Todas las fotos por Camila Acosta

tres generaciones de feministas hablan sobre su lucha en colombia

Catalina Ruiz-Navarro habla con tres feministas colombianas de tres generaciones distintas sobre la historia y el futuro del movimiento de mujeres en su país.

por Catalina Ruiz-Navarro, y presented by Levi's; fotografías de Camila Acosta Alzate
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21 Mayo 2019, 1:15am

Todas las fotos por Camila Acosta

Esta nota fue co-creada con Levi's

En el marco del aniversario 146 del clásico pantalón 501 de Levi's, originalmente para hombres trabajadores, pero que con el tiempo se volvió un símbolo en la lucha por la igualdad de género –a pesar de que era mal visto que las mujeres usaran pantalones–, buscamos charlar con distintas mujeres que han sido fundamentales para la causa en Colombia.

Claudia Mejía, Claudia Gómez y Daniela Maldonado, tres feministas icónicas, nos cuentan la historia de las luchas del feminismo colombiano, que ha pasado las duras y las maduras, que ha tenido que adaptarse y crecer en medio del conflicto armado interno de la región, que se ha especializado en la construcción de paz y que pone sus apuestas en la implementación de un Acuerdo de Paz. El feminismo colombiano es hoy un movimiento diverso, multicolor, al que se suman mujeres cada vez más jóvenes. Claudia, Claudia y Daniela se ponen cómodas para contarnos su historia.

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Daniela Maldonado

Daniela Maldonado es directora de la red comunitaria trans, con experiencia y conocimientos en trabajo de base comunitaria con los sectores poblacionales LGBTI, en especial con población transgénero en contextos de vulnerabilidad como el trabajo sexual, consumo de sustancias psicoactivas y habitabilidad de calle, entre otras, a partir del desarrollo de actividades con metodologías de trabajo participativo entre pares y en colectivos basadas en las necesidades y vivencias reales de las mujeres transgénero desde hace 5 años.

Cuando comenzaste a ser activista feminista, ¿cómo era el movimiento de mujeres en Colombia? ¿Cuáles eran los temas, retos y estrategias?
Daniela Maldonado: Desde muy joven inicié haciendo trabajo sexual en el barrio Santafé. En ese momento aún no conocía o entendía sobre qué era el feminismo, porque asumía que era algo academicista, que distaba de mi contexto y realidad. Pero ahora, en este punto, siento que si bien no conocía el feminismo, viví y vivo las experiencias, prácticas y acciones feministas, como la construcción de familia con las compañeras de trabajo, la sororidad, la parcería, el tejido de redes de afecto, de amor y el apoyo entre todas, para contrarrestar con acciones muy fuertes las distintas formas de violencia en las que muchas veces nos vemos sometidas en las calles. Por otra parte, solo hasta hace poco tiempo se ha reconocido a las mujeres trans como mujeres, dentro del feminismo, de hecho aún hay algunas corrientes feministas (terfs), que no logran reconocer y respetar nuestra identidad. Por eso me enuncio transfeminista, por que es interseccional, orgánico, comunitario, callejero, puteril y travesti, donde tenemos cabida todas.

¿Cómo crees que ha cambiado el movimiento de mujeres desde ese entonces hasta hoy?
Sí han habido muchos cambios, el feminismo cada día llega a más mujeres en todas partes del mundo. Hoy podemos ver el patriarcado a la cara y decirle que se va a caer, que lo vamos a tumbar, en la actualidad somos muchas mujeres trans que podemos nombrarnos putas, travestis y feministas. En el arte, por ejemplo, cada vez más, hay unas apuestas maravillosas y poderosas en todas sus expresiones, y lo que viene será mejor. Históricamente, nos sintieron hacer sentir solas y oprimidas, pero eso se está acabando, cada día hay más organización, más movilización, más minga, más visibilización, esto es imparable, vamos por todo.

¿Hacia dónde crees que va el movimiento de mujeres en Colombia? ¿Cuáles serán los temas y prioridades para el futuro?
El feminismo tiene que girar en torno primero a sanar y cuidar nuestra madre tierra, a desmitificar el amor romántico por completo, a buscar otras formas de economías solidarias y sostenibles como la soberanía alimentaria. El feminismo también deberá llegar a la primera infancia, para que esté presente desde el inicio de su desarrollo y aprendizaje.

Claudia Gómez López

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Claudia Gómez es directora de programas en Women's Link Worldwide. Es politóloga y Maestra en Política Social con más de 13 años de experiencia en el diseño, implementación, monitoreo y evaluación de proyectos sociales en salud con perspectiva de género y enfoque diferencial. Tiene una amplia trayectoria en la dirección de investigaciones cuantitativas y cualitativas sobre salud, salud sexual y reproductiva, inequidades socioeconómicas y desarrollo sostenible.

¿Cuándo comenzaste a ser activista feminista, ¿cómo era el movimiento de mujeres en Colombia? ¿Cuáles eran los temas, retos y estrategias?
Claudia Gómez López: El momento preciso en el que se me despierta la conciencia feminista, el momento exacto en el que se activa el deseo por la igualdad, fue en medio de un taller con mujeres líderes desplazadas en Lucero Alto, un barrio de Ciudad Bolívar. Teníamos las mismas necesidades, los mismos deseos, queríamos comernos el mundo; yo tenía todas las oportunidades para hacerlo, ellas no. No sé cómo, pero en Profamilia me creyeron sin conocerme y días después una brigada móvil de salud llegó hasta Lucero Alto cargada de información, servicios y métodos anticonceptivos.

Y fue así como me encontré con el movimiento social de mujeres, pero el movimiento de a pie, el de las mujeres desplazadas, el de las organizaciones de base que se agruparon para sobrevivir al conflicto armado. Luego descubrí a las feministas de las oportunidades, quienes también estaban concentradas en contener las violencias contra las mujeres tanto en el marco del conflicto armado como la que nos suceden día a día en nuestras casas. La violencia era el tema, como lo era (es y al parecer será) en ese momento para el país. A comienzos del 2000 estábamos en medio de la “contención” de las guerrillas a través de otras cruentas formas de violencia: el paramilitarismo.

¿Cómo crees que ha cambiado el movimiento de mujeres desde ese entonces hasta hoy?Desde mediados de la década pasada hay dos nuevos temas que han entrado a ser parte constitutiva de la agenda feminista: los derechos sexuales y reproductivos, gracias a la despenalización del aborto en 2006, y la participación y representación política de las mujeres no solo en cargos de elección popular, sino también en otras esferas del poder, como los medios de comunicación, las empresas privadas y la cooperación internacional.

Yo, por obvias razones, resaltaría los cambios que produjo la despenalización del aborto en Colombia. El debate del aborto nos movió las entrañas, nos sacudió. Fue así como salieron a flote otras desigualdades, otras formas de discriminación, y es entonces cuando el Estado laico por fin empieza a operar, lleno de falencias, sí, pero también de ganancias, como el matrimonio igualitario, el debate sobre la adopción por parejas del mismo sexo o la tipificación del acoso y del feminicidio.

Pero en particular se consolida el discurso sobre los estereotipos de género. Y es así como se da inicio a la lucha por la desnaturalización de las brechas entre mujeres y hombres, como la diferencia salarial, el trato y tipo de contratación de las deportistas, el número de horas que las mujeres le dedican a las tareas del hogar y el cuidado de los otros, la titulación de tierras, el impacto sobre el proyecto de vida de las adolescentes embarazadas o el impacto de la guerra sobre los cuerpos de las mujeres.

Desde entonces, el feminismo en Colombia no es solo una corriente de pensamiento, o un grupo de mujeres que se hartó de la desigualdad, es un MOVIMIENTO (con todas sus letras), un movimiento que tiene una forma particular de percibir, construir y deconstruir el mundo y las relaciones con los otros, con las otras. Un movimiento que, por darle voz y credibilidad a lo históricamente invisibilizado, incomoda, porque es un movimiento que desestructura sin violentar.

¿Hacia dónde crees que va el movimiento de mujeres en Colombia? ¿Cuáles serán los temas y prioridades para el futuro?
Por una parte, el movimiento es mucho más diverso, se amplió, hay cabida para todas las formas de ser mujer y para todas las formas de concebir y vivir el feminismo. Por otra, el movimiento “rejuveneció”; la gran mayoría de las feministas son mujeres menores de 25 años, y tener un movimiento juvenil es tener, por una parte, cientos, millones de mujeres que harán su vida desde otro lugar con temprana conciencia sobre la desigualdad. Y por otra, un movimiento perdurable, de largo aliento.

Hoy, el feminismo es un movimiento global, y ese es justamente el reto; ser globales teniendo claro lo que nos une para responder de manera conjunta a las amenazas antiderechos y para cerrar las brechas en cada rincón del mundo, pero debemos avanzar estando atentas a la diversidad.

El feminismo es un proceso, es un movimiento inacabado; por eso no soy feminista, soy una feminista en permanente construcción.

Claudia Mejía Duque

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Claudia Mejía Duque es abogada y directora de la Corporación Sisma Mujer, organización feminista creada en 1998, que busca consolidar el movimiento de mujeres como un actor político que influya en el diseño de políticas que tiendan a disminuir la discriminación contra las mujeres. Mejía es activista feminista desde los 14 años y lleva más de 40 años trabajando con mujeres víctimas de violencia machista y de discriminación por sexo, y luchando por la vigencia de sus derechos humanos.

Cuando comenzaste a ser activista feminista, ¿cómo era el movimiento de mujeres en Colombia? ¿Cuáles eran los temas, retos y estrategias?
Claudia Mejía Duque: El movimiento feminista en Colombia tiene un sello muy particular: se enmarca históricamente en la búsqueda negociada del conflicto armado y el acompañamiento a la protección al cuidado al empoderamiento de las mujeres víctimas de la guerra. Te aventuro una hipótesis que siempre he pensado: nosotras en Colombia, como feministas, aplazamos la agenda cultural de los feminismos a nivel mundial porque nos concentramos justamente en cómo el horror de lo que significa la guerra cobra un efecto desproporcionado en las vidas de las mujeres, porque las guerras exacerban discriminaciones y desigualdades que practica la sociedad. Así que mi generación se concentró en buscar la garantía de bienestar y derechos de las mujeres víctimas de la guerra, en un momento en que el Estado afirmaba que su capacidad de garantizar derechos se disminuye porque estaba enfrentado al conflicto armado les hacía imposible garantizar los derechos de las mujeres.

Esta lucha estuvo marcada por lo que significó el primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLAC) llevado a cabo en Bogotá en 1981, que estableció un hito muy importante para el movimiento de mujeres en Colombia, pues nos permitió construir el sentido de nuestro quehacer frente a la guerra y articularlo e integrarlo desde una perspectiva feminista.

Cuando a comienzos de los 90 llegó el proceso de la Asamblea Nacional Constituyente, no pudimos participar articuladas alrededor de un partido político, pero esto también fue una posibilidad de articulación alrededor de una agenda común más amplia, que llevábamos alrededor de la guerra y de la paz. Inclusive explicamos desde el feminismo los orígenes de la guerra en el país: una sociedad sin derechos, sin conciencia de la importancia de la eliminación de las diferencias de clase y económicas profundas en el país, una sociedad en la que es necesaria la laicidad del Estado y un recorte al poder militar. Volvimos a concentrarnos la consecución de la paz a través de las nuevas ganancias que significó la nueva Constitución del 91, que reconoce derechos generales para la población y mecanismos de defensa de derechos como la tutela o la Corte Constitucional.

¿Cómo crees que ha cambiado el movimiento de mujeres desde ese entonces hasta hoy?
Nuestro sueño era buscar la garantía plena de los derechos para las mujeres víctimas de la guerra y la posibilidad de pensarnos en una siguiente etapa luego del fin del conflicto armado, esperanza que duró muy poco tiempo pues hoy seguimos concentradas, quizás más que antes, en el reclamo de los derechos para las mujeres víctimas de la violencia frente a las nuevas formas de violencia institucionalizadas en el Estado.

¿Hacia dónde crees que va el movimiento de mujeres en Colombia? ¿Cuáles serán los temas y prioridades para el futuro?
Hace unos años te habría dicho, sin asumir la posición ingenua, que la implementación del Acuerdo de Paz nos podía llevar, a pesar de las dificultades, a resolver los problemas estructurales de pobreza y la desigualdad. Pero hoy te lo contesto diferente: seguimos tan concentradas en trabajar por el fin del conflicto como en los momentos más duros de la guerra, para detener esta violencia que afecta de manera tan fuerte la vida de las comunidades y la vida de las lideresas. Y lo peor es que las mayores amenazas no solamente provienen desde las fuerzas paramilitares, las fuerzas de insurgentes guerrilleros o de la nueva presencia de los actores armados del narcotráfico, sino de la desestabilización institucional de la paz desde el interior el Estado.

Yo siempre he dicho que mi generación se encargó de enfrentar la guerra y la de ustedes, en adelante, tiene la tarea de la reconstrucción de un país y una sociedad que aplazó muchas de sus reivindicaciones feministas por detener esa guerra. Mi generación enfrentó la guerra, ustedes tienen que construir la paz.