nicolas ghesquière lleva su show para louis vuitton a la cima de una montaña en kioto

El domingo por la noche en el Museo Miho de Kioto, Ghesquière le aplicó su estilo distintivo a la vestimenta japonesa.

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15 Mayo 2017, 8:00pm

Puede haber misiles balísticos norcoreanos volando alrededor del mar japonés esta semana, pero en tierra el imperio tenía intrusos más inusuales a los cuales enfrentar. En lo que él llamó el último capítulo de una "trilogía" de desfiles crucero, que visitó Río el año pasado y Palm Springs un año antes, Nicolas Ghesquière llevó su show Louis Vuitton a Kyoto el domingo por la noche en su presentación más magnífica hasta la fecha. En marzo, los invitados del diseñador entraron al desfile otoño/invierno 2018 del Louvre, a través de la pirámide diseñada por el arquitecto I.M. Pei en París -anoche, del otro lado del mundo, emprendimos una larga travesía por el túnel de una montaña, el cual al otro lado finalmente reveló el Museo Mihi de Peien en todo su rocoso modernismo.

Ghesquière vino por primera vez aquí con el futbolista japonés Hidetoshi Nakata hace unos cinco años, recordó después del show: "y vimos este extraordinario lugar, como un santuario". A unos kilómetros de la ciudad de Kioto, en medio de la nada y por encima de los valles cubiertos de bosques, se asienta el museo de Pei sobre la cima de una roca como algún tipo de Neuschwanstein moderno. Ciertamente tiene la misma aura de un remoto mundo onírico, y fue aquí donde Ghesquière realizó su perfecta fantasía japonesa.

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"Cada colección crucero se trata acerca del descubrimiento: un juego donde se integra la cultura del país que estamos visitando con un punto de vista muy francés y parisino -estableció Ghesquière entre bastidores-. He estado visitando Japón por más de veinte años, y como todo el mundo siempre me ha sorprendió el contraste entre cómo conservan su patrimonio e historia y cómo los celebran, y al mismo tiempo, las muchas expectativas a futuro de este país y lo tecnológico y moderno que es".

Esas palabras podrían haber sido el fundamento de cualquiera de las colecciones de Ghesquière: la fusión del futurismo de alta tecnología y algo tan arraigado que en última instancia se siente tribal. Ahora que lo pienso, su moda tiene mucho en común con la arquitectura de Pei: el futurismo antiguo, si se quiere. Ghesquière aplicó su fórmula a la tradición japonesa, abriendo el desfile con una serie de grandes chamarras -como es su fuerte- que mezclaba lo más característico de la vestimenta japonesa en patrones con múltiples texturas. Se abrieron paso por la épica pasarela, a través de la montaña y sobre el puente que conducía al museo en sí, una marcha de samuráis -una imagen que Ghesquière consolidó con los tops tipo armadura de cuero trenzado, que hicieron un cameo estilo Shogun a medio desfile.

Lo llamó "urbano", y no se habría visto mal en Scarlett Johansson en Ghost in the Shell. "Son mis recuerdos de Japón, llegar a Kioto y descubrir esas increíbles telas y artesanías. Transformamos esas telas en los traje y los vestidos que viste hoy -explicó Ghesquière, minutos después de su llamado para una foto con Michelle Williams y Riley Keough en el balcón de Miho-. Vi esta película llamada Stray Cat Rock hace unos años, que trata sobre unas mujeres motociclistas en los años setenta en Tokio, y la última vez que vine aquí todavía estaban ahí -todavía tenían esas motocicletas- y terminé completamente sorprendido por estos personajes, por lo que las mujeres que aparecieron al principio del show eran ellas".

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La referencia generó una sensibilidad distópica impuesta por el maquillaje audaz de geisha de las modelos y el trasfondo combativo de la colección, como vestidos de encaje con aspecto raído sobre pantalones brillantes y prendas con motivos del legendario diseñador japonés Kansai Yamamoto, quien también asistió al desfile. Si toda la experiencia tuvo un cierto aire de guerrero urbano, dejemos que sea una lección para que los norcoreanos amantes de los misiles no se metan con los samurái.

"Creo que hay una idea con respecto a usar ropa que provenga de la urbanidad, no se trata de las calles, se trata de la forma en que las mujeres viven y cómo son, y es verdad que la mayoría de las veces esto se refleja con más fuerza en las ciudades, así que es una manera de decirlo —dijo Ghesquière—. Quería tener un punto de vista alegre acerca de Japón y Kansai Yamamoto hizo este increíble traje para Bowie, como sabemos —continuó, refiriéndose al traje escultural que el diseñador hizo para el artista en los años setenta—, y fue el primer diseñador japonés en mostrar en París, así que me pareció realmente interesante celebrarlo y pedirle que diseñara algunas cosas para el show. Realmente se trata de mi propio collage mezclado con la silueta urbana Louis Vuitton que he estado desarrollando por años. El kabuki, el teatro Noh, el samurái; todos los símbolos que todos conocemos de Japón, los cuales son realmente extraordinarios. Fue un placer tratar de integrarlos en ese guardarropa". El circo de la colección crucero puede parecer extravagante para los espectadores de la moda, pero al igual que Maria Grazia Chiuri de Dior lo hizo la semana pasada en California, Ghesquière ejecuta el mensaje de este formato de desfile a la perfección: las colecciones crucero siempre han estado arraigadas en los viajes y los viajes siempre involucran un aprendizaje cultural.

Credits


Texto Anders Christian Madsen
Fotografía cortesía de Louis Vuitton