Imagen cortesía de Harrods 

¿es la moda realmente la segunda industria más contaminante del mundo?

Si bien el popular mito sobre la contaminación causada por la moda fue desmentido recientemente, las obligaciones morales que tiene la industria debido a su producción nunca han sido más relevantes que ahora.

por Osman Ahmed; traducido por Laura Castro
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10 Julio 2019, 3:57pm

Imagen cortesía de Harrods 

Esta historia apareció originalmente en la edición The Voice of a Generation Issue , no. 356, de i-D. Pide tu copia aquí .

Es una verdad universalmente reconocida que la moda es la segunda industria más contaminante del mundo. Es una estadística que ha sido el foco de varias campañas, innumerables artículos e incluso un documental revolucionario ( The True Cost

, de Andrew Morgan). Se utiliza como argumento en contra de las empresas que producen ‘fast fashion’, ha sido un estímulo para que las marcas de lujo reconsideren la destrucción del inventario rezagado y ha provocado una sombría iluminación en los nuevos miembros del mundo de la moda en las primeras etapas de sus carreras, motivándolos a hacer un replanteamiento completo del modo en que producen y en que nosotros consumimos. Solo hay un pequeño inconveniente en todo esto... Que no es verdad. Lo que comúnmente es considerado un evangelio, ha sido desmentido por el New York Times y varios expertos ambientales. Al parecer nadie sabe de dónde salió inicialmente esta noticia digna de todos los titulares, la cual; además, ha sido reciclada durante tanto tiempo por fuentes respetables, que ahora se ha convertido en una verdad reconocida universalmente.

¿Esto importa? En el mundo de la moda no son unos santos, así que seguramente eso no hace ninguna diferencia, ¿o sí? Simplemente puede contribuir a crear consciencia sobre el colosal problema del desperdicio y la contaminación en la moda. Sin embargo, esta premisa es incorrecta. Dado que las marcas están prestas a adoptar la sustentabilidad por ser una especie de palabra de moda en el mundo de las relaciones públicas, puede parecer que los métodos de producción respetuosos con el medio ambiente son la regla, que la sustentabilidad es el accesorio obligatorio de esta temporada. No obstante, de acuerdo con la Agenda Global de la Moda, casi la mitad de la industria no ha tomado ninguna medida con respecto a la sustentabilidad, y el término es simplemente parte de su lenguaje de mercadotecnia. Es posible que estos datos no sean muy alentadores, pero son cruciales para comprender el problema. Después de todo, si somos incapaces de identificar con precisión lo que está mal, ¿cómo podemos identificar lo que debe cambiar?

Lo que sí sabemos con certeza es que, según McKinsey, casi tres quintas partes de toda la ropa termina en incineradores o vertederos dentro del mismo año de su producción. La Fundación Ellen Macarthur descubrió que menos del uno por ciento de los materiales utilizados para crear la ropa son reciclados. Las emisiones de gases de efecto invernadero de la industria de la moda son mayores que las producidas por todos los envíos y vuelos internacionales combinados, y cada segundo el equivalente a un camión de basura textil es descargado en vertederos o incinerado. También se ha confirmado que lavar la ropa libera medio millón de toneladas de microfibras en el océano cada año, lo que equivale a más de 50 mil millones de botellas de plástico, y en la actualidad, alrededor del 20 al 25 por ciento de los compuestos químicos producidos a nivel mundial se utilizan en los acabados textiles.

En los últimos años, puede parecer que la moda ha vuelto a la "sustentabilidad" uno de sus ejes rectores, pero la demanda de productos de la moda por parte de los consumidores se está disparando y, a pesar de la abierta preocupación de muchos, las tiendas de moda fast fashion a velocidad supersónica son más populares que nunca. Para muchos diseñadores de moda, el problema sigue siendo confuso, vago y ambiguo. Para el resto de nosotros que queremos comprar ropa, lo es más aún. El problema es; ¿por dónde empezamos?

“Es posible que hayas notado que el término 'sustentabilidad' es el accesorio obligatorio de esta temporada. No obstante, de acuerdo con la Agenda Global de la Moda, casi la mitad de la industria no ha tomado ninguna medida con respecto a la sustentabilidad, y el término es simplemente parte de su lenguaje de mercadotecnia, con él benefician sus ventas y aumentan la cobertura por parte de la prensa".

"La palabra 'sustentabilidad' ahora está asociada con algo inalcanzable”, dice Orsola de Castro, cofundadora de Fashion Revolution, un grupo sin fines de lucro de activismo en la moda. "Pero si a la creatividad le agregas eficiencia y una gran dosis de sentido común, estás en el camino de volverte sustentable”. Por lo general, las marcas más pequeñas y los diseñadores independientes son quienes tienen la capacidad de crear eficazmente de manera más consciente. "No existe una legislación que defina la sustentabilidad, y las leyes que protegen a las personas que hacen nuestra ropa son muy pocas", señala el diseñador de ropa para mujer Richard Malone. La clave es ser considerado y mantenerse informado. "No te preocupes por la perfección, simplemente comienza”, dice Claire Bergkamp, directora de Sustentabilidad e Innovación en Stella McCartney. "Es mucho más fácil si eres sustentable desde el inicio”

La sustentabilidad también presenta una paradoja. La moda es acerca de crear cosas nuevas, por lo que es imposible ser completamente econeutral. No permitas que eso te desanime. Como Bethany Williams, cuya marca está dedicada a apoyar a organizaciones benéficas sociales y a la producción ética, dice: “Tienes que ser parte del problema para convertirte en la solución". A través del uso de tu práctica y tu plataforma como medio para proponer ideas que sean deseables y conscientes, le ofrecerás a los clientes una opción que sea igual o más atractiva.

Se calcula que cada año se pierden $500 mil millones de dólares debido a toda la ropa que apenas se usa y rara vez se recicla. Y por eso es vital que más diseñadores comiencen a trabajar con materiales reciclados y telas de inventarios rezagados, afortunadamente algunos de ellos ya lo están haciendo. Richard Malone trabaja con nylon reciclado del plástico que hay en los océanos; Bethany Williams se surte de mezclilla reciclada en un depósito de desechos en Kent y convierte el papel de desecho en textiles tejidos; el diseñador holandés Duran Lantink combina la ropa de diseñador de segunda mano, creando híbridos sorprendentes; Phoebe English consigue todos sus materiales orgánicos reciclados en Gran Bretaña para reducir su huella de carbono; mientras que Stella McCartney recicló el inventario rezagado de sus colecciones anteriores en la creación de una colección completamente nueva para la Semana de la Moda de París esta temporada.

"Concéntrate en tus telas, usa algodón orgánico, poliéster y nylon reciclados, elige un proveedor de rayón que pueda garantizar que no cortaron bosques antiguos y en peligro de extinción por su fibra, usa cáñamo y lino y no uses cuero", dice Bergkamp, quien señala que la agricultura animal y la producción de cuero se encuentran entre los principales responsables del cambio climático, pues contribuyen aproximadamente con el 18 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Uno de los mayores problemas de la moda es que tiene una misteriosa cadena de suministros que es difícil de rastrear. Las nuevas plataformas, como Open Apparel Registry, llevan un registro de las fábricas de prendas de vestir en todo el mundo para fomentar la transparencia hacia el consumidor sobre dónde, cómo y quién fabrica la ropa. En el caso de los diseñadores, se trata de que busquen trabajar con proveedores independientes que pueden controlar y limitar su impacto ambiental. Richard Malone, por ejemplo, usa tintes de origen vegetal para sus telas, muchas de las cuales son recicladas y fabricadas por una comunidad de mujeres que tiñen el hilado, hilan y tejen a mano las telas en Tamil Nadu.

“Hace tres años, intenté rastrear nuestra cadena de suministros hasta los campos de algodón en Turquía, las granjas de Alpaca en las montañas peruanas y las granjas de lana en Uruguay”, dice Amy Powney, directora creativa de Mother of Pearl. “Estaba en la misión de descubrir si podía crear una línea totalmente sustentable y saber de dónde venía cada prenda, dónde había estado, qué materiales la conformaban y cómo había sido tratada la gente que la había hecho. Lo magnífico de esto es que ha resultado más barato trabajar de esta manera, a través del rastreo de nuestros procesos de producción y del uso de cadenas de suministro verticales cuando es posible".

Para aquellos de nosotros que no hacemos ropa, nuestra contribución puede ser tan simple como replantearnos lo que podemos hacer desde nuestras propias trincheras. "Reparar, personalizar, intercambiar, donar o revender", sugiere Francois Souchet, director de la campaña Make Fashion Circular, como formas fáciles de reducir el desperdicio mientras actualizas tu guardarropa. “Si la ropa se ha fabricado con materiales seguros y renovables, y está diseñada para ser reciclada, puede alimentar al sistema y utilizarse para hacer ropa nueva”.

En 2019 obtener más información sobre de dónde proviene tu ropa está a solo un clic de distancia. "El truco está en tener paciencia para leer, y leer entre líneas, y cuestionar todo, y luego utilizar tu instinto para discernir qué es lo relevante", dice Orsola de Castro. "Incluso si es solo una cosa, hace una diferencia". Los continuos desarrollos en los materiales hechos a partir de plantas ofrecen alternativas avanzadas ante los productos animales. Bolt Threads es una compañía que fabrica seda a partir de proteínas creadas mediante la fermentación, y cuero hecho de micelio, la estructura de la raíz de los hongos. También tenemos el EcoNyl, que es un nylon de alta calidad hecho de plásticos que se encuentran en el océano. "La investigación constante y el aprendizaje continuo es lo que realmente ayudará a impulsar el cambio", asegura Richard Malone. “Lo más importante es asegurarnos de compartir nuestros conocimientos y conclusiones. Mi esperanza está en que todas las organizaciones, desde las pequeñas marcas independientes hasta los conglomerados de lujo como LVMH y Kering, adopten prácticas sustentables muy rápidamente mediante el uso de los avances de los demás en materiales y producción”.

"El tipo de moda que quiero hacer no se presta para un modelo mayorista tradicional donde solo importen los grandes márgenes de venta y una gran producción", explica Richard Malone. Para muchos, la clave para una práctica sustentable es redefinir la infraestructura de las marcas de moda. Lo cual inicia con poner un límite al volumen de producción y construyendo relaciones significativas con los minoristas y los clientes individuales. Puede reducirse a trabajar fuera del calendario de la moda convencional, o a simplemente asociarse con proveedores de textiles reciclados y a diseñar colecciones más pequeñas en torno a los materiales disponibles. Podría reducirse también a pedirle a los clientes que esperen más tiempo por la ropa que piden, para solo producir lo que es estrictamente necesario. Quizás se podría pedir a las empresas que donaran sus sobrantes, o convertir materiales inesperados en ropa bonita

Lo que es realmente importante es que no se trata solo de cómo se fabrica una prenda, sino de su ciclo de vida futuro una vez que llega a las manos del cliente. "Cuando diseñes un producto, piensa en cómo se va a utilizar", dice Francois Souchet. “Eso incluye cuánto tiempo se usará y por cuántas personas, y qué pasará con el producto después de que un cliente termine de usarlo. ¿Se puede reparar fácilmente?, ¿se puede reutilizar la tela y es fácil de reciclar?”.

“La pregunta final es: ¿qué sistema necesitas para hacer que estas cosas sucedan? Piensa en los materiales, pero también en cuál es el mejor modelo de negocio para asegurarte de que la ropa se pueda usar más. ¿Se podrá rentar? ¿Podrías recuperarla al final de su vida útil? ¿Existen asociaciones y colaboraciones que pueden ayudarte?”.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.