los mejores romances veraniegos del cine español

Porque no hay nada como el calor para encender la pasión.

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17 agosto 2017, 9:59am

Fotograma de Lucía y el sexo, de Julio Medem

El verano como acelerador de partículas emocionales. El período estival dejando huella perenne en la piel lisa del infante, en la alborotada del adolescente y en la curtida del postadolescente. Una canícula que empapa de feromonas los cuerpos sudorosos de los más jóvenes.

Un estío que intensifica las pasiones tórridas, pero también se ofrece como escenario propicio para sueños truncados por amores irrealizables, picos de euforia y emoción con fecha de caducidad. La estación más calurosa un géiser de sentimientos y el cine ha sabido sacar jugo de esto... Por supuesto, también el originado en nuestro país.

Lucía y el sexo, de Julio Medem
Lucía y el sexo fue, entre muchas otras cosas, un hito en la representación de la sexualidad en nuestras pantallas; nuestro personal El último tango en París. Medem dirige este intenso relato romántico de una camarera madrileña (Paz Vega en el papel de su vida), que tras romper con una apasionante relación amorosa de seis años, entra en un vacío emocional que espera superar escapando a la otrora tranquila isla de Formentera —la película ayudó a cambiar esa situación, aunque especialmente fue el concepto "Mediterráneamente"—.

Ahí conocerá a un escritor con el que revivirá las fantasías sexuales de su anterior romance. Un film desinhibido, tórrido y con una alta carga erótica nunca antes vista en nuestro cine, pero también lírico y alquímico, como el que el realizador de Vacas solía obsequiar.

El camino de los ingleses, de Antonio Banderas
El concepto de "paso a la edad adulta" [lo que en inglés sería 'coming of age'] salteado con grumos de amor ha sido una fuente inagotable para el séptimo arte. Una de las muestras patrias la aportó Antonio Banderas con la adaptación al cine de la novela El camino de los ingleses, de Antonio Soler.

Un relato sobre el último verano de la adolescencia, el de los primeros titubeos hacia la madurez, mientras la inocencia se resiste a quedarse atrás. Migas de euforia, amor, pasión, desconcierto, frustración, obsesión y conflictos esparcidas por el camino de este grupo de jóvenes compartiendo el último verano tierno de su vidas. Capturado por el malagueño en el sur de España de finales de los 70.

La pistola de mi hermano, de Ray Loriga
El debut como director del escritor Ray Loriga se materializó en esta adaptación de una novela propia homónima acerca de la huida sin retorno de un joven quien, tras matar a un guardia de seguridad de un supermercado con su pistola, se lanza a una huida con el coche robado instantes después del terrible incidente.

En el interior del vehículo, una misteriosa chica con la que emprende un corto pero intenso romance. Una 'road movie' con desviaciones hacia el noir en la que Loriga encajó la mitología yanqui propia del género dentro del paisaje ibérico. Un filme con imperfecciones, pero con aura de culto ganada con los años pese a que en su día fue recibido con tibieza por parte de la crítica.

Herois, de Pau Freixas
La pérdida de la inocencia también acapara el relato dispuesto en Herois (Héroes). Antes de dar la campanada con Polseres Vermelles, Albert Espinosa ayudaba al director de la cinta, Pau Freixas, a escribir esta historia sobre la infancia perdida y la nostalgia de ese período vital crucial a través de las aventuras de una pandilla pasando el último verano juntos en un pueblo del litoral catalán en los años 80.

Marcadas referencias estéticas a esa década en esta cinta que explora el primer amor, la primera aventura, los primeros deseos y miedos, y cómo todo esto queda marcado a fuego en una memoria revisitada desde el anodino presente.

Nubes de verano, de Felipe Vega
También ambientado en un pueblo costero de la Costa Brava se edificaba este drama sobre el juego de seducciones y amor entre cuatro personajes conviviendo un verano en la misma localidad. Felipe Vega se inmiscuye en el peligroso fuego de pasiones entrecruzado de dos primos intentado seducir y desestabilizar al matrimonio protagonista en unas jornadas que cambiarán sus vidas.

Belle Epoque, de Fernando Trueba
Fernando Trueba cosechó el segundo Oscar para el cine español con esta comedia ambientada en las vísperas de la proclamación de la segunda república. Un joven Jorge Sanz, interpretando un soldado desertor, es acogido por un artista en un pequeño pueblo.

La llegada de sus cuatro hijas levantará un enredo de seducciones y celos entre el joven soldado y las hermanas. Penélope Cruz, Maribel Verdú, Ariadna Gil y Miriam Díaz-Aroca fueron el póquer de actrices envueltas en este juego de seducciones potenciadas por un clima de libertad y calor veraniego.

Krámpack, de Cesc Gay
Otro buen cartógrafo de los sentimientos humanos más ocultos como es el guionista y director Cesc Gay se zambulló en los aleteos iniciáticos del deseo y el amor con su segunda película. En Krámpack, adaptó la obra teatral homónima de Jordi Sànchez para ubicar su relato de amistad y descubrimiento sexual —en concreto los sentimientos y conflictos asociados a la homosexualidad y su asimilación en la adolescencia— en la localidad catalana de Castelldefels.

Fernando Ramallo y Jordi Vilches interpretaron a estos dos adolescentes atrapados en un mar de dudas, temores, incertezas e ilusiones en un verano marcado por la masturbación, el despertar sexual y la obsesión por sacarse de encima el peso de la virginidad.