NO".

A medida que la entrevista va terminando nos damos cuenta de que no nos ha contado ni una sola anécdota divertida acerca de su vida o su trabajo. No le brillan los ojos cuando piensa en el pasado pero tiene que admitir que Eightball es de las pocas cosas contra la que no puede proyectar ese halo de rechazo y negatividad.

"¿Que qué pienso del cómic? Solo voy a decir que no es aburrido".

danielclowes.com

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Texto Ian McQuaid

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