¿es el concepto 'drag' antifeminista?

¿Son las actuaciones de las drag queens ofensivas desde un punto de vista de género? Jacob Bird, del colectivo Sink The Pink, investiga el asunto.

por Jacob Bird
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20 Junio 2017, 8:57am

Fotografía Louie Banks

Este artículo ha sido publicado originalmente en i-D UK.

No tener la piel demasiado fina es un requisito indispensable para cualquier intérprete que se suba a un escenario. Sin embargo, fue difícil eludir el miedo absoluto que me produjo despertar después de un espectáculo drag (en el que a mi parecer había estado brillante) y encontrarme con el siguiente tuit: "Tu drag es una mierda. Lo odio".

Menudo puñetazo en la cara. Menudo puñetazo, vago aunque extrañamente doloroso. Resultó fácil olvidarme de este tuit aislado, escrito desde el anonimato que proporciona ser un guerrero detrás de un teclado, pero lo que sí se me quedó grabado durante más tiempo fue lo que siguió. Me envió un largo email, al principio disculpándose por su grosería pero después, de forma bastante intensa, señalando todas y cada una de las formas en que mi drag resultaba ofensiva. Enseñé el email a mis amigos, nos reímos de él y aquello me hizo sentir mejor, pero aquellas palabras me habían calado hondo.

Las drags tienen la capacidad de agredir e insultar: el espectáculo puede fácilmente volverse sexista, transfóbico y racista. Como intérprete drag de burlesque que soy, mis espectáculos normalmente terminan con algún tipo de desnudo frontal y la persona que me criticaba, quizá con toda la razón del mundo, entendía que esto era una defensa de la cosificación y sexualización de las mujeres. Después de todo, quizá transmite el mensaje de que, como hombre anatómicamente masculino, elijo realizar un espectáculo abiertamente sexual. Pero, ¿las elecciones que tomo a la hora de preparar mis espectáculos sugieren que la "feminidad" se basa en la sexualización? Podría discutirlo con firmeza y podría exponer una excelsa teoría académica sobre "subvertir la mirada masculina" como crítica a esa noción, pero, ¿quién soy yo para hablar de este tema? En nuestra sociedad falocéntrica, el privilegio del que disfruto como hombre anatómicamente masculino desde mi nacimiento me brinda el espacio para poder actuar sobre el escenario como mujer, de modo que, ¿es posible que mi decisión de ofrecer un espectáculo abiertamente sexual haga más por reforzar la misoginia que por criticarla?

Darme cuenta de esto fue desolador. Pero entonces pensé: "¡Tú te identificas como persona de género fluido! Tu cuerpo es tuyo, no eres un hombre cisgénero y no deberías avergonzarte de lo que empodera tu sentimiento de identidad". Cuando soy una drag, exploto todos los tópicos sobre el género femenino que puedo, en un intento de parecer más "femenina". Y de muchas formas diferentes, eso resulta increíblemente empoderador: demuestra que los rasgos que asociamos a los hombres y a las mujeres solo funcionan en la superficie de nuestros cuerpos y que su estatus ontológico está socialmente construido (gracias, Judith Butler).

La línea entre drag y trans está increíblemente definida pero también es vagamente meliflua. Las mujeres trans no son drag queens y es completamente ofensivo hacer esa conexión. Pero yo me identifico como persona de género fluido y una de las principales formas en que lo expreso es mediante mi personaje drag. En sí mismo eso está bien pero, ¿ser drag puede compararse a ser trans, llevando un disfraz para actuar y negando de ese modo las facetas emocionales y psicológicas de la identidad trans, pero al mismo tiempo afirmando que al ser trans una debe cumplir con los estrictos dictados de la sociedad en lo que respecta a ser "femenina"?

Y entonces llegó el golpe de gracia del email: ¿El concepto drag es racista? Dejando de lado las ignorantes elecciones de vestuario de cualquiera que piense que la apropiación cultural ofensiva resulta aceptable ―o peor, que salga con la cara pintada de negro―, la cultura drag ha estado en el punto de mira recientemente por su apropiación de la cultura femenina negra, siendo el vogueing el ejemplo más obvio. Sin embargo, más recientemente, la Unión de Estudiantes del Reino Unido ha aprobado una política que prohíbe a los hombres gais blancos, que se benefician del doble privilegio de ser blancos y hombres, de apropiarse de "gestos, lenguaje (especialmente el inglés vernáculo afroamericano) y frases que puedan atribuirse a las mujeres negras". Una vez más, podría combatir esta política con innumerables teorías poscoloniales y citando las teorías de Edward Said sobre la experiencia compartida y las similitudes entre la opresión social y legislativa que sufren los negros y los gais, pero cuando te paras a pensarlo no son más que eso ―similitudes― y los hombres gais blancos tienen muy poco derecho a protestar contra cualquier ofensa que alguien pudiera sentir.

De modo que, ¿sexista, transfóbico y racista? Estoy seguro de que la homofobia interiorizada de la sociedad también afecta en este caso. Expuse todas estas preocupaciones a Lisa Power en un debate en el que ambos éramos ponentes celebrado en el Soho House bajo el título ¿Es el concepto 'drag' feminista? Expliqué y sugerí que la intención del artista no importa realmente si la respuesta por parte del público es sentirse ofendido. Sin embargo, Lisa no estaba de acuerdo: la intención es increíblemente importante porque la intención de no hacer daño demuestra una gran consciencia. Y si alguien ha considerado sus elecciones a la hora de preparar su espectáculo a través de una lente personal, social y teórica hasta el punto de encontrarse a sí mismo justificable, quizá con eso sea suficiente. "Suficiente" en el sentido de que se ha abierto un diálogo. Está claro que las buenas intenciones jamás justificarán una ofensa cardinal e irrefutable, independientemente de lo que piense el agresor, pero muchos de los problemas que he comentado se sitúan en una zona gris subjetiva. Y creo que pensar, realizar espectáculos y hablar sobre estos problemas mediante un diálogo libre de juicios morales es la mejor forma de avanzar.

Créditos


Texto Jacob Bird

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