imágenes de la extraña intimidad de los 'love hotels' japoneses

Para su serie más reciente, 'Japanese Whispers', Zaza Bertrand publicó anuncios online invitando a desconocidos a que participaran en inusuales encuentros fotográficos.

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dic. 12 2016, 11:00am

La fotógrafa belga Zaza Bertrand no está interesada en captar imágenes de sexo. En lugar de eso, examina innumerables horas de interacción humana para captar aquellos preciosos momentos de cruda tensión erótica que se manifiestan al arrugar emotivamente la frente, o cuando la luz de color naranja entra subrepticiamente en la habitación blanca de un hotel, o cuando el suave movimiento de la pierna de una persona envuelve intuitivamente la pierna de otra. 

Sus modelos en la serie Japanese Whispersson son desconocidos que respondieron a un anuncio online para reunirse en un love hotel u "hotel del amor". En el interior, no se vuelven parte del mundo caricaturesco del "Japón extraño" que todos conocemos, sino de un paisaje incómodo que oscila entre lo natural y lo artificial y que a menudo revela más sobre el sexo y la intimidad que el arte erótico por el que Japón ha sido tradicionalmente famoso.

¿Cómo funcionan los 'love hotels'? ¿Y cómo lograste poder hacer fotografías en su interior?
Por lo general se entra en coche y la matrícula queda oculta por unas cortinas. Cuando llegas al interior no tienes contacto con nadie, solo te diriges a una máquina y eliges la habitación que deseas (cada habitación está ambientada de forma diferente y tiene diferentes colores). Yo siempre elegía la habitación con ayuda de quienes se prestaron a posar porque quería que fuera acorde con su personalidad. Obtienes una llave y luego subes a la habitación. Puedes estar una hora o más (también puedes pagar por una noche completa, pero nunca lo hicimos). Creo que lo máximo que he pagado son tres horas y la gente podía irse o quedarse después si quería.

¿En qué tipo de habitaciones terminabas?
Al principio no quería habitaciones que fueran demasiado kitsch, con demasiada decoración, tipo Disney World. Cuando oyes hablar de los 'love hotels', lo normal es ver ese tipo de cosas. Solo quería mostrar lo aleatorios que son estos lugares y que los usa todo tipo de gente, también los jóvenes que tienen un presupuesto ajustado y que no tienen ningún otro lugar a donde ir. Ellos escogen cualquier tipo de habitación. Hubo una pareja que quería hacer la sesión fotográfica en una habitación con un manantial termal. Al principio no estaba muy entusiasmada con la idea, pero fue tan cinematográfico, como la escena de una película, que finalmente resultó muy interesante. Mostraba sus expectativas, los deseos que tenían, sus fantasías. Pero en realidad esa no era mi intención.

¿Cómo elegiste a tus modelos?
Busqué gente que estuviera dispuesta a que la fotografiara. Primero hablé con personas que estaban esperando en la puerta para entrar en los hoteles, pero eso resultó realmente difícil, no era un buen momento para acercarme a ellos. Así que empecé a escribir anuncios online con la ayuda de un amigo japonés y en internet la gente se mostró mucho más abierta. Como es lógico, más o menos la mitad de ellos me cancelaron la cita, pero algunos tenían mucha curiosidad y yo siempre ofrecía la habitación y las fotos, así que también era una especie de oferta para ellos.

Entonces, ¿tú pagaste las habitaciones?
Sí, creo que mucha gente estaba bastante interesada en la experiencia. La primera vez trabajé en Fukouka, que está en la parte meridional de Japón. Y luego volví a Tokio, donde hay más opciones debido a sus dimensiones. 

Cuando llegaban tus modelos, ¿siempre era una sorpresa para ti?
Sí, nunca sabía quién aparecería. No había restricciones de edad, género o alguna otra cosa. Una vez un chico trajo a su amante. En otra ocasión llegó una call girl adicta a los host boys, que es un fenómeno muy común en Japón. Es como la versión moderna de las geishas, pero hay versiones masculinas y femeninas y solo se sientan a tu lado, se citan contigo y hablan. Cuesta mucho dinero, por eso se convirtió en una call girl.

¿Alguna vez te sentiste asustada o incómoda?
Sí, por supuesto. Pero me di cuenta que la apariencia de las personas no siempre se corresponde con quien son realmente. Hubo un hombre con el que no me sentía cómoda, así que le pedí a mi traductor que entrara al hotel conmigo. Normalmente no lo habría hecho, porque me gusta estar a solas con mis modelos, pero le pedí que esperara en el pasillo por si acaso. Al final me di cuenta de que el hombre del que había sentido miedo era en realidad muy dulce.

Si los hoteles están ideados para encuentros de parejas, ¿por qué en ocasiones decidiste fotografiar a personas que estaban solas?
Algunas personas simplemente llegaron solas. Este hombre tenía muchas ganas de que lo fotografiara. Al principio no quería personas solas, pero luego pensé: "Está bien, veamos qué pasa". Este hombre estaba a punto de cumplir sesenta años y solo quería tener un recuerdo, un retrato. Dijo que él también fotografiaba a chicas en hoteles y que quería experimentarlo en carne propia. La foto que le hice es la del baño. A veces dirijo las sesiones, pero otras veces las cosas simplemente suceden.

Cuando fotografías a personas en situaciones íntimas, ¿es algo planeado o espontáneo?
Para este proyecto en realidad fue una combinación de ambos. Para otros proyectos solía esperar un rato -o un día entero- con la esperanza de que la gente se olvidara de mí y me volviera invisible. En esta ocasión organicé las sesiones (porque por lo regular sólo teníamos una hora) y de alguna manera dirigí [la intimidad]. Pero por supuesto algunas personas también esperaban que fotografiara esa parte íntima.

Entonces, ¿hubo personas que realmente querían que las fotografiaras teniendo sexo y tuviste que decirles: "No se trata de eso"?
Sí, eso ocurrió un par de veces. Una pareja ―en mi primera sesión de fotos― tuvo sexo. Me tuve que ir porque cada vez se ponía más intenso y eso no era lo que buscaba. Creo que algunas veces es mucho más interesante que falte parte de la información y así uno pueda crear una cierta tensión.

¿Cómo eliges tus localizaciones? ¿Oíste o leíste acerca de los 'love hotels'japoneses o de las comunidades cerradas egipcias, de tu última serie y decidiste viajar allí, o te encontraste con estas historias mientras ya estabas de viaje?
En realidad, ambos son lugares en los que ya había estado antes. Me invitaron a El Cairo para otro proyecto y entonces descubrí todo este otro aspecto de la sociedad egipcia que me pareció muy interesante. Y de hecho en Japón pasó lo mismo. Fotografié otro proyecto y luego me encontré con estos hoteles. Siempre he estado muy interesada en la intimidad, las relaciones interpersonales y las costumbres sociales, así que los 'love hotels' eran algo que realmente me intrigaba, sobre todo porque la forma de ser de los japoneses es muy diferente y muy compleja en lo que respecta a las emociones y las relaciones interpersonales.

¿Tu trabajo continuará centrándose en otras partes del mundo?
Estoy segura de que continuaré visitando otros lugares, pero Europa es pequeña. Me gustaría hacer un proyecto en Francia. Mi país es muy pequeño. A veces es difícil lograr inspirarse en el lugar donde uno vive. Siempre es más fácil o más intrigante trabajar en otro lugar.

Japanese Whispers está actualmente en exposición en la Riot Gallery de Gante, Bélgica, y en la Ibasho Gallery de Amberes, Bélgica. El libro Japanese Whispers está disponible aquí.

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Texto Blair Cannon
Fotografía Zaza Bertrand