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desmontamos la onírica e híper femenina visión de sofia coppola

Sofia Coppola se ha convertido en la segunda mujer de la historia en ganar el premio a la Mejor Dirección en el Festival de Cannes. A poco más de un mes del estreno en España de 'La seducción', su última película, analizamos en profundidad su...

por Billie Brand
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11 Julio 2017, 8:30am

Este artículo fue originalmente publicado en i-D UK.

Sofia Coppola es una de las dos únicas mujeres que han obtenido el premio a la Mejor Dirección en toda la historia del Festival de Cannes. Lo obtuvo por su película La seducción, un 'remake' del western de 1971 protagonizado por Clint Eastwood sobre un soldado herido que escapa de la Guerra Civil norteamericana y encuentra refugio en un internado femenino.

En la versión de Sofia, el argumento y la perspectiva se vuelven del revés y la historia se narra desde el punto de vista de las chicas ―que viven en una escuela femenina dirigida por la señorita Martha Farnsworth― en lugar de desde el punto de vista del soldado. Colin Farrell interpreta el papel de Clint Eastwood, Nicole Kidman interpreta a la señorita Martha y Elle Fanning, Kirsten Dunst, Angourie Rice y Anna Laurence a las estudiantes. El resultado de esta unión es ―para poca sorpresa― un desastre pegajoso, encendido y violento.

Los temas góticos sureños, mezclados con la sangre, el sudor y los gritos del argumento, parecen un nuevo territorio para la directora, pero los códigos visuales llevan el sello de Sofia Coppola: desde los vestidos de delicadas tonalidades que adornan a su ampliamente femenino reparto ―esto último es algo que lleva dominando los filmes de Sofia desde Las vírgenes suicidas― hasta la tipografía que serpentea sobre el póster de la película en un suave color rosa, pasando por la aparición estelar de su musa favorita Kristen Dunst. Estos son los códigos visuales híper femeninos que hace que todos y cada uno de sus filmes sean reconocibles al instante.

Pero, ¿qué es exactamente lo que hace que las películas de Sofia sean tan oníricas? Es como si la autora mirara la vida a través de una lente bañada por el sol: ultra ligera, nebulosa, con motas de luz reflejándose en la cámara.

"Lo que tenemos aquí es una soñadora", dice el adolescente Tim Weiner en la primera película de Sofia, Las vírgenes suicidas. "Alguien que ha perdido completamente el contacto con la realidad". Las palabras de Tim son particularmente importantes, porque podría ser una auténtica descripción de la particular estética de Sofia. La cualidad onírica es para Sofia lo que el simbolismo es para David Lynch o la simetría perfecta para Wes Anderson. Ver una película de Coppola es como sumergirse en una bella alucinación, en la que las largas tomas arrastradas y los lentos zooms a menudo dicen más sobre el protagonista que los diálogos minimalistas de la directora.

Pero, ¿qué es exactamente lo que hace que las películas de Sofia sean tan oníricas? Es como si la autora mirara la vida a través de una lente bañada por el sol: ultra ligera, nebulosa, con motas de luz reflejándose en la cámara. Sin embargo, a pesar de toda la belleza visual, siempre existe un trasfondo sombrío. Imagínate a Charlotte, la propietaria de un corazón solitario en Lost in Translation, mientras pasea por Kioto: la escena es más bella que una postal, pero aunque el paisaje es estéticamente impecable, la melancolía es el sentimiento que prevalece. La ausencia de diálogo dirige toda la atención a la perfección del paisaje, dentro del cual Charlotte se siente desorientada y sola.

Siguiendo con el tema de Lost in Translation, merece la pena fijarse en la paleta de colores absolutamente maravillosa de Sofia y en la cinematografía rosada y azul que alcanza su momento álgido cuando Charlotte canta "Brass in Pocket" en uno de los clubes de karaoke de Tokio. Lleva una peluca rosa que le llega a la altura del hombro mientras brilla contra un fondo iluminado de color azul. Los colores yuxtapuestos son una excelente metáfora de su romance agridulce con el actor de mediana edad interpretado por Bill Murray, Bob. Es una relación dulce, inocente, sexual y triste.

El más complejo de todos los esquemas cromáticos de Coppola lo encontramos en el espléndido espectáculo que supone su película María Antonieta. Se rumorea que cuando Sofia se reunió por primera vez con la superestrella del diseño de vestuario Milena Canonero para hacer la película, Sofia llevó consigo macaroons en tonos pastel: "Estos son los colores que me encantan".

Sin embargo, para su quinta película, The Bling Ring, Sofia llevó las cosas un paso más allá. Las brillantes luces de la casa auténtica de Paris Hilton en Hollywood establecen el tono, conforme un grupo de adolescentes californianas juegan a disfrazarse en el famoso vestidor de la heredera antes de robarle sus cosas. Alucinante. No resulta muy sorprendente, teniendo en cuenta el título, que la película sea la más estridente y llamativa que ha hecho hasta la fecha.

Sin embargo, son sus chicas de ensueño las que realmente te atrapan. Con cierto aspecto Disney, piel de porcelana y cabello sedoso. Casi siempre interpretadas por Kristen Dunst. Proceden de todos los ámbitos sociales. Son diosas adolescentes, aspirantes y a veces incluso princesas de la vida real. Son, en definitiva, Lux Lisbon, María Antonieta vestida con amplios vestidos y plumas de marabú, la melancólica Charlotte y la chica californiana de The Bling Ring, Nicki. Las chicas que pasan a la edad adulta son el tema en que Sofia está especializada. Aunque algunos dirán que sus sueños son las pesadillas de la crítica de cine Laura Mulvey ―por ejemplo, Las vírgenes suicidas se narra desde el punto de vista de los chicos adolecentes atraídos por las hermanas Lisbon, que viven al otro lado de la calle―, sigue dando la impresión de haber sido creados para el ojo femenino. Puede que sus personajes sean bellos por fuera, pero bajo su brillante superficie todos anhelan y buscan algo que les complete.

El talento de Sofia como directora va más allá de la fantasía y la belleza visuales, porque utiliza su mundo estético como forma de explorar la complejidad de lo femenino.

El talento de Sofia como directora va más allá de la fantasía y la belleza visuales, porque utiliza su mundo estético como forma de explorar la complejidad de lo femenino. Una de mis frases favoritas de Sofia es: "¿Qué estás haciendo aquí, cielo? Ni siquiera tienes edad suficiente para saber lo mala que puede llegar a ser la vida". Una frase dicha por el médico a la más pequeña de las hermanas Lisbon, Cecilia, en Las vírgenes suicidas. Ella responde, "Obviamente, doctor, usted nunca ha sido una niña de 13 años". Cualquier persona que haya sido alguna vez una niña de 13 años se sentirá identificada con estas palabras.

La influencia de Sofia va más allá de la gran pantalla. Actualmente, las tonalidades pastel y la estética decidida femenina han encontrado un lugar común en nuestra esfera cultural. Tenemos a la maestra del tul Molly Goddard, cuyos impecables vestidos de princesa podrían haber sido elegidos para ser llevados por la María Antonieta de Sofia. Y también están figuras como Petra Collins y la reina adolescente Tavi Gevinson (aunque ahora tiene 21 años) y su biblia Rookie. Todas tienen una estética similar, onírica, ligera, que emplean para reclamar lo femenino; una estética que innegablemente se ha visto influida por Sofia.

No es ningún secreto que el cine sigue siendo en su mayor parte un mundo de hombres. El premio a la Mejor Dirección ni siquiera es el mayor premio que puede recibirse en Cannes. La Palma de Oro sí lo es y Jane Campion es la única mujer que lo ha obtenido en siete décadas de historia del festival. En Hollywood hay una preocupante falta de igualdad. Sin embargo, la visión súper femenina de Sofia, su atractivo estilístico y su inclinación por la estética bella y nebulosa, que durante mucho tiempo se han considerado impropios del cine serio, están obteniendo por fin el reconocimiento que merecen.

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Texto Billie Brand
Traducción Eva Cañada