The VICEChannels

      cine Raquel Zas 18 mayo 2017

      decadencia, kitsch y jamón serrano: escenografías clave del cine español

      De los salones pop de Almodóvar a la sobria elegancia de Fernando Trueba, los buenos decorados pueden llegar a evadirte de la realidad porque, ¿quién no quiere vivir en una película?

      decadencia, kitsch y jamón serrano: escenografías clave del cine español decadencia, kitsch y jamón serrano: escenografías clave del cine español decadencia, kitsch y jamón serrano: escenografías clave del cine español
      fotograma de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios'

      El artista y la modelo de Fernando Trueba
      En 2012 renacía el mejor Trueba -el artífice de la inolvidable Belle Epoque, el mismo de El año de las luces- para presentar una de sus obras más complejas: El artista y la modelo. En tiempos de guerra, en un pequeño pueblo de la Francia ocupada, un famoso escultor pasa el ocaso de su vida frustrado con el mundo que le rodea. Pero todo cambia cuando llega una joven refugiada española, cuya belleza y dulzura harán recuperar la inspiración del viejo artista. Pese a lo idílica que pueda parecer la trama, este film es un devastador retrato sobre la guerra, la muerte y la transcendencia del arte en tiempos en los que a nadie le importa. Todo narrado en blanco y negro y bajo esa delicada belleza que aporta la sencillez a la que tanto recurre Trueba. 

      Si hay un escenario que nos fascina de este film, ese es el taller de trabajo del artista, una especie de burbuja al margen del horror que sucede más allá de sus puertas, y cuyas esculturas femeninas en diferentes poses invaden todos los rincones. La sala está dividida en dos por una columna; a un lado, el artista contemplando la fuente de su arte, al otro, su musa desnuda mirando hacia la ventana. 

      Abre los ojos de Alejandro Amenábar
      La segunda (y esperada) obra de Amenábar llegó pisando fuerte llamando la atención de todos y llevándose nada menos que 10 nominaciones a los Goya de ese año. Pese a que finalmente no consiguió llevarse a casa ninguno y el film no ha reaccionado muy bien al paso del tiempo -en parte puede que por la sombra de su remake estadounidense con Tom Cruise como protagonista-, lo cierto es que Abre los ojos fue un ambicioso e innovador proyecto en una época en la que el cine español estaba estancado. 

      Pero sin duda, una de las escenas que ha quedado grabada en la retina de nuestro imaginario cinematográfico es esa en la que Eduardo Noriega recorre aturdido la Gran Vía madrileña totalmente desierta. Siempre da un poco de vértigo contemplar una gran urbe desangelada, sin coches, luces ni personas que la recorran, y esta secuencia es sin duda el perfecto preludio de todo lo que nos espera en el resto del metraje. La producción de tal hazaña no está exenta de anécdotas, como cuando un cura consiguió colarse en el rodaje porque tenía que dar misa a esa hora o una señora se empeñó en esperar en la marquesina a un bus que nunca llegaría. 

      Y, de hecho, el resultado final no es del todo perfecto, pues si te fijas bien puedes ver al final de la carretera varias personas amontonadas tras un cordón policial e incluso a un vecino asomándose a un balcón. Sin embargo, pasa desapercibido a los ojos del espectador, pues en eso consiste la magia del cine. 

      Fotograma 'Abre los ojos'

      Jamón Jamón, Bigas Luna
      En cualquier época donde reina la censura y la prohibición de lo políticamente correcto, siempre aparece alguien que canta distinto. Bigas Luna nos trajo la irreverencia de la Nouvelle Vague pero ensuciada con la estética de una España cañí y atormentada, dejándonos un buen puñado de films infravalorados en la época pero reverenciados hoy en día. Lo ames o lo detestes, nadie puede negar que el director catalán sabía construir universos únicos, tan perversos como majestuosos, donde hurgar para sacar lo más oscuro de la psique humana. 

      No podíamos dejar de nombrar aquí a su laureada Jamón Jamón, cuna de dos jóvenes e inexpertos actores que expulsaban talento por cada poro de su piel y que desconocían por completo la larga y oscarizada carrera que se avecinaba por delante. Nos quedamos con el escenario que corresponde al almacén de jamones en el que trabaja Raúl (Javier Bardem), una pequeña y destartalada nave en medio de la nada donde reina una mesa oxidada sobre la que descansa pan con tomate y aceite y un puñado de ajos que "son muy buenos para la circulación", según dice el protagonista. 

      Las paredes cubiertas de jamones colgados combinan a la perfección con el torso desnudo y sudoroso de un aspirante a torero tosco y mal hablado que se enamorará apasionadamente de una joven morena llamada Silvia (Penélope Cruz). ¿Fue este el comienzo de una historia de amor que trascendió a las cámaras varios años después? 

      Fotograma 'Jamón jamón'

      Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Almodóvar 
      Como es obvio, Almodóvar no podía faltar en esta lista. Los escenarios, localizaciones y decorados del director manchego dicen tanto o más que los diálogos o los personajes, y sin ellos su particular imaginario no habría sido posible. Lo difícil aquí es escoger un film que nos guste en especial, pues todos tienen algo inigualable: desde el transfondo surrealista de La piel que habito hasta la elegante Julieta, pasando por la cruda belleza de La mala educación. 

      Pero recordamos con especial cariño ese ático madrileño en el que Pepa vive las 48 horas más surrealistas de su vida mientras busca a su ex novio para decirle algo muy importante. Por el salón multicolor y con influencias art decó, pasan personajes de lo más variopintos, desde una Rossy de Palma tan joven como aturdida, hasta un Antonio Banderas imberve. Mujeres al borde de un ataque de nervios desprende ese aire kitch y pop que tanto caracteriza el universo almodovariano, cobrando aquí todavía más importancia si cabe. 

      El propio realizador habló en muchas ocasiones sobre la importancia de esta estética en sus obras, que le servía para disimular el pudor y definir tanto su universo como el de sus personajes. "Inconscientemente, todo sirve para esconderte y para mostrarte .Me escondo detrás de cada uno de mis personajes.Todos me representan, pero no hay ninguno que sea precisamente mi autorretrato".

      El salón de colores pastel que contrasta con el marcado vestuario de personajes, apoyaba ese tono de irrealidad que marca la propia historia. Y cómo olvidar esa terraza repleta de plantas por la que corretean un par de patos y que flanquea el skyline de la capital, lugar donde se pone punto y final a una historia tan loca como inolvidable. 

      Fotograma de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios'

      You're the one (una historia de entonces), de Jose Luís Garci
      You're the one es una historia de pérdida, de duelo y de soledad. Y eso mismo es lo que refleja Jose Luís Garci entre las paredes de LLendelabarca, la casona donde Julia, la protagonista, se cobija de una depresión tras la detención de su novio, un pintor víctima de la represión franquista. Este es un buen ejemplo de cómo influye un escenario en la percepción del espectador, como evoca sentimientos, emociones y hasta claustrofobia. En eso ayuda también la elección de Garci de hacerla en blanco y negro, como queriendo evocar al puro cine, a Fellini, a Godard y al academicismo más pulcro del séptimo arte. 

      Sin entrar en la narrativa de la cinta -que bien se habría merecido el Óscar a Mejor Película de habla no inglesa-, You're the one se ambienta en una mansión colonial con muebles de época, pinturas clásicas y unas frondosas cortinas a través de las cuales Julia (Lydia Bosch) miraba al infinito melancólica. Un magnífico trabajo de Gil Parrondo, sin duda uno de los mejores directores artísticos del cine español que ha llegado a ganar el Óscar hasta dos veces. 

      Fotograma de 'You're the one'

      La novia, Paula Ortiz
      Paula Ortiz ha tomado el gran desafío de transformar las palabras de Lorca en imágenes, y eso a veces puede costar caro. Si bien la crítica ha dejado claro que su ambicioso objetivo ha dejado atrás la esencia de Bodas de sangre, nadie puede negar que la dirección de arte de la cinta es pura belleza. Puede que precisamente el problema sea ese, que su carácter preciosista y pictórico desentona con la desencarnada crudeza de Lorca, más próximo a lo popular, el costumbrismo y la austeridad. Sin embargo, La novia nos deja escenarios majestuosos, preciosistas y cuidados hasta el último milímetro, capaces de envolvernos en esa atmósfera de pasión, rudeza y delirio que desprende la historia. 

      Nos quedamos con la escena del tocador, en la que la novia se prepara junto a su familia y amigas, sentada en una silla raída y reflejando su rostro resignado frente a un viejo espejo. Una secuencia femenina llena de poder, donde se entremezcla lo viejo y lo nuevo, lo puro y lo intoxicado, todo ello retratado a través de las paredes, el decorado, el mobiliario y el propio lugar, que desprende tragedia por las esquinas. 

      Fotograma de 'La novia'

      El laberinto del Fauno, Guillermo del Toro
      Es una de las obras de la historia del cine español con más proyección internacional, y se llevó un merecido Oscar a Mejor Dirección de Arte -se llevó 6 nominaciones y otros dos Oscars a Mejor Fotografía y Mejor Maquillaje- de la mano de Eugenio Caballero. El laberinto del fauno supuso una demostración a nuestra industria y todos los que trabajan en ella, de que nosotros también podemos ponernos a la altura de las grandes producciones de Hollywood. Un buen ejemplo de trabajo minucioso, maestría artística y mucho talento, basado en las influencias del mexicano del Toro, que vienen del cómic de terror y la fantasía barroca. 

      Gracias a esta cinta, los adultos volvieron a ser niños y se dejaron llevar por el viaje de Ofelia a un submundo lleno de monstruos imposibles y pasadizos post apocalípticos, en un universo de fantasía que guarda muchos más simbolismos con la realidad de lo que nos pensamos. Nuestra escenografía favorita es también una de las más icónicas, cuando la niña se encuentra con el hombre pálido (ese ser con los ojos en las manos) en una sala abovedada con tintes aztecas y con una gran mesa de madera maciza repleta de manjares. 

      Fotograma de 'El laberinto del Fauno'

      Recomendados

      Texto Raquel Zas

      Conéctate al mundo de i-D! Síguenos en Facebook, Twitter e Instagram.

      Temas:cine, cultura, dirección artística, arte

      comments powered by Disqus

      Hoy en i-D

      Ver más

      Destacados en i-D

      Más artículos