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Rick Owens es el maestro del escándalo

En el mundo de Rick Owens los hombres llevan 'glory holes' incorporados en la ropa. ¿Y por qué no?

por Dean Kissick
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27 Enero 2015, 11:20am

Hace años -en los inicios de su carrera- i-D publicó una fotografía de Rick Owens orinándose en la boca. Bueno, más bien una composición de dos fotos: en la de la derecha, orinando, y en la de la izquierda, de rodillas y con la boca abierta. Por esta doble página nos vetaron durante años en algunas regiones de Estados Unidos. 

Los años han pasado y Rick sigue poniendo a prueba los límites de la industria de la moda. ¿Lo último? Media docena de modelos desfilando en París con -literalmente- todo colgando. Lo cierto es que no parecían estar muy cómodos, pero todos hemos trabajado en cosas que no nos gustan en nuestra juventud. En realidad, la situación parece la típica pesadilla: entras en una sala llena de gente, todo el mundo te mira y cuchichea y de repente te das cuenta de que, en lugar de olvidarte los pantalones, llevas puesto un vestido con un agujero entre tus piernas.

Hay mucho que contar sobre Rick Owens, pero empecemos con los cuellos, una de las tendencias masculinas clave de la temporada. Durante la última semana de la moda han resurgido de todas las formas posibles: J.W.Anderson y Raf Simons han optado por cuellos de polo cerrados seguidos de abrigos largos. Otros como Craig Green -que le debe mucho a Owens en lo que respecta a las siluetas y los looks monocromáticos- apuestan por crear un segundo cuello en el abdomen dejando a los modelos con el ombligo al aire. Y por último está Rick Owens, que ha bajado sus cuellos todavía más. La última vez que vi a un modelo sin calzoncillos estaba borracho en una fiesta en Somerset House, pero Rick ha elevado el ir "en plan comando" a un nuevo nivel desconocido hasta ahora.

Fotografía Ash Kingston

El diseñador afincado en París nos contó en el backstage de su desfile que se había inspirado en una película francesa que trataba sobre la vida en un submarino y en los ojos de buey, pero es obvio que lo que ha hecho son "glory holes portátiles" que incitan a echar un vistazo -o algo más-. De todas formas, no es la primera vez que el concepto de glory hole se relaciona con Rick Owens: sin ir más lejos, una de sus fiestas tuvo lugar en local para amantes del sadomasoquismo. En el baño solo había urinarios pegados a la pared y unos panfletos informativos para no contagiarse de sífilis. También había unos glory holes enormes: algunos eran del tamaño de una cabeza y uno de ellos estaba a ras de suelo. 

Al parecer, dos semanas antes de la fiesta, uno de los organizadores tuvo que ir a la pseudo-mazmorra y suplicarle -desnudo y gateando- al dueño que le dejara realizar el evento en su local. En la barra vendían 'poppers' y había jaulas por todas partes en forma de cuerpo humano. También había estructuras para colgar a los hombres del techo. De todas formas, aquello parecía Saló o los 120 días de Sodoma y hay vídeos que lo demuestran.

Entre bastidores le preguntamos por qué había expuesto a sus modelos de esta forma, a lo que Rick nos contestó: "Pensé que era un gesto de lo más simple y primitivo". Y Rick Owens es el diseñador al que mejor se le da lo de crear mundos imaginarios y escapar de la realidad. No solo a través de la moda: también a través de la noche parisina, de sus colecciones de mobiliario y de sus tiendas repletas de figuras de cera que representan a un Rick transformándose en monstruos que se despojan de sí mismo. 

La última vez que fuimos a su tienda de Londres había un bol enorme de M&Ms en diferentes tonalidades de gris en lugar de colores. Está claro que Owens tiene una visión muy distinta de la del resto y se rumorea que va a lanzar una colección de camisetas de tirantes blancas empapadas de SU PROPIA ORINA (!), que deberán quedar amarillentas gracias a los ácidos de la orina.

Hace unos meses montó otra fiesta en el aparcamiento de los grandes almacenes Selfridges de Londres. Se trataba de una rave celebrada en motivo de los 20 años de la firma. Había modelos melenudos pintados de blanco montando a caballo y camareros escuálidos: a uno de los últimos le invitaron a abandonar la fiesta educadamente; fue después de que se subiera a la barra en la que se suponía que estaba trabajando y empezara a mear por todas partes -algo bastante apropiado si tenemos en cuenta la trayectoria del diseñador-. Todo estaba lleno de humo y el DJ estaba completamente pintado de negro, colocadísimo y pinchando techno duro. 

Fotografía Ash Kingston

No todos quieren -o pueden- vivir en el mundo de Rick Owens. Después de ver su nueva colección, un periodista dijo: "No es nada nuevo, ¿quién no ha visto una pene a estas alturas?". En parte, tiene razón: ¿Quién no ha visto uno y más en una industria como la moda? Las tendencias corporales cada vez son más importantes. 2014 ha sido el año del culo y ha estado capitaneado por el más exagerado de todos: el de Kim Kardashian. La misma que, para mantener sus curvas imposibles, se inyecta la grasa de las diferentes partes de su cuerpo en el trasero. Puede que Alexander McQueen fuese el precursor de esta tendencia cuando sacó los vaqueros que lo dejaban al aire en el 95, pero la verdad es que nunca se los hemos visto puestos a nadie. Cualquier parte del cuerpo puede convertirse en el nuevo fetiche: desde las caderas de una Anja Rubik enfundada en un vestido de Anthony Vaccarello hasta la vagina de Lindsay Lohan cada vez que salía del coche sin ropa interior. Puede parecer obsceno y grotesco, pero en la moda se trata de provocar deseo, así que no importa.

El desfile de Rick Owens fue depravado, pero ése era su objetivo: transportarnos a otro mundo. Uno en el que nuestra imaginación corra libremente y donde podamos degradar nuestros cuerpos a modo de fantasía sexual. La pasarela parisina nos ofrece todo eso: glamour y lujo imposible, travestismo, suciedad, androginia y la libertad de enseñar el pene incluso en el frío invierno. En el backstage, Rick se preguntó a si mismo: "Quién si no puede evadirse de todo con este tipo de cosas?".

rickowens.eu

Photography Ash Kingston

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Texto Dean Kissick
Autorretrato por Rick Owens
[The Spectator Issue, nº 220, mayor de 2002]
Fotografía Ash Kingston
Rick Owens otoño/invierno 2015

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