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¿por qué estamos tan fascinados con la polémica de james charles y tati westbrook?

Incluso el más ajeno al mundo de los influencers se ha visto enganchado a esta loca y surrealista historia.

por Tom Rasmussen
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15 Mayo 2019, 4:56pm

Imagen vía YouTube 

Hasta hace unos días, mi opinión sobre James Charles era literalmente "¿quién es James Charles?”. Sí, había visto los memes, había visto el DM viral de él diciendo "mi tarifa por presentación es de $50,000 dólares la hora, ¡avísame si necesitas hablar con mi manager!”; había visto sus atuendos de Coachella que me hicieron, a mí, un verdadero maricón no binario que está completamente a favor de los derechos gay, desear revocarlos; y había visto su declaración de que los hombres trans no son hombres y al mismo tiempo me preguntaba por qué a alguien le importaría lo que él hacía o decía.

Había oído hablar de su racismo y su presunto acoso sexual hacia los hombre heterosexuales, y también lo había visto, hace solo una semana, insinuar que su asistencia a la Met Gala era un paso adelante en la representación de los influencers, antes de vomitar inesperadamente sobre mi bata de plumas de marabú mientras veía Death Becomes Her (¡camp!). Pero eso es todo, la verdad.

Entonces, no fue una sorpresa que al joven Charles le cancelasen varios contratos en los últimos días, e incluso que perdiese casi tres millones de suscriptores en YouTube y medio millón en Instagram, incluido el apoyo de titanes de las redes sociales como las Kardashian y las Jenner, además de Katy Perry, Demi Lovato, Miley Cyrus y Shawn Mendes.

Todos lo veíamos venir: cuando tienes 19 años y tus privilegios en Internet son cada vez mayores, es probable que la cagues en algún momento de esa travesía. Todo esto conlleva mucha presión para alguien que todavía está en la adolescencia, pero es la responsabilidad que implica ser una figura prominente de Internet, y si alguien debería conocer las reglas de todo esto, son aquellos que las crearon.

Pero lo que no vimos venir es lo enganchados que todos estaríamos viendo la desaparición de esta estrella juvenil, al desperdiciar literalmente un total de 51 minutos de nuestras vidas viendo un intercambio de palabras poco ingenioso, profundamente sincero e insoportablemente insulso entre dos ex-mejores amigos. A continuación una rápida explicación, solo en caso de que no estés al día con la realeza de los YouTubers de belleza:

En Coachella, James estaba siendo asediado por algunos fans (goals, para ser honestos), cuando Sugarbear Hair llegó al rescate —una compañía de vitaminas para el pelo—, y le ofreció seguridad en el festival si él prometía hacer una publicación apoyando la marca. El inconveniente es que su mejor amiga y autodenominada "mamá", Tati Westbrook, es dueña de otra compañía de vitaminas para el pelo llamada XOs, competencia directa de Sugarbear Hair, por lo que Tati Westbrook tomó la publicación de James en apoyo a Sugarbear Hair como una gran traición. Entonces, como hacen los YouTubers, Tati subió un video de cuarenta y tres minutos de duración titulado icónicamente BYE SISTER (“Sister” es como los fans de Charles se llaman a sí mismos colectivamente), en el cual se las arregla para no decir absolutamente nada y a la vez decir absolutamente todo. El video se volvió viral en cuanto fue publicado el 10 de mayo, y ahora tiene más de 43 millones de visitas. Naturalmente, James Charles subió un video de respuesta, que tiene una duración irrespetuosamente corta (ocho minutos), y se titula simplemente tati. En él, vemos a Charles derramar lágrimas de cocodrilo por lo mucho que lamenta lo ocurrido.

Y vaya si fue un viaje dramático. Olvídate de Juego de Tronos o del documental de Alexandria Ocasio-Cortez en Netflix, olvídate del cambio climático o de las leyes antiaborto, esto es lo que realmente importa. En conjunto, estos vídeos ahora tienen más de 87 millones de reproducciones, lo que equivale a la población total del Reino Unido, y son un recordatorio franco del punto en el que se encuentra nuestra cultura: es una pérdida de tiempo y carece de sustancia, pero es profundamente apasionante.

Nos enganchamos —incluso personas a las que respeto, como mi madre o un amigo mío que es un destacado académico en teoría del trabajo, se han enganchado al drama—, todos empezamos a enviar mensajes de texto, a elegir bandos y a crear cuentas de YouTube solo para poder seguir y luego dejar de seguir a Charles. También yo fui parte de ello, me conecté desesperado por ver la ruina de un adolescente, sintiendo una extraña satisfacción cuando la gente publicaba memes y vídeos despiadados del número de seguidores de Charles disminuyendo a una velocidad de miles por segundo. Pero, pregunto de nuevo, ¿por qué? ¿Por qué es tan emocionante ver a alguien que, literalmente, es una versión 10 años más joven de ti, perderlo todo?

Bueno, es una mezcla tóxica de varias cosas. Una, por supuesto, es que hay una parte de nosotros que realmente piensa que James Charles se lo merece, que debe perderlo todo porque, después de investigar más a fondo, es realmente irritante e inspira mucho enfado. Da la impresión de ser hueco, superficial y de estar obsesionado consigo mismo, pero ¿qué esperábamos? Internet es un hervidero para las personas que ganan dinero por ser, literalmente, una masa de células que puede maquillarse, y si yo hubiera sido así de influyente a los 19, sería mucho peor.

También es porque Charles es realmente problemático, vale la pena repetirlo, y por lo tanto, en estos momentos, cuando el mundo de la gente se derrumba, verlo perderlo parece un castigo justo. Sin embargo, aun cuando es cierto que James tiene debe responsabilizarse de sus actos, yo también hice algunas cosas terribles a los 19 años que no querría que Internet viera. En el fondo, por supuesto, también hay celos: odio decirlo, pero también quiero cosas gratis solo por publicar una foto.

En ciertos círculos online, el conteo de seguidores se ha convertido en la máxima señal de éxito: justo cuando Internet parece cada vez más un fenómeno sobre el que no tenemos control, este tipo de debacles nos recuerda que todavía existe un código moral online, y eso es reconfortante.

En comunidades más pequeñas, me he dado cuenta de que hay una crítica de la cultura de la cancelación: una que describe cuán inútil resulta ese intento por hacer cambiar a la persona en cuestión. El cambio es una disculpa cimentada en la acción, y el hecho de desechar a alguien como si fuera basura seguramente no provocará tal cambio. Eso también es reconfortante: porque todos hemos anulado a personas por hacer cosas que tranquila e inconscientemente habríamos hecho en el pasado, en un punto más temprano de nuestro desarrollo sociopolítico. Pero no es el caso de Charles, a quien la gente parece estar encantada de cancelar, probablemente porque ha tenido la oportunidad de cambiar varias veces y no lo ha hecho.

La verdad es que a muy pocos de nosotros, que ahora estamos metidos en este drama online que parece no tener fin, podrían importarnos menos James y Tati. Lo que, literalmente, equivale a cero. Los seguidores de James disminuirán (actualmente ha perdido tantos que el igualmente problemático Jefree Star tiene más seguidores que él), y los de Tati aumentarán, y todos nosotros seguiremos con nuestras vidas, sintiéndonos deprimidos por no tener suficientes seguidores, mientras esperamos a que aquellos que una vez fueron estrellas de Instagram lo pierdan todo, hasta desaparecer.

Es difícil recordar que detrás de estas cuentas hay personas reales que tienen emociones, sentimientos, preocupaciones, esperanzas, sueños, y mucho más sucediendo en sus vidas que lo que nos muestran en Internet. Después de sumergirme en este drama durante tres días, me siento aburrido y, a la vez, siento un poco de lástima por Charles (a menos que continúe siendo un racista y transfóbico imbécil), y tengo también la extraña sensación en el estómago de que no tiene ningún sentido que la gente perdiera la fe en él por unas vitaminas para el pelo, y no por ninguna de las otras cosas horribles que había hecho antes.

Espero que la gente se interese y preocupe más por el mundo, aunque la próxima vez que haya una disputa entre influencers, estoy seguro de que estaré observándolo todo en primera fila; evadiendo la caída de nuestro planeta, mientras observo la mucho más satisfactoria desgracia de un artista adolescente del maquillaje, a quien se le otorgó demasiado poder, demasiado joven.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

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