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      moda Alice Newell-Hanson 16 marzo 2017

      punk, perfecto y poderoso: la historia de la moda a través del color rosa

      "¿Por qué elegiría alguien el azul antes que el rosa?", se preguntaba Kanye West en 2012. "El rosa es, obviamente, un color mucho mejor". Diseñadores como Miuccia Prada, Karl Lagerfeld o Shayne Oliver llevan décadas debatido esta cuestión sobre la pasarela y ahora, nosotros exploramos su historia.

      Hood By Air primavera/verano '16. Fotografía Jason Lloyd-Evans

      La primera rueda de prensa que ofreció Hillary Clinton como Primera Dama en abril de 1994 ha pasado a la historia como la "rueda de prensa rosa" o incluso como "la rueda de prensa de la chica de rosa". Sentada en la sala del comedor del Estado de la Casa Blanca, Clinton contestó preguntas sobre sus polémicas declaraciones de impuestos de la década de 1970 mientras llevaba un bonito conjunto que incluía una americana rosa. En un artículo de 1996 para el Washington Post, el crítico de moda Robin Givhan recordó cómo los comentaristas políticos de la época habían juzgado de inmediato que "aquello no era una chaqueta rosa, era una estrategia de relaciones públicas".

      "El dilema de la Sra. Clinton", escribió Givhan, "es que las mujeres no tienen un uniforme para el mundo de los negocios. No cuentan con un atuendo que les permita entrar y salir de una situación sin que algún comentario sobre moda se mezcle en la psicología popular".

      En la historia de la moda, ningún color ha estado tan cargado de psicología popular como el rosa. En parte porque el rosa, en muchas culturas, se ha convertido en el uniforme de las mujeres. Por eso Clinton también vistió de rosa para pronunciar su histórico discurso en el que afirmó que "los derechos de las mujeres son derechos humanos" durante la Cuarta Conferencia de Mujeres celebrada en Beijing el año siguiente.

      Sin embargo, la asociación del rosa con la femineidad no se remonta tan atrás. Y su carácter femenino tampoco es su única connotación. Pero cuando el rosa aparece en la pasarela ―en Prada o Balenciaga, en Hood By Air o Comme des Garçons— intentamos analizar su significado con una intención que no siempre aplicamos a otros colores (normalmente se permite que el verde y el azul sean simplemente verde y azul).

      En 2014, la exposición Think Pink del Museo de Bellas Artes de Boston ayudó a demostrar lo poco que hacía que el rosa se había convertido en sinónimo de "chica". Las obras expuestas mostraban cómo en el siglo XVIII, tanto hombres como mujeres llevaban ese color: un cuadro de aquella época representaba a un niño con un vestido de brocado rosa. A modo de explicación, la académica Jo Paoletti escribe en su libro Pink and Blue: Telling the Boys from the Girls in America (Rosa y azul: distinguiendo a los niños de las niñas en Norteamérica) que durante siglos el rosa fue un color predominantemente asociado a la "salud y la juventud". La exposición de Boston también incluía un catálogo de ropa de 1918 en el que el rosa era un color masculino porque, tal y como explicó la comisaria Michelle Finamore a NPR, "es un color más fuerte y apasionado y porque en realidad se deriva del rojo".

      El rosa se convirtió en un estándar de la moda femenina después de la Segunda Guerra Mundial, indica Finamore, cuando Christian Dior introdujo su romántico y moderno "new look" como reacción a la severidad del racionamiento de posguerra. Los hombres estaban regresando a sus puestos de trabajo y las mujeres estaban rehaciendo sus vidas en casa, de modo que las compañías aprovecharon este movimiento para ofrecer nuevos productos para el hogar en tonalidades rosa chicle que evocaban sentimientos de diversión y moda. Desde entonces, el rosa ha seguido siendo el color empleado para simbolizar los productos femeninos (por eso se habla tanto ahora sobre el "impuesto rosa").

      El rosa pálido y el gris fueron señas de identidad de las colecciones del Nuevo Look de Dior de finales de los años 40 y la década de los 50, pero no utilizaba el rosa para evocar la suavidad femenina. "Soy un hombre tranquilo, pero tengo gustos violentos", dijo el diseñador a un periodista de la revista LIFE tras presentar su rompedora colección de primavera en 1948. "Puede que otros diseñadores estén intentando congraciarse con los tópicos anticuados sobre femineidad y romance, pero Dior los aborda de cabeza", observó el periodista. "Como todos los grandes revolucionarios, Christian Dior es una criatura del destino".

      Otra revolucionaria del rosa, Elsa Schiaparelli, había sido pionera con otra tonalidad diferente de este color entre las dos Guerras Mundiales. El rosa, decía Schiaparelli, es "brillante, imposible, impúdico, transformador y lo llena todo de vida, como toda la luz y los pájaros y los peces del mundo unidos". Su mezcla favorita de rojo y blanco (más tirando a fucsia que las tonalidades florales de Dior) pasó a ser conocida como "shocking pink" (rosa impactante) cuando fue inmortalizada en el vibrante envase de su perfume de 1937 Shocking! (el signo de exclamación lo puso ella). Para Schiaparelli, el rosa era "un color impactante, puro y sin diluir".

      Pero como cantaba Kay Thompson en su icónico número musical de la película Una cara con ángel, "Think Pink" (es decir, "piensa en rosa"), porque aunque el rosa era sinónimo de "un nuevo gran horizonte" y de la "joie de vivre" a finales de la década de 1950, también era el color de los champús, los dentífricos y "el fregadero de la cocina". Era moderno, pero también simbolizaba el consumismo de la época.

      Avancemos hasta el boom económico de mediados de la década de 1990 y veremos a Gianni Versace y a Karl Lagerfeld regodearse también en el color rosa. Claudia Schiffer caminó por la pasarela llevando un chándal de terciopelo rosa intenso estampado con la doble C del logotipo de Chanel para la colección primavera/verano '96 de la marca. Fue también la temporada en que Lagerfeld mostró sus icónicos micro-sujetadores del tamaño de un pezón y creó varios estilismos con bolsas de compra de las tiendas de Chanel, un pastiche irónico de la extravagancia y la plasticidad a lo Barbie de aquella época.

      El atractivo comercial del rosa es al parecer lo que llevó a Miuccia Prada a evitar ese color durante años. Tras mostrar su colección otoño/invierno '15 de color golosina ―acentuada por trajes pantalón y vestidos de estilo babydoll de color rosa suave― dijo a Alexander Fury que "el mundo tiende hacia la banalidad" y "por eso los últimos desfiles incluían estampados y símbolos animales, porque eso es lo que quiere la gente. Quieren estampados animales y lazos rosas". En un perfil publicado en 2004 en The Independent, Prada recordó que "había crecido deseando llevar zapatos rosas" porque su madre solo le dejaba llevar zapatos marrones sin tacón. Como fuerza estridente y anti-establishment con un gusto por lo perverso, Prada siempre ha sido cautelosa con el rosa, a menos que lo emplee para subvertir su dulzura azucarada. Para la temporada otoño/invierno '15 dice que presentó el color como "punto de debate".

      El rosa en sí mismo tiene una vena subversiva, gracias en parte a la moda y la iconografía del punk. El primer número de i-D, publicado en 1980, era un fanzine de papel rosa grapado a mano por sus fundadores Terry y Tricia Jones. Siouxsie Sioux se pintaba los párpados de rosa eléctrico, Courtney Love convirtió el rosa en grunge con sus vestidos kinderwhore de segunda mano y Kathleen Hanna una vez salió a actuar llevando una camiseta de La Sirenita de color rosa.

      En años más recientes, el rosa se ha visto especialmente envuelto en el debate sobre género, sobre todo conforme va recuperando su neutralidad de género en las pasarelas. Alessandro Michele presentó un suéter de color rosa intenso sobre el tatuado modelo Lorens para la colección primavera/verano '17. El rosa fue una nota clave en la colección primavera/verano '16 de Shayne Oliver para Hood By Air inspirada en el mundo universitario y apareció en ropa llevada por modelos de todos los géneros.

      Resulta extraño que, al mismo tiempo que el rosa está cruzando fronteras de género, también está recuperando su estatus como símbolo feminista. Si miramos cualquier imagen de la Marcha de las Mujeres de Washington veremos bajo las pancartas un mar de gorros rosas. De forma más sutil, el rosa también está siendo reclamado por la cultura popular y está recuperando su lugar como símbolo de la fuerza femenina: ya sea en la actuación completamente rosa de Rihanna en los VMA de 2016 o en la tonalidad del diminuto traje de Blue Ivy en los Grammy de 2017. Si el icono rosa de la cultura popular en los 90 fue Gwyneth Paltrow vestida con aquel vestido de tafetán de Ralph Lauren en los Oscar de 1999, hoy en día lo es Solange, con esa chaqueta de color rosa empolvado que lleva en el vídeo de su canción Cranes in the Sky.

      Ese envoltorio de color rosa suave es protector pero también alegre. Más allá de sus asociaciones de género, el rosa es un color que calma y tranquiliza. En las décadas de 1960 y 1970, el investigador Alexander Schauss estudió la respuesta psicológica y fisiológica de varios sujetos ante el color rosa y desarrolló una tonalidad que bautizó como P-618. Este color, más tarde rebautizado como rosa Baker-Miller, provocaba según él "un marcado efecto a la hora de ralentizar el ritmo cardíaco, el pulso y la respiración comparado con otros colores". Conforme nos adentramos en una nueva época turbulenta en la historia de Estados Unidos, ¿qué color podría ser mejor antídoto? El diseñador neoyorkino Sander Lak, de la firma Sies Marjan, nos aconsejó hace poco en una entrevista: "Si vistes siempre de rosa, te sentirás más feliz. Te lo digo yo".

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      Texto Alice Newell-Hanson

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      Temas:opinión, moda, rosa, chanel, hilary clinton

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