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      moda Edward Meadham 8 mayo 2017

      edward meadham reflexiona sobre la dura escena de la moda londinense

      Cuando la —ya de culto— firma Meadham Kirchoff fue a la bancarrota en 2015, Edward Meadham atravesó uno de los períodos más duros de su vida. Pero con Blue Roses, su nuevo proyecto, la vida tiene mejores perspectivas ahora para el diseñador. En este artículo, nos habla sobre la industria que le aclamó, le dio la espalda y finalmente ha vuelto a acogerle en su seno.

      Estaba muy nervioso con el lanzamiento de Blue Roses el año pasado. Me preguntaba si todavía tenía algo que decir en el tiempo que había pasado desde que cerró Meadham Kirchhoff en 2015. Gran parte de mi lenguaje se había tomado prestado, se había filtrado a través de los escalafones de las semanas de la moda y parecía que ya no me pertenecía a mí. Tenía miedo de parecer que derivaba de otra cosa, pero tuve que superar mis temores. Sea lo que sea que me convierte en mí, nadie puede arrebatármelo. Nunca se ha hecho nada nuevo y nunca se volverá a hacer. Siempre me he sentido desconectado de la industria de la moda. Me gustaba pensar que yo estaba al margen de esa gran picadora de carne. La última colección de Meadham Kirchhoff, Reject Everything, creada para la temporada primavera/verano '15, era una declaración política abiertamente rabiosa sobre la sociedad y su falta de igualdad de género. Como ha sucedido con tantas otras de mis colecciones, dejé al público frágil y perplejo. Ahora ese tipo de cosas es bastante normal. Yo estaba realmente enfadado por aquel entonces y me sentía agotado, miserable, nervioso y destrozado. Tanto interna como externamente, la marca estaba en peligro a muchos niveles personales muy inquietantes. No quería admitirlo, pero física y emocionalmente estaba hecho trizas. El día después de Reject Everything me enteré de que un tercero había obligado a Meadham Kirchhoff a declararse insolvente. Después llegó una espiral de confusión e incertidumbre.

      En abril de 2015 fui hospitalizado por una neumonía que se convirtió en sepsis y me indujeron el coma. Cuando desperté, no podía caminar bien. Sufría alucinaciones. Cuando recuperé toda mi consciencia cognitiva, descubrí que el asqueroso de nuestro casero, que era literalmente la única persona a quien la marca no debía dinero, había sustraído mi archivo y todo mi estudio y los había vendido. Me encontré en un absurdo vacío donde todo lo que había hecho y todos mis conocimientos habían desaparecido. Junto con mi confianza, también perdí cualquier talento que hubiera tenido y me puse a trabajar en diversos sitios. Después de haber estado tan acostumbrado a la dictadura total de mi visión completa y global, lidiar con las ideas y los niveles de gusto de otras personas fue una lección de humildad bastante frustrante. Intenté seducir a las casas de moda londinenses que admiraba y a las que creía que podría aportar algo, pero todas me ignoraron. Tenía la clara sensación de que no había lugar para mí en la moda. En lugar de ello, empecé a hacer fotografías. Ahora, trabajando en la segunda temporada para Blue Roses, me encuentro en una posición extraña y privilegiada desde la que trabajo para una sola tienda ―Dover Street Market― que financia la producción para cumplir con sus pedidos. Voy a crear cuatro pequeñas colecciones este año. No tengo que lidiar con los ciclos de las semanas de la moda y las temporadas, con decenas de exigentes minoristas y sus imposibles plazos de entrega. No me afectan las normas del mundo de la moda. Estoy libre de todo eso. Soy extremadamente afortunado.

      En Meadham Kirchhoff, gran parte de mi trabajo tenía tintes políticos y conflictivos. Como persona con una opinión fuertemente arraigada, quise transmitir mis mensajes en un momento en que se suponía que la moda y el feminismo eran enemigos; un momento en que la moda y la política no habían ido de la mano desde los 80. Ahora vivimos en un clima político cada vez más conservador, pero creo que es importante recordar que la igualdad jamás ha existido. La gente marginada siempre ha protagonizado esa lucha por sobrevivir y por tener voz en una sociedad que le odia. Esta histeria masiva de la clase media que se ha puesto temporalmente de moda no ayuda en nada. La mejor forma de ser político es continuar viviendo según los propios términos y valores, a pesar de la cultura que podría oponerse a ellos. Negarse a asimilarse con el resto gradualmente irá educando a esa cultura que dice que no puedes lograrlo.

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      Mi enfoque en Blue Roses es completamente diferente al de Meadham Kirchhoff. En un acto de complacencia hacia mis propias capacidades creativas, quise crear algo que fuera importante no solo para mí, sino ―pomposamente― también para el avance de la historia de la moda. Aquellos desfiles eran exagerados, estaban formados por cientos de piezas y también orquestados para llenar al público de emoción. Blue Roses está creado para la venta minorista, sus colecciones son fracciones diminutas de lo que solía hacer, sin el entorno de un desfile desde el que lanzar sus hechizos. A pesar de lo que se pueda percibir, siempre me concentré en crear un buen producto, pero no puedo disimular que el espectáculo era lo primero para mí.

      En Meadham Kirchhoff, intenté alcanzar la creación artesanal de la Alta Costura de los años 30, lo que incrementaba los precios hasta niveles inalcanzables. Con Blue Roses, estoy trabajando duro para crear piezas bellas y asequibles que tengan sus raíces en la practicidad de la existencia moderna. Creo firmemente que la comercialización es una cuestión de asequibilidad, no de aburrimiento. Blue Roses me ha resucitado. Me lo ha enseñado todo y ha supuesto una increíble curva de aprendizaje. Estuve en Meadham Kirchhoff durante trece años sin tener ni idea de lo que sucedía desde el punto de vista del negocio o las ventas. Ahora estoy aprendiendo cómo obtener tejidos y elegir a los fabricantes, a lidiar con los números y a organizar los envíos. Adrian Joffe, presidente de Dover Street Market, es muy amable y respetuoso. Me siento reconfortado y agradecido por la forma en que cree en mí. Cuando empecé a diseñar hace tantos años, había menos diseñadores "jóvenes" en el mundo de la moda. Desde 2003, han emergido numerosas generaciones de diseñadores, pero ninguno de mis contemporáneos de esa época sigue mostrando sus colecciones. Siempre habrá otra generación de voces que necesitará ser vista y escuchada, pero me preocupa la falsa promesa de la fugaz atención que reciben esos jóvenes. Londres: la amo y la odio. No podría vivir en ningún otro sitio. Aquí hay una libertad que no existe en ningún otro lugar, tiene subculturas intrínsecas y también está Central Saint Martins, y todo ello hace que Londres siga siendo el centro de la moda emergente.

      Si se ha producido un declive creativo desde que empecé hace más de una década, no creo que sea exclusivo de Londres o que se deba a la gentrificación de esta ciudad. Probablemente, ahora están sucediendo muchas más cosas de las que pasaban hace diez años, quizá más a nivel underground y menos sobre las pasarelas. De todas formas, odio el jodido Boombox y el Nag Nag Nag. Radio Egypt y The Cock eran divertidos, pero el Boombox nunca fue lo que leí sobre él. Nadie llevaba ropa bonita. Obviamente soy un viejo ermitaño ―fui a Vogue Fabrics una vez y solo me quedé diez minutos―, pero creo que hay gente joven mucho más guay ahora que en aquella época. Aunque creo que todos me odian. Estoy al tanto de lo que está sucediendo, pero no necesito estar en medio de la acción. Creo que Rottingdean Bazaar posee un ingenio realmente encantador y que Dilara Findikoglu tiene cosas realmente buenas. Y LOVERBOY... Lo que hacen esos chicos es probablemente lo único que merece la pena ahora en Londres. Me gusta cómo Charles Jeffrey reúne a su banda de frikis y que todo gire en torno a un evento físico además de la ropa y los desfiles. Su actitud es bastante envidiable y es garantía de que todavía seguirá en pie y triunfando mucho después de que LOVERBOY haya desaparecido. Espero que mis desastrosas y dolorosas experiencias no se repitan en él.

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      Texto Edward Meadham
      Fotografía Tim Walker
      Estilismo Tara Hickman con M.A.C Pro. Edward lleva jersey, cuello y puños de Blue Roses por Edward Meadham. Pantalones Expectations Soho. Bolso del modelo. Zapatos del archivo de Meadham Kirchoff.

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      Temas:moda, edward meadham, londres, blue roses, meadham kirchhoff

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