Rick V.

así eran las habitaciones de los adolescentes en los 90

El libro ‘In My Room: Teenagers in Their Bedrooms’ nació en 1995 con el fin de retratar a los adolescentes en su escondite más preciado. Ahora está viviendo una segunda edad de oro digital y hablamos con Adrienne Salinger, su autora, para descubrir...

por Emily Manning
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28 Abril 2016, 9:41am

Rick V.

Una de las mejores colecciones masculinas de Christopher Shannon fue la de primavera/verano'15, un desfile de camisetas extragrandes, chaquetas impermeables y sudaderas repletas de bolsillos y estampados con collages. ¿Y cuál fue su principal referencia? In My Room: Teenagers in Their Bedrooms, el libro de la fotógrafa Adrienne Salinger que se basa en retratos de adolescentes en su lugar más íntimo: sus dormitorios. 

Algunos de esos cuartos estaban forrados con las portadas de la revista Trasher, otros con pósters punk y otros pintados de un azul intenso y llenos de animales de peluche. Cada una de las habitaciones cuenta con una colección de talismanes juveniles: "Cuando descubrí el libro de Adrienne Salinger me fijé más en cómo los adolescentes decoraban sus habitaciones que en sus camas, los collages colgaban de las paredes como intentando hacer suyo el espacio y encontrar su propia identidad", dice Shannon a i-D. "Trata sobre ese espacio que creo que hemos dejado de tener porque ahora vivimos de una forma muy digital".

Por eso, es un poco irónico que las imágenes de Salinger estén disfrutando ahora de un renacimiento en el mundo digital. Sus protagonistas invaden Tumblr y sus espacios aparecen muy bien catalogados en Pinterest, dos plataformas que intentan replicar de forma virtual la construcción de la identidad física que retrata In My Room pero de una forma completamente diferente.

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Ellen L.

Empezó la serie en los 80, fotografiando las habitaciones de adolescentes en la costa oeste desde Seattle hasta Los Ángeles, pero acabó abandonando el proyecto porque no se le había ocurrido hacer entrevistas con los sujetos, un componente vital de In My Room. "Sentí que estaba haciendo lo que en un principio había acusado a otros de hacer: no escuchar lo suficiente", explica Salinger en una conversación por teléfono desde la Universidad de Nuevo México, donde actualmente imparte un curso de fotografía. 

Cuando se mudó al norte del estado de Nueva York en los 90, Salinger consiguió una beca y retomó el proyecto, esta vez dirigiendo entrevistas de dos horas con cada uno de los sujetos que más tarde incluiría en el libro de forma condensada. "Los adolescentes guardan todas sus pertenencias -del pasado y del presente- en su habitación, y su identidad no para de cambiar en todo momento. Lo que cuelgan de la pared de algún modo contrasta con lo que son en ese espacio, y lo que dicen no se ajusta para nada a ello", dice Salinger. "Me interesan esas contradicciones que van surgiendo mientras intentas descubrir quién eres".

Fred H.

¿Por qué empezaste a fotografiar a adolescentes?
Los medios siempre presentan a los adolescentes de forma simplificada y con estereotipos, a pesar de que se trata de un momento de gran transición en la vida de una persona. Son los últimos años que vives en casa de tus padres, así que ya puedes tener una opinión bastante fundada sobre el mundo, pero todavía no tienes por qué comprometerte. También me interesa cómo se define la gente en un espacio, independientemente de su estado socioeconómico, la mayoría de las habitaciones de un adolescente son de 12 metros cuadrados y tienen una bombilla de 60 vatios en el centro.

Me sorprendió mucho lo diferentes que son, sus espacios y las historias que representan. Enter los protagonistas de tus imágenes hay straight edge, creyentes e incluso una madre soltera. ¿Qué importancia tenía esta diversidad en el proyecto?
No se trata de un proyecto documental, aunque lo parezca. No creo en el documental porque sugiere que solo hay una verdad y una única forma de verla, así que no intentaba ni pretendía encontrar un punto en común entre todos los grupos o personas.

¿Cómo encontraste entonces esa mezcla de gente tan interesante?
Los encontré de formas diferentes. Solía ir al centro comercial porque allí se reunían las adolescentes y pasaban tiempo en el baño de chicas charlando. Al resto los fui encontrando a través de otras personas, se formó una especie de cadena en la que una persona me ponía en contacto con otra. 

Donna D.

Háblanos del proceso de fotografiar a cada adolescente en su espacio.
Tenía una regla: no podían ordenar o cambiar su habitación. Pasé unas seis horas con cada adolescente, incluyendo la entrevista de dos horas. Algo importante para mí era no despojarles de sus pertenencias, así que decidí utilizar una luz continua en lugar de luz estroboscópica, porque con esta perderían el control, se quedarían sin poder ni voluntad.

Jason C.

Háblanos de las entrevistas.
Nunca tuve la intención de hacer un libro, pero tras varias sugerencias decidí transcribir de manera escrupulosa cada entrevista. Tenía grabaciones de todos los adolescentes, pero les llamé y les dije que iba a editar algunas de las entrevistas para condensarlas y les pregunté si había algo que hubieran dicho que no querían que incluyera. 

Por aquel entonces, los protagonistas habían dejado de ser adolescentes, y cada uno de ellos vetó el mismo tema: el sexo. Todavía encuentro curioso que se censuraran en ese aspecto. Me contaron historias increíbles, cosas desgarradoras, alucinantes y brillantes, que demuestran que los adolescentes no son unos payasos. Aunque cambiamos mucho a medida que vamos creciendo, en esa edad hay algo muy verdadero en nosotros, algo que ya se ha formado.

Gavin Y.

Tienes razón, se ven inseguridades pero también algunas declaraciones firmes sobre la religión y la familia que ayudan a ilustrar lo que comunican los retratos: se trata de gente autónoma e individual.
Exacto, estas son las personas. La idea preconcebida que tenemos de los adolescentes como chicos y chicas con pájaros en la cabeza es un grave error. 

También me gusta que las historias no se relacionen directamente con los objetos que aparecen en las paredes. Las palabras ilustran facetas diferentes y en ocasiones inesperadas de los sujetos.
¡Sí! Esa es la cuestión, ves las fotografías e inmediatamente piensas en estereotipos. Por eso los textos son más importantes para mí, porque complican mucho todo eso y normalmente contradicen lo que crees estar viendo. Estoy pidiendo a la gente que critique la veracidad de una imagen, quiero que la gente los tome en serio, tengo un enorme respeto por ellos.

Lynne M. 

Háblanos del impacto que han tenido estas imágenes.
En ese momento los mitos y estereotipos de ser un adolescente estaban completamente manipulados por la televisión y la publicidad, y con estas imágenes estaba intentando acabar con eso de algún modo. Unos cinco años después de la publicación del libro empecé a ver cosas que se parecían a las habitaciones que había visto en el cine y la televisión y recuerdo que pensé: "¿Por qué hice este proyecto? A todo el mundo ya se le había ocurrido esta idea".

Pero luego conocí a un director que ha trabajado en proyectos como Breaking Bad y me dijo que los escenógrafos todavía siguen utilizando el libro. Lo que estaba tratando de mostrar se convirtió en lo que todo el mundo estaba viendo en el contexto contra el que estaba trabajando, fue copiado y apropiado muy rápidamente, y pensé que era tan fascinante como aterrador.

Jeff D. 

Tu libro está disfrutando en estos momentos de un renacimiento digital, puede que sea porque hay un componente muy físico en la construcción de la identidad en las imágenes de los 90, mientras que hoy en día los adolescentes pueden conseguir eso a través de Internet.
Presentar tu espacio más íntimo ante alguien que te está haciendo preguntas sobre tu vida es muy diferente a crear diferentes identidades en plataformas online. La presión de construir múltiples identidades es muy diferente, porque eres consciente de cómo te ven los demás, así que puedes crear una imagen para cada página y cambiarla varias veces al día. 

Requiere una concienciación sobre uno mismo, porque somos responsables de ese personaje y estamos intentando crear una presencia unificada. No me interesa cómo quiere verse alguien en tercera persona, sino que me interesan las conversaciones, que marchan y deambulan. De algún modo, todos captamos el mensaje de que la adolescencia significa que se supone que debes tener ese sentido unificado de ti mismo, y eso no me parece interesante. Lo único que hace que los seres humanos seamos fascinantes es que no somos una personalidad o presencia unificada, nos formamos a partir de un choque de muchas cosas diferentes. 

Puedes ver otras habitaciones e historias en adriennesalinger.com.

Carlos C.

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Texto Emily Manning
Fotografía Adrienne Salinger

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