Fotograma de Ocaña, retrato intermitente, de Ventura Pons

recordamos a ocaña, el artista pionero en la lucha por los derechos lgbti en españa

En plenas festividades del Orgullo de Madrid, el artista Élan D’Orphium rindió tributo a una de las figuras más importantes y a menudo olvidadas del movimiento. Reflexionamos con él acerca de su trascendencia.

por Mirena Ossorno
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17 Julio 2019, 8:27am

Fotograma de Ocaña, retrato intermitente, de Ventura Pons

“Totalmente humana y totalmente arte”. Esas eran las palabras con las que Ocaña defendía a su virgen de cartón y barro de las críticas de un malintencionado obispo. Y con esas mismas palabras podríamos describirle a él. Porque Ocaña fue mucho más que un “pintor gay”, como lo presentaban los periódicos de la época; también fue libertario, performista y teatrero (sobre todo esto último). Nacido en Cantillana (Sevilla) un 24 de marzo de 1947, José Pérez Ocaña aterrizó en la Barcelona de los 70 y ya nada volvió a ser lo mismo. Gracias a él y a otros artistas amigos suyos, como Nazario, el centro de Barcelona se convirtió en una fiesta.

El ideólogo del evento que homenajeaba a Ocaña en esta última edición del Orgullo es el artista Élan D’Orphium, pintor desencantado con el mundo del arte que en la actualidad prefiere llevar su creatividad a otros planos más accesibles para todo el mundo, como la representaciones a pie de calle, continuando así el legado de nuestro protagonista: “José Ocaña simboliza un referente histórico y una de las primeras personas en alzar la voz de la comunidad LGTBI de manera pública en España. Creo que es historia viva, y un recuerdo que deberíamos tener presente […]”.

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El evento fue creado por invitación del Mirador Usera —un programa de Intermediae que trabaja con el barrio madrileño— y pretendía dar a conocer la historia del movimiento LGTBI en España a través de la proyección del documental Ocaña, Retrat Intermitent, del director barcelonés Ventura Pons: “[…] Querían que tuviese parte interactiva, por lo que propuse que representásemos parte de la película mediante un lip sync (acción que es muy típica dentro de la performatividad drag), así que invité a Madrid a las artistas sevillanas Pakita y Belial para encarnar a Ocaña. Con esta pequeña acción, le recordamos y le rendimos un humilde homenaje".

Si en Estados Unidos fueron Marsha P. Johnson o Sylvia Rivera las abanderadas del movimiento, en España fue Ocaña quien, de una manera quizá mas espontánea, anárquica y 'underground' revolucionó a lo largo de la década de los 70 las calles del centro de Barcelona con sus representaciones folclóricas en las Ramblas: “[…] La gente no conoce a José Ocaña. La mayoría de las personas de nuestro colectivo no conocen la historia LGBTI de este país; saben que se celebra el 50 aniversario de las revueltas de Stonewall porque es uno de los enunciados más publicados este año, pero seguramente el año pasado no sabían quién eran Marsha o Sylvia”.

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A través de su figura, además, podemos tomar conciencia de la importancia que ha tenido el carnaval no solo para él (no olvidemos que fue vestido con un disfraz de sol que él mismo había confeccionado con papel, tela y bengalas para unos carnavales celebrados en su pueblo natal, cuando el artista sufrió el fatal accidente que aceleró su muerte), sino para toda la comunidad LGTBI: “Con la llegada del nacionalcatolicismo, las fiestas populares y tradicionales se consideraron celebraciones paganas que demonizaban la iglesia franquista, por lo que se censuró el carnaval y, con ello, parte de la identidad individual de los pueblos. El carnaval suponía una subversión del orden, de la norma impuesta por la dictadura. Fue en 1978, con la llegada de la Constitución, cuando se anuncia la vuelta del carnaval […]. Si entendiésemos la celebración del carnaval como una alegoría de los cuerpos disidentes o desde una posicionamiento queer, podríamos entender este tiempo como una acción antisistema”.

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También en 1978 se reforma por fin La ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, mediante la cual se penaba cualquier acto de homosexualidad. Esta ley establecía penas de hasta de cinco años de internamiento en cárceles o centros psiquiátricos: “Por esto, es imposible quedarse con la mera imagen de 'un pintor que se viste de mujer' sin darnos cuenta de la importancia y el valor que tuvo ese pintor al salir a la calle en tacones para alzar su voz”.

Puede que hoy el Orgullo haya olvidado parte de su esencia transgresora entre tanta borrachera y consumismo, pero por suerte aún hay propuestas más didácticas y subversivas -aunque inevitablemente minoritarias- para recordarnos el por qué de esta fiesta: “[…] Es tranquilizador que paralelamente surjan movimientos transversales como el Orgullo crítico, completamente autogestionados, donde realmente se congregan los colectivos y personas que luchan durante los 365 días del año por los derechos de nuestra comunidad”.

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En un momento social y cultural como el que estamos viviendo, llama la atención ver un vídeo de Ocaña —en un momento de su entrevista con Paloma Chamorro para el programa de RTVE La edad de Oro— en el que se identificaba con Jesucristo con un “perdónalos que no saben lo que hacen” a golpe de abanico por no guardar rencor a los que le habían propinado una paliza por ir vestido de mujer. Quizá sea así como deberíamos recordarle, como un artista que vivió para trascenderlo todo.

Créditos


Texto Mirena Ossorno
Fotografía: Xaime Fandiño y Albert García