daria, la anti heroína que salvó los años 90 (y a nosotros también)

Hace 20 años, una adolescente americana cambió el futuro de la televisión, los dibujos animados y la concepción de los estereotipos en la adolescencia, y queremos recordarla como se merece.

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mar. 14 2017, 10:19am

Dos décadas después del estreno de Daria en MTV, aquella irónica adolescente se ha convertido en la encarnación de muchas cosas para mucha gente. Es la santa patrona de las chicas inteligentes, un testamento del poder de invertir los clichés en la televisión y un gran argumento en contra de la cirugía ocular para acabar con la miopía. Pero, por encima de todo, Daria Morgendorffer es una de las mayores armas que nos brindaron los noventa para luchar contra la "cultura de los tíos". Y ha llevado este título consigo hasta el siglo XXI, donde todavía sigue habiendo jóvenes ―muchos de los que no habían nacido cuando la serie se estrenó originalmente en 1997― que a diario descubren a esta monótona heroína.

Seamos claros, no solo estamos de celebración: oponerse a las bravuconerías masculinas y sexistas fue fundamental para la creación de Daria. Los 90 fue la década de los holgazanes y, aunque los momentos que culturalmente definieron a la Generación X incluyen apariciones de Winona Ryder como Lelaina Pierce, la rompedora "standup comedy" de Margaret Cho y todo lo que hizo Janeane Garofalo, aquella época estuvo dominada por la exploración a través de la mirada masculina. 

Las películas como Wayne's World, Las alucinantes aventuras de Bill y Ted y Clerks eran fantásticas, pero también suponían un homenaje a los tíos estúpidos que hacían todo lo que querían, sin esforzarse lo más mínimo por ser humanos decentes; que solo se dedicaban a fumar hierba y aun así acababan consiguiendo a la chica y un final feliz.

La versión de esta tendencia narrativa por parte de MTV llegó en forma de la serie Beavis y Butthead y, aunque nunca estuvieron siquiera cerca de ser reconocidos como héroes por el público, sí fueron celebrados como iconos de toda una generación. Las creaciones de Mike Judge fueron la oferta definitiva de la cadena en lo referente a la cultura de los tíos: groseros, idiotas, sin inquietudes y aun así —en cierto modo— encantadores. Su popularidad fue inmensa porque los tíos se veían reflejados en ellos y el resto de nosotras nos vimos arrastradas por sus ―admitámoslo― ingeniosos chistes sobre pedos.

Sin embargo, Judge no era Seth MacFarlane y tanto él como su equipo de jóvenes guionistas y productores no estaban completamente satisfechos con la admiración que suscitaban sus inmaduras estrellas en ciernes. En una conversación con VICE este año, el supervisor de producción John Garrett Andrews recordaba cómo a la presidenta de MTV Judy McGrath le preocupaba que el programa no contuviera "gente inteligente, ni mujeres, ni chicas". Consciente de que alguien debía poner a aquellos tíos en su sitio y ofrecer algo de equilibrio de género al programa, el equipo se puso manos a la obra para crear a la "anti- Beavis y Butthead".

Y así llegó Daria, el personaje de "chica misteriosa" que Abby Terkuhle, vicepresidente senior y director creativo de MTV, describe como creada a modo de "mujer inteligente capaz de parar los pies" a los embobados fans del metal. Desde el primer boceto, su papel fue claro: era una presencia femenina que no se presentaba como un objeto sexual. Ahora, 20 años después desde que consiguiera su propio spin-off creado por Glenn Eichler y Susie Lewis ―que no tardaría en eclipsar a la serie original―, ha quedado claro que esta adolescente era mucho más que una brújula moral para dos descerebrados obsesionados con el sexo.

En el pasado, ser una mujer inteligente en la tele era sinónimo de ser estirada, fría y probablemente de estar ansiosa de enchufarte al barril de cerveza en las fiestas para poder aislarte del mundo. Sin embargo, Daria no solo se sentía cómoda con su inteligencia, sino que la veía como un don que debía demostrar constantemente y sin apenas darse cuenta. 

Aunque, sin duda, suponía una barrera para algunas interacciones sociales, se mostraba sobre todo como su arma secreta para encontrar significado y diversión en una ciudad en la que sentía que no encajaba. Sobre la intención original a la hora de crear el personaje, Judge contó en Nerdist: "Queríamos que fuera alguien que obviamente señalara que [Beavis y Butthead] son estúpidos, pero también que fuera tolerante y que sintiera que le divertían un poquito y les tomara el pelo. Además, ella también es algo rebelde y obviamente más inteligente que ellos".

No se trataba de una pelmaza moralista ni de una "Señorita Rottenmeier" unidimensional que estuviera todo el rato tratando de mantener a la gente a raya. Su mezcla de sarcasmo adulto e idealismo adolescente era a la vez familiar y un modelo a seguir para los jóvenes espectadores. A pesar de que sus compañeros a menudo la infravaloraban o ignoraban, Daria nunca se mostró dolida. En lugar de ello, se presentaba protectora con quienes la rodeaban; no de un modo maternal sino más bien como un ser superior que emplea su inteligencia avanzada para preservar una forma de vida inferior. Incluso cuando sus esfuerzos no eran reconocidos, como aquella vez que  salva al instituto de un espeluznante patrocinio corporativo, ella continuaba perseverando.

Además, ¿os acordáis de su discurso de graduación? Venga ya... ¡Esa chica merece un premio Peabody! Porque, aunque a ella probablemente no le gustaría que dijéramos esto, Daria no era la chica aislada que tanto quería ser: era una joven interesada en la comunidad y en la conexión entre las personas (o al menos entre algunas personas).

Muchos de los momentos y líneas argumentales más interesantes de la serie eran exploraciones de la amistad femenina y de las relaciones entre hermanas. Su mejor amiga, Jane Lane, no era un personaje secundario que se limitara a asentir y quizá a llevar un bonito sombrero. Ella apoyaba y estimulaba a su amiga, llamándole la atención, empujándola a ser mejor persona, más inteligente y no dejando nunca que se convirtiera en una parodia de sí misma. Y en ningún momento resulta más evidente que en la decisión de Daria de probar las lentillas, hecho que desencadena una crisis existencial. En ese momento, Jane se mete con su amiga, pero con amor, no menospreciando sus sentimientos, sino permitiéndole que se sienta suficientemente segura y amada como para ser imperfecta.

Cuando un chico se interpone entre ellas en episodios posteriores ―una imposición literal de la presencia masculina contra la que la serie se rebela―, no pelean para ver quién se queda con el tío. En lugar de ello, la lucha es por cómo protegerse la una a la otra tras darse cuenta de que son mortales en lo que respecta a a los chicos adolescentes. 

Los triángulos amorosos con adolescentes a menudo son asimétricos: una parte es rechazada y la otra descubre que es bella o cruel, pero esto no es 10 razones para odiarte: Daria y Jane son una prioridad para la otra y se las arreglan para marcar el tipo de dinámica adulta entre amigas y novios que la mayoría de nosotras nos pasamos la adolescencia persiguiendo.

Mientras que Daria y Jane serán por siempre las chicas que más llaman la atención del instituto y sus personajes se han convertido en los disfraces de Halloween preferidos para las chicas que practican la sororidad, Quinn ―la hermana que vuelve loca a los chicos y siempre está rodeada de cachas― recorre un camino diferente. Sin embargo, aunque tiene tendencia a enmascarar su propia inteligencia (porque está ahí, y si no mira el episodio Un golpe de suerte y lo verás) cuando se encuentra con su hermana, también está empoderada para presionar en contra de las mierdas que la rodean. Aunque casi siempre se muestren enfrentadas, cuando Quinn cae dentro de la órbita de Daria, esta la absorbe y la ayuda a mostrarle su valía y le enseña a no censurar sus propias habilidades, aunque sea para una cita en Chez Pierre.

Finalmente, esta serie no solo supera el Test de Bechdel, sino que hace que parezca irrelevante. La mayor parte del tiempo, Daria no existe como oposición a la cultura de los tíos que está presente en la comedia, los dibujos animados, el instituto y los 90: es que ni siquiera reconoce su existencia.

El peso de aquellas cinco temporadas y dos películas para televisión se extiende más allá de Lawndale. Antes de la llegada de Daria a nuestras vidas, en realidad no habíamos visto nunca a mujeres presentadas de una forma tan dinámica en los dibujos animados. Mientras que el resto de la tele estaba despertando gracias a Sara Gilbert en Roseanne, Claire Danes en Es mi vida y a cualquiera que llevara tacones de cuña en Buffy Cazavampiros, en el mundo de la animación, Lisa Simpson estaba manteniendo a salvo el fuerte ella sola. 

En todos los demás espacios, las mujeres de los dibujos animados seguían siendo obtusas amas de casa y personajes secundarios al estilo de Hanna Barbera o mujeres fatales híper sexualizadas como en su compañera de cadena en la MTV Aeon Flux. Pero incluso comparada con sus equivalentes en carne y hueso, Daria sigue siendo especial: a diferencia de la mayoría de ellas, no es una adulta en miniatura. Puede que lea a Kafka y les dé mil vueltas a los adultos, pero no intenta ser uno de ellos. Es conocedora de los fallos del mundo adulto (de nuevo, mira su discurso de graduación) y no desea unirse a él, sino existir por encima de él. Ser adulta no es su objetivo; su objetivo es ser ella misma.

Daria fue creada en oposición a Beavis y Butthead, pero no tardó en trascender a esos dos personajes para definir su propia porción de historia televisiva. Hizo tambalearse los manidos estereotipos sobre la adolescencia, el instituto, la amistad y la familia y exploró las relaciones y el paso a la edad adulta con una ternura que jamás parecía sensiblera o depresiva, demostrando que la vida interior de las adolescentes podía inspirar algo más que películas de sobremesa o episodios de Cosas de casa. Gracias a ella, ahora tenemos a una nueva generación de iconos de animación inteligentes, dinámicos y extravagantes como Tina Belcher, Lana Kane, Diane Nguyen, la Princesa Chicle y Wendy Testaburger. No está mal para una chica que solo quería ver Sick Sad World tranquila y sin que la molestaran.

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Texto Wendy Syfret
Imágenes vía IMDB