retratos de la tribu adolescente de los 90 que inspiró 'kids'

En el instituto, Mel Stones y High fotografiaron a su círculo de amigos skaters, ravers y punks neoyorkinos —la misma gente que sirvió de inspiración a Larry Clark para crear su emblemática película—. 25 años después, han decidido recopilar las...

por Emily Manning
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29 Mayo 2017, 8:45am

La incesante temporalidad de Nueva York siempre ha invitado a sus habitantes a documentar no solo sus barrios, sino también sus vidas. Para decir este soy yo, esto es lo que he hecho, estas son las personas que amo y, a menudo, las personas y los lugares que he perdido. Pienso en Nan Goldin, cuya carta de amor de finales de los 80 a su tribu queer es a la vez inmensamente personal y política. También pienso en Ash Thayer, que pasó ocho años de okupa en el Lower East Side a principios de los 90 y documentó su comunidad en los espacios que ellos mismos creaban. O en Jamel Shabazz, que realizó alegres retratos de la empoderada juventud negra de su East Flatbush natal a lo largo de los 80. Y también pienso en Mel Stones y High, la pareja de mejores amigas que capturaron su entretejida red de skaters y la zona del centro por la que vagabundeaban a lo largo de los 90, cuando se produjo el crepúsculo del antiguo Nueva York. Después de casi 25 años, las fotografías en blanco y negro que realizaron estas dos jóvenes se van a publicar en un libro llamado That's a Crazy One.

Mel nació en Sunset Park a finales de los 70. "Era peligroso, pero yo era una chica de la calle. Mis padres me decían, 'Sal y diviértete, pero intenta no morirte, ¿vale?'", recuerda entre risas. "Tenía mucha libertad y siempre estaba en la calle". Conoció a High, que creció en el Lower East Side, durante el primer año de instituto, a principios de los 90. High fue a Stuyvesant y Mel estaba en la Brooklyn Tech antes de pasar al Lincoln, un instituto de Brighton Beach que contaba con un excelente programa de fotografía. "Tenía un profesor realmente genial que me regalaba carretes con la condición de que a la mañana siguiente ya los hubiera gastado fotografiando". De modo que ella y High empezaron a llevar sus cámaras a todas partes, capturando sesiones de skate, porros que iban circulando y resacas en casa de High, en St. Mark's Place.

That's a Crazy One

está ordenado cronológicamente y recopila fotografías hechas a lo largo de toda la década de 1990, una de las décadas más transformativas de la historia de la ciudad de Nueva York. Los primeros días muestran un lado más punk del skate, antes de la explosión del hip-hop y de que la escena rave se hiciera más popular. "En Washington Square había skaters, punks, góticos, ravers, nerds... Supongo que la mejor forma de describirlo es que todos éramos ajenos a cualquier cosa que fuera normal", dice Mel. Ella sobre todo se juntaba con los skaters, que por entonces eran un grupo muy reducido que se reunía en Astor Place. Todos se conocían entre sí, pero no era una comunidad cerrada. "Nuestro grupo social era muy dinámico, nos entendíamos muy bien. No creo que hubiera una necesidad demasiado fuerte de identificación, simplemente estábamos felices de mostrarnos como éramos. La gente solo trataba de sobrevivir y salir adelante y la necesidad de ser alguien en concreto no era una prioridad. Solo éramos naturales y creo que eso es lo que lo hacía tan guay".

Algunos de los rostros de sus fotografías se han convertido en familiares para el público gracias sobre todo a Kids, el controvertido filme que hizo Larry Clark sobre sus vidas y su ciudad. Harold Hunter, Chloë Sevigny, Gio Estevez, Justin Pierce y Harmony Korine (que pidió consejo a High para que escribiera algunos de los diálogos de su personaje, a pesar de su aversión hacia la película), todos ellos aparecen en las fotografías. Pero aquí les vemos a través de los ojos de su propia tribu, no como intérpretes en el desgarrador drama sobre el SIDA de Clark, un filme de ficción que a menudo se percibe como un documental. Mel y High han hablado sobre las discrepancias entre aquella caracterización de sus amigos y las personas que realmente conocieron. Pero Kids capturó los últimos días de un Nueva York que ya no existe. Como That's a Crazy One, es una ventana a un mundo perdido.

Conforme High y ella se preparan para presentar el libro e inaugurar una exposición de sus fotografías, Mel nos habla un poco más acerca de cómo era aquel mundo.

Actualmente vivimos en un mundo de vigilancia y comunicación instantánea. ¿Cómo era ser joven en Nueva York antes de eso?
Crecí en el sur de Brooklyn. Había violencia, había drogas y se daba mucha importancia a espabilarse en las calles, sabiendo que podían surgir situaciones peligrosas en cualquier momento. Yo tenía mucho miedo, ¡era la más pequeña de cuatro hermanos que vivíamos en Sunset Park! Pero desde muy joven supe cómo actuar. En aquella época era una ciudad pobre. Ahora, cuando regreso, veo lo gentrificada que se ha vuelto. Tengo la sensación de que mucha de la gente que vive ahí ahora ha visto demasiadas películas sobre Nueva York, tiene una percepción muy concreta de lo que significa ser un neoyorquino y va por ahí con determinada actitud que no se corresponde con lo que significaba antes realmente vivir en Nueva York. Cuando la gente es pobre, se apoya mutuamente. Los lugareños, los nativos, todos se apoyan entre sí.

Y en aquella época no había demasiada poli. Bueno, estaban ahí, pero demasiado ocupados con los asesinatos y las enormes cantidades de droga. La mafia seguía muy presente. Así que si eras un crío de la calle y no hacías nada realmente llamativo, la poli te dejaba en paz. Quiero decir que pasábamos junto a la policía fumando maría y nos sentábamos en St. Mark's a beber litronas toda la noche. Pero éramos un grupo muy unido de personas que estábamos siempre juntos, así que nos protegíamos los unos a los otros. Crecer ahí implicaba mucha libertad, pero de la noche a la mañana pasamos del Alcalde David Dinkins, con los peores índices de criminalidad de la historia, a Giuliani, que reclutó miles de policías nuevos. Pasamos de estar acostumbrados a no preocuparnos por nada a tener a la policía todo el día encima de nosotros y a preocuparnos por que nos pillaran por cualquier cosa. Aquello fue un cambio de chip enorme, porque sucedió cuando yo tenía 17 o 18 años.

El estilo de los noventa es de nuevo popular ahora mismo, pero parece estar basado en una idea de cómo se vestía la gente. Estos retratos capturan una realidad mucho más interesante. ¿Qué llevabas tú por aquel entonces?
Yo era en cierto modo bastante chicazo. Quería estar cómoda y que no me sexualizaran. No podías escapar al machismo en las calles, la primera vez que alguien me dijo un "piropo" por la calle tenía 9 años. Y el SIDA hizo que el sexo fuera aterrador por lo que nos habían enseñado en el colegio. Así que creo que el estilo de las chicas giraba más bien en torno a la androginia, en torno a no querer ser una muñeca Barbie o llevar el maquillaje y los peinados exagerados que se llevaban en los 80. Queríamos despojarnos de aquella identidad.

High lleva una camiseta de Supreme en una de las fotografías. ¿Cómo era la tienda original de Lafayette en aquellos años?
Había escasez de tiendas de skate en aquella época y cuando abrió Supreme era todo lo opuesto a una tienda de skate. Gio [Estevez] consiguió un trabajo allí a través de la madre de High, que conocía a James [Jebbia] porque trabajaba en el mercadillo vendiendo camisetas con él. Era todo muy experimental. En aquel tiempo solo había unos 30 skaters, así que si alguien le daba al skate, lo conocías. Gio era el más responsable de todos, así que le dieron el trabajo. Era la misma gente, la misma familia. Todo lo que representaba Supreme y cómo empezó se basaba en nuestro grupo. Ellos fueron los primeros en practicar el skate en la calle. No existía el skate callejero y la mitad de los trucos nunca se habían hecho antes. Creó una industria multimillonaria, con el streetwear y todo lo que lo acompañó.

High y tú vais a donar todos los beneficios del libro al Programa de Arte y Fotografía de las Escuelas Públicas de NYC. ¿Por qué?
[El instituto] Lincoln está en Brighton Beach, que no es precisamente un barrio rico. En el instituto yo faltaba mucho a clase y solo iba al laboratorio de fotografía porque me encantaba. Mi profesor sabía que no tenía dinero y me regalaba carretes. Aquello me salvó, porque me proporcionó una pasión. Si no hubiera sido por esa inspiración y por ese impulso para que creara algo, habría sido más fácil que me perdiera en cómo vivía y en las cosas autodestructivas que hacía cuando era cría. [La fotografía] me dio un punto sobre el que apoyarme. Me encantaba y me sigue encantando. Todavía me emociono cuando revelo un carrete. Así que queríamos devolver esa sensación. Este libro no existiría sin el programa de Lincoln.

Muchos de nuestros buenos amigos han fallecido y estas imágenes de algún modo remueven muchos recuerdos. Al final, reunirlas acabó siendo un proceso sanador, pero no creo que ninguna de las dos estuviera demasiado preparada para revivirlo. En última instancia solo queremos conservar tantos recuerdos [de nuestros amigos] como nos sea posible de manera positiva. Algunas de las muertes fueron trágicas, pero al mismo tiempo eran personas increíblemente inspiradoras, maravillosas, compasivas e inclusivas que tenían montones de amigos. Eran como el pegamento. Creo que si podemos devolver algo de eso será como un homenaje. Lo hicimos para rememorar a nuestros amigos y para crear nuestro propio "anuario", para decir "así fue realmente" y para darnos algo de paz. Este ha sido nuestro intento de conseguir superarlo, tanto nosotras como nuestros amigos.

'That's a Crazy One' está disponible bajo pedido. Todos los beneficios se donarán al Programa de Arte y Fotografía de las Escuelas Públicas de NYC. Para más información y para recibir noticias sobre la próxima exposición de fotografías, puedes visitar el sitio web del proyecto aquí.

@thatsacrazyone

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Texto Emily Manning