diario de una modelo: los momentos más íntimos de grace hartzel

La fotógrafa Olivia Bee nos presenta una mirada personal de la vida de la neoyorquina Grace Hartzel donde podemos verla desde bebiendo champán con sus verdaderas amigas a cogiendo el metro para ir a pruebas de vestuario y creando música en su tiempo...

por Olivia Bee
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28 Septiembre 2016, 7:30am

Conocí a Grace en mi salón de estar. Llegué a casa tras un largo día en mi estudio y me encontré con mis compañeros de piso en el sofá y una hermosa chica a la que nunca había visto dando vueltas bajo los patrones psicodélicos del proyector... Diciéndome que TENÍA. QUE. ESCUCHAR. ESTA. CANCIÓN. "Es buenísima y es de un grupo de chicas, pero es un grupo de rock, aunque hay mucha gente que no las conoce, ¿sabes? ¿Por qué será?". Puso Hey Lover de The Daughters of Eve y fue como magia para nuestros oídos. Nos tumbamos en el suelo derritiéndonos con la adorable dulzura de la nueva canción favorita de Grace.

Grace es hermosa y elegante y tiene un corazón de lo más dulce. Sus ojos brillan cuando mira a las personas y las cosas que ama o los lugares y sentimientos que quiere explorar. Va por la vida con el corazón abierto y quiere lo mejor para todos los que la rodean, incluso para los muy pocos que me ha dicho que son unos rancios. "Son como chicas malas... Ya sabes, de esas que te dicen 'no te puedes sentar con nosotras', pero son muy atractivas y muy buenas en su trabajo, y quiero que les vaya realmente muy bien. Les irá bien. Les va bien".

Sigo a Grace durante la semana de la moda de Nueva York para vislumbrar un poco de su mundo. La industria de la moda puede ser difícil; hay muchos estándares injustos (e imaginarios); hay muchos "nos" y a veces el número de "síes" no es suficiente. Pero Grace afronta todo eso siendo siempre muy humana. Se da cuenta de los problemas que hay en la moda, pero sigue en el juego y logra sobresalir. Siempre llega tarde, pero siempre está feliz de llegar.

Vamos a la misma fiesta que se celebra durante las primeras noches de la semana de la moda; nuestros amigos en común la organizan. Le pregunto si puedo empezar a hacer fotografías para nuestro proyecto en la fiesta, pero me responde que quiere concentrarse en divertirse. Le digo: "Te prometo que casi ni notarás mi presencia". Ella se lo piensa un momento y me dice: "Ven a las ocho; maquillaré a Bekah y a ti también si quieres". Se pasa una hora dibujando medias lunas azules y negras brillantes en sus párpados y asegurándose de que los ojos de Rebekah parezcan tan feroces como su look (todo de rojo). Grace lleva un vestido brillante con aire espacial abierto hasta la altura del ombligo, y añade unas flores azules a sus botas de gogó color plata. Bailamos en la azotea mientras tomamos vino rosado.

La noche va avanzando y nos dirigimos al Uptown neoyorquino. Me echan de una de las fiestas por no tener invitación. Nuestra amiga Sasha se cae y todas las chicas enfundadas en preciosos vestidos se quedan mirando su sangre derramada sobre la cera y brillando bajo las gotas de la lluvia de verano. Grace quiere ir de fiesta con todas, así que nos vamos del Plaza y nos dirigimos a Bed-Stuy.

La discoteca es una basura sobrecomercializada y sobrevalorada, pero estando en buena compañía el lugar es lo de menos. Nos abrimos paso entre unos suecos babosos y los confundimos poniéndonos a recoger la basura de la pista de baile con una escoba y un recogedor. Pasamos por pasillos llenos de espejos de color rojo. El confeti vuela por todas partes. Bohemian Rhapsodyes un asco, pero ya estamos pillando el punto. Dijimos que no olvidaríamos de robar todas las bolas de cristal cuando por fin nos echaran.

Quedo con Grace justo antes del desfile de Altuzurra. Me pide que nos veamos justo al final de la calle, donde se toma un minuto para relajarse antes del desfile. "Creo que aún no estoy lista para entrar ahí". Nos sentamos y charlamos. Luego, una fuerte ola de entusiasmo se apodera de ella y entramos en el edificio. Nos acercamos a la mesa de catering y se come unos cien pepinillos. Luego la guían hacia la zona de camerinos, con un pepinillo en la mano, para que se ponga la ropa que le toca; un sujetador con estampado de piel de serpiente por debajo de un vestido de cuadros azules y blancos atado por un costado. Sus pendientes parecen unas grandes espirales de pasta azul. Se pone a meditar sobre la luz del sol antes de que bajen las cortinas. Está perfecta en la pasarela.

Al acabar el desfile, Grace se vuelve a poner su traje chaqueta rojo, blanco y azul, se lava el pelo en el lavabo del baño, coge sus bolsas y sale corriendo hacia la próxima prueba de vestuario.

En los desfiles de moda hay mucho tiempo de inactividad detrás del escenario, además de largas esperas. A Grace le gusta aprovechar al máximo este tiempo. Mientras espera a salir en el desfile de Coach, se pone a trabajar en su música. Es una música brillante y electrónica y su voz flota con naturalidad sobre ella. El equipo de Coach le da a Grace una camiseta con el rostro de Elvis y un cinturón con su nombre en él.

Todos esperan con ansia el desfile de Marc Jacobs. Grace se entera de que la contrataron una noche antes. Entro y me coge de la mano, mientras seis peluqueros se pasan varias horas haciéndole sus nuevas rastas de colores ("Perdona por estar tan callada, Olivia, pero es que duele", me dice). Cuando terminan, les agradece a todos por su tiempo y se asegura de que todos sepan lo mucho que los quiere.

Llevará unos tacones de 15 cm y tiene que caminar rápido. Aún no está vestida. Tiene que ver la pasarela. Necesita practicar caminando por la pasarela con esos zapatos. Mientras todo el mundo trata de encontrar sus zapatos Mary Jane verdes, y después de que rechacen amablemente su ofrecimiento de ayudarles, Grace le hace una videollamada a su novio por su cumpleaños. Él responde de inmediato. Ella le enseña su pelo. "Soy una sirena", asegura. Se sonríen el uno al otro desde el otro lado del Atlántico.

Grace queda completamente asombrada al ver la pasarela iluminada con hermosas esferas que caen del cielo como si fueran estrellas sobre nuestra propia ciudad. Me gusta pensar que tal vez está recordando lo que es realmente emocionante en la moda; cuando tienes suerte y te puedes perder en un mundo precioso.

Encuentran los zapatos y practica caminando con ellos. Grace se viste, le ponen mucha sombra verde en los párpados y se une a la fila de chicas preciosas con rastas de algodón de azúcar.

Después del desfile, se lo quita todo y abraza a Kiki, Lili y Rebekah. Sirven el champán y nos lo llevamos con nosotras en el metro. Corremos por un parking en la calle 55, lejos de los fotógrafos de street style. Grace se acurruca en el regazo de Lili.

Llego a casa con Grace esa noche para ayudarle a hacer las maletas para las tres semanas siguientes (Londres, Milán y París) y para hacerle algunas fotos en casa. Canta en la ducha y baila con una cinta roja sobre los pezones. Toca el sintetizador y la guitarra antes de irse a dormir y me deja dormir a su lado para que pueda ver lo desordenado que tiene el pelo por la mañana. Charlamos sobre chicos y el amor. Me dice que cree que le faltan muchas cosas por descifrar.

Por la mañana, le ayudo a bajar sus maletas cinco pisos hasta la calle. Se le hace tarde para llegar a su sesión de fotos antes del vuelo a Londres, pero la luz del sol matutino cae sobre sus preciosas greñas. Saluda a su conductor con cariño y amabilidad y nadie se enfada. Me dice adiós con la mano desde la ventana, con sus ojos azules tan brillantes como siempre.

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Fotografía y texto Olivia Bee | ICONOCLAST IMAGE