cómo combatir el patriarcado con subversivos tatuajes multicolor

La artista Charline Bataille realiza tatuajes de adorables diablos y mujeres guerreras con colores fluorescentes.

por Coco Romack; traducido por Eva Cañada
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12 Septiembre 2017, 8:37am

Este artículo apareció originalmente en i-D US.

La tatuadora residente en Montreal Charline Bataille ha construido una legión de seguidores de culto por su uso magistral del color y su particular interpretación del arte tradicional del tatuaje. Un rápido repaso a su Instagram revela una multitud de cocodrilos, flores, jarrones inspirados en Miró, ovejas llevando tacones de aguja con un cuchillo en la mano y diminutos demonios sonrojados, todos ellos en colores saturados.

Con un guiño subversivo a los temas reflejados en los tatuajes occidentales, su estilo único es un alejamiento deliberado de una industria abrumadoramente masculina. Bataille aprendió sola a tatuar simplemente porque quería llevar tatuajes. "Tatuajes extraños", como ella los califica. Su labor abarca diversos medios ―dibujos, parches, fanzines― y aunque muchos tatuadores encuentran su propio estilo a través de la ilustración, Bataille llegó a su característico estilo en tecnicolor pintando con pintura acrílica.

"Pinto sobre cualquier cosa: ropa, zapatos, paredes, basura, piel... Nunca me he sentido cómoda utilizando el dibujo lineal como medio. Siempre utilizaba pintura acrílica y la emborronaba agresivamente. Nunca se me ocurrió pensar que mis tatuajes tuvieran que ser diferentes".

Hay una figura que habita regularmente en la obra de Bataille y es imposible no fijarse en ella. Es una especie de mujer monstruosa, con frecuencia adornada con dientes irregulares, el estómago abultado y folículos surgiendo de todos sus miembros. Ya sea montada sobre un tigre, en forma de sirena curvilínea o alejándose al trote de un coche de policía en llamas ―y con una amplia variedad de colores de cabello y piel― esta imagen es grotesca según los estándares normativos de belleza.

Sin embargo, Bataille consigue hacerla cercana y adorable. Y tiene todo el sentido del mundo: esa mujer es un reflejo de la misma Bataille. "Siempre me sentí atraída hacia el autorretrato como empoderamiento o reducción del daño", explica. "Desde un punto de vista personal, dibujar esas mujeres, con mi tipo de cuerpo y mis sentimientos, me ayuda mucho a recordar que existo y que estoy bien. Quizá incluso me hacen sentir poderosa".

Bataille explica que no le interesa la perfección en su trabajo. En lugar de ello, le preocupa más crear imágenes con las que ella y sus clientas se puedan identificar. "Creo que mi obra es política porque es orgullosamente imperfecta. Publico mis tatuajes cuando tienen contornos torcidos y cuando no se han curado bien. No intento crear una imagen clara y perfecta. Creo que mis tatuajes son queer porque pertenecen a las personas queer, porque celebran y redefinen la femineidad, porque son irrespetuosos con los tatuajes masculinos occidentales".

La sensación general en toda su obra es la de autoaceptación y actitud positiva hacia el cuerpo, con una sensibilidad dirigida a aquellas personas que no priorizan su aspecto físico. "Creo que para las personas queer, las personas gordas, la gente de género extraño y las personas con enfermedades mentales, significa mucho verse reflejadas en el panorama visual mediante representaciones que no son bellas, equilibradas y contenidas, sino feas, reales y crudas. Prefiero la fealdad, desde luego. Líneas feas, combinaciones feas de colores, rostros feos con papada, culos feos y flácidos... Nómbralo: ¡me encantará y lo querré!".

Cuando le pregunto si tiene algún tatuaje favorito entre todos los que ha hecho, Bataille señala su motivo de adorables diablos rojos. Creados jugando con la representación del diablo en el arte clásico y su manifestación en los tatuajes tradicionales, Bataille ve a estos personajes como indicativos de su propia política queer y su lugar dentro de la industria.

"Empecé a dibujar este diablo después de empezar a recibir más comentarios negativos. Conforme voy adquiriendo más visibilidad, obviamente también estoy recibiendo más mensajes llenos de odio. Ya sabes cómo es internet... Empecé a dibujar el diablo pensando, '¡Coño, es verdad, estoy arruinando la tradición!' Me están convirtiendo en una molestia maligna y eso es exactamente lo que quiero ser para el patriarcado capitalista que defiende la supremacía blanca y para la tóxica masculinidad de la industria del tatuaje, así que voy a apropiarme de ello y a difundirlo. ¡Este diablillo tan mono ha llegado para causar problemas!".

Alabando a figuras contemporáneas como Shannon Perry y Muriel de Mai por los entornos acogedores que han creado en sus estudios de tatuaje, Bataille tiene esperanza en el futuro de la industria. "Tatuar es explotar. ¡Es muy emocionante!". Tras un breve período trabajando en Nueva York junto a otros tatuadores queer como Em North y Mars Hobrecker, ha regresado a Montreal, donde continúa recibiendo clientes a tiempo completo en Minuit Dix.

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