Sarah Michelle Gellar tumbada encima de Ryan Phillippe en una escena de la película Crueles intenciones, 1999. (Imagen de Columbia Pictures/Getty Images)

recordamos 'crueles intenciones' en plena era del #metoo

El film de culto que adoramos hace 20 años, hoy puede despertar en nosotros sentimientos encontrados.

por Sara Radin
|
11 Marzo 2019, 11:41am

Sarah Michelle Gellar tumbada encima de Ryan Phillippe en una escena de la película Crueles intenciones, 1999. (Imagen de Columbia Pictures/Getty Images)

Cuando era adolescente, era una de las mayores fans de Crueles intenciones, estaba realmente obsesionada con la provocativa narrativa de la película y con una banda sonora memorable. Al sacar el carnet de conducir en 2004, recuerdo que pasé muchas tardes conduciendo por mi ciudad mientras escuchaba "Bitter Sweet Symphony" de The Verve mientras que "Color Blind" de Counting Crows se reservó para días más sombríos cuando mi corazón se rompió por uno de mis amores adolescentes.

Con una educación sexual inadecuada en la escuela y poca experiencia con los chicos en general, vi la película una y otra vez, asimilando inconscientemente los mensajes problemáticos que transmitía sobre mujeres y hombres. Mientras hacía horas extras, pasé a otras películas como Casi famosos y Algo en común, Crueles Intenciones siguió siendo un clásico que definió mis años pre y post pubescentes.

Sin embargo, al volver a ver la película el año pasado por primera vez en mucho tiempo, me di cuenta de algunas verdades oscuras sobre este clásico que tanto adoré. Mientras observaba cómo se desarrollaba la misma historia en mi pantalla, mi disfrute de la película pareció volverse amargo como un viejo envase de leche olvidado en la parte posterior de la nevera. Exactamente veinte años después, es interesante considerar la forma en que retrató algunos de los matices de género, sexualidad y raza a finales de la década de 1990, ofreciéndonos una visión convincente de estos conceptos que dieron forma a nuestra visión actual del mundo.

Reese Witherspoon and Sarah Michelle Gellar in a scene from the film 'Cruel Intentions', 1999. (Photo by Columbia Pictures/Getty Images)
Reese Witherspoon y Sarah Michelle Gellar en una escena de 'Crueles Intenciones', 1999. (Fotografía de Columbia Pictures/Getty Images).

"No puedo sentir pena por mí mismo porque soy un pobre niño rico", admite Sebastian Valmont (Ryan Phillippe) a su terapeuta al comienzo de la película. La terapeuta, como otras mujeres en la película, se enamora de su actitud aparentemente inocente. Sin embargo, minutos más tarde, aprendemos que su relación es solo otro de los juegos mentales de los adolescentes. Al salir de la oficina, su hija la llama llorando porque un hombre, que le dijo que la amaba y que tenía unas piernas preciosas, compartió en Internet fotos de ella desnuda sin su consentimiento. Antes de que el terapeuta se dé cuenta de que el hombre en cuestión es Sebastian (quien ya le había hecho esto a las mujeres antes), culpa a su hija por meterse en esta situación, gritándole: "¿Cómo puedes ser tan estúpida?"

A pesar de ser el culpable de esa situación tan desagradable, como muchos hombres en la vida real, no paga por sus actos. A los pocos minutos de la película, nos enteramos de que Sebastian es un chico adolescente snob y astuto que siempre obtiene lo que quiere, sin importar la dificultad o el coste.

Después de la gran entrada de Sebastian, conocemos a su frívola y seductora hermanastra, Kathryn Merteuil (Sarah Michelle-Gellar), que se ofrece para mostrar a la recién llegada Cecile Caldwell (Selma Blair) su escuela en el Upper East Side de Manhattan. "Espero que esté a la altura de los altos estándares que he establecido para ella", le dice la madre de Cecile, la Sra. Caldwell a Kathryn. Durante la escena, Cecile, que lleva una camiseta con un gráfico de Koala y una falda corta, abre ingeniosamente las piernas y revela su ropa interior. "¡Mantén las piernas juntas, esto no es Jamaica!", grita su madre, una indicación no tan sutil de su actitud racista. Mientras la madre de Cecile expresa su preocupación por la reputación de Sebastian, no sabe que ya ha entregado a su hija al maestro manipulador secreto de la escuela.

Más tarde, a través de las ingeniosas bromas de los hermanos, nos enteramos de que sus padres los dejaron para valerse por sí mismos ese verano. Sebastian admite que está harto de dormir con "insípidas debutantes de Manhattan" mientras Kathryn explica un nuevo plan para vengarse de un ex novio que la dejó por Cecile. Pero en lugar de dirigirse directamente al ex, ella diseña un plan para convertir a Cecile en una "puta" para que nadie perciba que ella está detrás de todo esto y así mantener su buena imagen.

Kathryn intenta persuadir a su hermano para seducir a la virginal Cecile usando su propio atractivo sexual para llamar su atención. Pero Sebastian rechaza su propuesta diciendo que es demasiado fácil y que hay otra virgen que quiere conquistar: Annette Hargrove (Reese Witherspoon), que escribió un manifiesto en pro de la virginidad en una revista para adolescentes. Mientras tanto, Annette, que también asistirá a la escuela en otoño, también se quedará con su tía. "¿Te imaginas cómo dañará esto mi reputación?", dice. "Follarme a la hija del director antes de que comience la escuela. Ella será mi mayor victoria". Juntos, los hermanos idean una apuesta para ver quién puede cumplir sus misiones primero: si Sebastian pierde, perderá su Jaguar Roadster de 1956, mientras que si Kathryn pierde, él se acostará con ella, algo que ha querido hacer desde que se convirtió en su hermanastro.

A partir de ahí, vemos hasta donde los dos hermanos pueden llegar para ganar su apuesta. Mientras Sebastian chantajea a un chico gay todavía en el armario para que le diga a Annette que le dé una oportunidad, Kathryn le enseña a Cecile todo lo relacionado con los chicos y el sexo, para luego desatar el rumor de que tiene una relación con su maestra de música negra.

Reese Witherspoon listens as Ryan Phillippe whispers in her ear in a scene from the film 'Cruel Intentions', 1999. (Photo by Columbia Pictures/Getty Images)
Reese Witherspoon escuchando lo que Ryan Phillippe le susurra al oído en una escena de 'Crueles Intenciones', 1999. (Fotografía de Columbia Pictures/Getty Images).

Sin embargo, al final, Sebastian se enamora de Annette de verdad, una primicia para el chico que siempre ha usado el sexo y la manipulación sin emociones para llenar sus vacíos personales. Debido a esto, él rechaza la oportunidad de seducir a Kathryn, rechazándola solo cuando ella finalmente está lista para rendirse a él. En represalia, ella piensa que su pasividad es tan solo un medio para recuperar el control sobre la situación. Sin embargo, cuando finalmente termina con Annette, Kathryn pasa de él, afirmando que le divertía ver cómo se avergonzaba de sus sentimientos hasta el punto de ser capaz de renunciar a la mujer que ama por no manchar su reputación.

Como la mayoría de los medios de comunicación de la época, Crueles Intenciones nos ofrece un ejemplo particularmente exagerado, del marco patriarcal dañado que la supremacía blanca nos ha proporcionado en el que hombres negros como el profesor de música de Cecile eran inferiores; el cliché de que los hombres no pueden tener sentimientos ni mostrar emociones reales, o el de que las chicas vírgenes eran puras o, posiblemente, lesbianas. Más allá de esto, la película demostró que solo los hombres pueden salirse con la suya seduciendo y manipulando a las mujeres. Aunque Sebastian muere al final, Katherine es la que acaba convirtiéndose para los demás en la desviada sexual, mientras que él, a pesar de todos sus errores, es visto como un ángel digno de homenaje. Con esto, la película promueve la idea de que, a pesar de todo lo que hacen los hombres, nunca son malos ni castigados, mientras que las mujeres solo se ven "buenas" cuando los hombres así lo deciden.

En estos días, es difícil ver, y mucho menos disfrutar, algo nostálgico que es tan abiertamente sexista, racista y homófobo. Sin embargo, la película llama la atención sobre los avances que hemos logrado en la cultura contemporánea, así como la necesidad de una profunda reflexión crítica de los contenidos culturales que dieron forma a nuestro imaginario personal y nos convirtieron en las personas que somos hoy. Pensar en todas las películas ahí fuera teñidas por la pintura espesa del patriarcado, que me enseñaron a mí (y a muchas otras personas) lecciones sobre el consentimiento y la sexualidad en un mundo a favor de los hombres blancos cisgéneros. A medida que los Millennials y todas las generaciones navegan por un clima posterior a Internet y #MeToo, dejemos que el vigésimo aniversario de este clásico de culto sea un recordatorio del trabajo que todavía tenemos que hacer para crear películas que sean iguales y sensibles para todas las personas y grupos marginados.

Este artículo apareció originalmente en i-D US.

Tagged:
sexualidad
racismo
crítica
Opinion
1999
crueles intenciones