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¿por qué no acaba de triunfar el cine independiente en españa?

Analizamos las trabas con las que se encuentran los jóvenes realizadores para llevar a cabo su película.

Raquel Zas

Fotograma de Magical Girl

Puede que el cine resulte para muchos algo banal, una herramienta más para entretener y llenar nuestra vida. Sin embargo, el séptimo arte trasciende el concepto de negocio para abarcar algo mucho más grande. La filmografía de un país describe sus virtudes, su color, su olor y sus carencias. El cine (y en concreto el independiente), pues, dice mucho más de nosotros de lo que pensamos. Es, en cierto modo, el retrato de un país, sus ilusiones y sus desavenencias.

Este no es otro artículo más en el que sacamos a relucir las carencias del cine patrio y lamentamos no tener más directores talentosos que hagan un cine diferente que nos catapulte a la escena internacional. No vamos a hacer eso porque, si haces una rápida búsqueda en Google, sobran los artículos que defienden y explican eso y, sobre todo, porque eso es muy cuestionable.

En nuestro país podemos ver cómo está surgiendo una generación de realizadores que han dejado atrás el victimismo y se han puesto las pilas. Sí, en España se está haciendo mucho cine, y del bueno. Cada año, decenas de pequeñas productoras lanzan títulos con un modesto presupuesto pero una calidad artística y narrativa que nada tienen que envidiar a sus homólogas americanas.

Fotograma de A escondidas, de Mikel Rueda.

Pero entonces, ¿cuál es el verdadero cáncer del cine independiente español? Todo el mundo apunta a lo mismo: la falta de ayudas y financiación del gobierno para apoyar las cultura audiovisual nacional. El pasado mes de abril, el ICAA ha concedido las ayudas a la amortización y producción de largometrajes en 2017, que sumaban 30 millones de euros. Por su parte, en julio se desvelaban las ayudas concedidas a la industria independiente, con un presupuesto total de 5,3 millones de euros (ligeramente superiores a las del año pasado).

Para la mayoría de nosotros no sería un dato muy esclarecedor, pero si decimos que Alemania ha duplicado sus ayudas hasta los 150 millones de euros o que Italia ha firmado un acuerdo parlamentario para impedir que el fondo destinado a esta industria audiovisual baje de los 400 millones, la cosa cambia. Por no hablar de Francia, la envidia de toda Europa en cuanto apoyo al séptimo arte se refiere: el gobierno ha destinado en 2016 hasta 666,72 millones de euros para el sector.

La película que más dinero se lleva este año ha sido Vitoria, 3 de Marzo, que va a recibir 359.000 euros de ayuda, una cantidad ridícula si tenemos en cuenta el coste del material de producción, la distribución, guión, equipo técnico y demás. Aún así, la mayor parte de las películas seleccionadas llevan una buena productora detrás, directores consagrados o un reparto potente.

Fotograma de Jùlia Ist, de Elena Martín.

Por lo tanto, si cuentas con un presupuesto ajustado, una productora modesta o incluso eres tú solo con una cámara, tan solo te queda una única (pero fructífera) opción: Internet. La red —y las nuevas tecnologías en general— ha creado otras formas de hacer cine. Ya no necesitas materiales de un valor incalculable ni un numeroso equipo técnico, ni siquiera una productora. Además, otras alternativas como el crowdfunding están haciendo posible sueños muy locos que hace 20 años eran imposible sin una financiación propia.

'Júlia Ist' es un buen ejemplo de ello. De hecho, la película nació un poco por casualidad. "Empezó siendo un proyecto final de carrera, así que empezamos sin preguntar a nadie y luego entramos en la industria de la mano de Lastor Media", nos cuenta Elena Martín, su directora.

Dejando el tema de la producción a un lado, el segundo problema al que se enfrenta un joven realizador una vez parida su película es, sencillamente, que alguien la llegue a ver. Beli Martínez, productora de largometrajes como Arraianos, Jet Lag o Une historie seule, explica muy bien esta cuestión:

"No es tanto de si la película es buena o mala, sino si ha sabido encontrar su espacio de visibilización y su público. En ocasiones esos espacios son minoritarios, pero en otras ni siquiera existen (…). Sin embargo, otra vez hay que acudir a la red: en los últimos años han ido surgiendo diferentes ejemplos de productos audiovisuales (no únicamente cinematográficos) que se han convertido en referencia para mucha gente y que han nacido en Internet. Hablo de fenómenos como puede ser Kung Fury, un corto demencial que va por los 28 millones de visionados, Cálico electrónico o Malviviendo que ahora han fichado para TVE".

Fotograma de Arraianos, de Eloy Enciso.


Por último, nos enfrentamos a otro problema más controvertido: ¿realmente le interesa el cine independiente al público español? Parece ser que las preferencias del gran público tiran más hacia un contenido más mainstream (y eso se comprueba con tan sólo ver la lista de las películas más taquilleras de la historia de nuestro cine nacional).

"Esa idea del cine como algo elitista, que emplea un código opaco e inaccesible que apenas puede ser descifrado por una minoría, me parece peligroso. El cine no debe nacer con vocación minoritaria. Con esto tampoco creo que haya que hacer concesiones estéticas o narrativas, lo que hay que hacer es educar al público. A veces es mejor quedarte con la duda, incluso es interesante no haber entendido nada", opina Beli Martínez.

Para poder saber qué hay que hacer para sacar tu película independiente adelante, le hemos preguntado a dos jóvenes que han conseguido levantar su proyecto de la nada. Bàrbara Farré, directora de La última virgen afirma que el truco está en hacer "algo que parta de tu propio mundo interior, con corazón, ilusión y, sobre todo, mucha paciencia".

"Para mí, lo más importante es que haya un compromiso total con la historia. No basta con querer hacer una película, hay que necesitar contar lo que se quiere contar. Y hay que necesitar hacerlo con la gente que va a formar tu equipo. Porque es un proceso largo. A partir de ahí, hay puertas a las que picar. Hay que moverse para conocer a gente, mostrar interés, enterarse de becas, ayudas... Hay mucha gente con experiencia dispuesta a enseñar cosas a los más jóvenes", cuenta por su parte Elena Martín.

Fotograma de La última virgen, de Bàrbara Farré.


Y puede que tenga que ver algo con eso, con contar algo humano, que el espectador se sienta identificado. Pero en un mundo saturado de historias, hay que usar la astucia y aprender a contarlas dándole la vuelta, retorciéndolas y maquillándolas (o desmaquillándolas) de tal forma que puedan llegar a emocionarnos. En definitiva, sorprender.

A la pregunta de si podría llegar a existir un Moonlight en España, lo cierto es que talento nos sobra. Lo que se necesita es un país con unas políticas que empujen proyectos interesantes a flote. Porque el cine no es mero entretenimiento, porque sirve para mucho más que rellenar un sábado ocioso de palomitas. Una escena de cine independiente sana y en buena forma es fruto de un país culto, inquieto, curioso, intelectual y diverso.