la muerte de la cultura de fiestas lésbicas en australia

La cultura LGBT es aceptada en Australia ahora más que nunca, pero las lesbianas siguen siendo marginadas cuando el mainstream interactúa con la identidad queer.

por Sarah Gooding
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29 Enero 2016, 8:20pm

Image via Flawless

En los años noventa y la primera década de los dos mil, Maria Frendo era la matriarca no oficial de la escena de club lésbica de Melbourne. Fue un cargo que asumió cuando convirtió Dante's, un restaurante y lugar de eventos en Fitzroy, justo al norte del CBD de Melbourne, y que funcionó durante más de una década, en un enorme y exitoso nightclub lésbico. Después de demostrar sus habilidades, le ofrecieron el contrato de arrendamiento de un club cercano con otra licencia: The Glasshouse.

En los próximos años, The Glasshouse se haría famoso por sus fiestas lésbicas ruidosas. "Te digo, había peleas en The Glasshouse cada semana", suspira Maria dramáticamente. "Tuve que contratar a una guardia, porque ellas [las asistentes del club] siempre se quejaban de los guardias varones. ¡Y destrozaban todo!"

Bailarinas en un evento de Flawless en 2014.

Después de cuatro años le entregó The Glasshouse a otras dos mujeres, pero el lugar nunca alcanzó el mismo pico y cerró en 2011. Explicando la devolución del lugar alguna vez popular, Maria explica: "No puedes ganar suficiente dinero al ser solo un lugar para chicas". La cultura LGBT es ahora más ampliamente celebrada en Australia que nunca, con eventos como Mardi Gras creciendo cada año, pero el apoyo no es universal. La cultura lésbica es a menudo marginada cuando el mainstream interactúa con la identidad queer.

Australia es el hogar de muchos bares gays exitosos. Perth, en la costa oeste de Australia, incluso tiene a Connections, el club gay del hemisferio sur de mayor tiempo, que celebró su 40 aniversario en diciembre pasado. Pero los bares gay locales generalmente disfrutan de gran éxito, como Mars Bar en Adelaide, Midnight Shift en Sydney y el Laird Hotel en Melbourne que han estado abiertos por más de 35 años. 

Bailarinas en un evento de Flawless en 2013.

Si bien estos bares y clubes continúan prosperando, la mayoría de las fiestas y lugares lésbicos otrora exitosos del país y lugares como Grouse Party, Danceteria, Flawless y The Glasshouse han cerrado.

Al examinar la disparidad entre los lugares gays y lésbicos, muchos señalan la brecha salarial de género ampliándose en Australia. En promedio, las mujeres ganan actualmente cerca de un 18 por ciento menos que los hombres. "Las mujeres no tienen dinero para ir a los grandes eventos; ésa es una razón por la que no salen, ¡porque no consiguen empleos bien remunerados! Si sales, vas a gastar $100 dólares en un instante, y las mujeres simplemente no tienen esa cantidad de dinero para gastar", explica Maria. "Mientras que los hombres salen y gastan dinero como si fuera agua. Y beben más". 

Más allá del dinero, muchos promotores con los que hablé para este artículo sugieren que el problema es más cultural. Observaron que una de las razones por las que los clubes de lesbianas están muriendo es por la tendencia de sus multitudes de encerrarse en su casa cuando se ponen románticas. Katie Pearson ha sido DJ y promotora de clubes y fiestas queer en Australia desde hace ocho años, incluyendo Flawless y Danceteria. Ahora, co-promocionando una serie de fiestas "disco súper gays" populares llamadas The Outpost, dice que observó que sus multitudes son cada vez más masculinas.

Katie Pearson AKA Whiskey Houston, DJing en un evento de Flawless en 2015.

Cuando se le pregunta por qué, comenta que es porque las mujeres queer son más propensas a dejar de ir a clubes una vez que encuentran una pareja, en comparación con sus homólogos masculinos. "Los hombres gay se sienten más cómodos con ser abiertos en sus relaciones y conectar con otras personas, mientras que eso no es realmente una cosa común entre lesbianas. A menos que sean poliamorosas, las lesbianas generalmente se establecen juntas y sienten que realmente ya no necesitan salir".

Maria se dio cuenta del mismo fenómeno mientras gestionaba The Glasshouse. "En cuanto las mujeres encuentran una pareja que realmente les gusta, ya no salen. Empiezan a anidar. No quieren compartirlas. Es una cosa femenina", dice. "Mientras que los chicos continúan la fiesta, tengan pareja o no, por lo que he visto".

Grouse Party, incluyendo Lia, BanoffeeChela. Foto por Ella Bancroft.

Dejando de lado las cuestiones prácticas y financieras, las luchas de los clubes de lesbianas parecen apuntar hacia un problema más inquietante: nuestra cultura más amplia favorece a los hombres sobre las mujeres. "Desde mi experiencia, la gente acepta a los gays antes de aceptar a las mujeres homosexuales", dice Maria. "Creo que a la gente le resulta más difícil aceptar a las mujeres homosexuales que a los hombres gays. No sé por qué, pero lo he visto".

Maria ahora está trabajando como celebrante civil y aún vive en la calle de los clubes que solía gestionar. Uno de los edificios ahora alberga un restaurante estadounidense de lujo, donde vende pollo frito elegante y helado de $6 dólares. Ella simplemente es una promotora que ha visto a la multitud lésbica de club abandonar los clubes queer por lugares no alineados con alguna sexualidad. "Creo que solo viven sus vidas, ya no le dan gran importancia [a su sexualidad]. Van a los clubes normales en estos días".

Grouse Party promotoras Romy Hoffman y Lia Tilson. Foto por Mia McDonald.

Mientras que la pérdida de la cultura de la vida nocturna de lesbianas es sin duda algo desalentador, algunos ven un rayo de luz tenue. Romy Hoffman, un músico, promotor, DJ y artista que dirigía Grouse Party (un evento regular que contó con artistas internacionales como Le1f, JD Samson, CSS, Big Freedia y Cakes da Killa como DJs, atrayendo enormes multitudes que incluso incluyeron a Katy Perry) con Lia Tilson antes de trasladarse a Los Ángeles, dice que la tendencia de las lesbianas que frecuentan clubes "normales" muestra que se sienten más seguras y más aceptadas. "Antes era más importante tener espacios queer que unieran a la gente, para conocerse, no solo por razones románticas, sino también para poder sentirse seguras. Ahora que la cultura gay es más aceptada no existe la misma necesidad de esos espacios.

Las cosas son "cada vez más fáciles", concuerda Katie. "Puedes ir a un lugar y ser cariñoso con alguien del mismo sexo y no sentir tanta discriminación. Definitivamente todavía sucede, pero creo que ya es menor el problema de tener que ir a un club queer para expresarte. 

Grouse Party crowd. Photo by Ella Bancroft.

Sin embargo, la compensación con esta aceptación es la "normalización" de la cultura gay, dice Romy. "La cultura gay comienza a mezclarse con la cultura mainstream 'normal' y por lo tanto comienza a perder parte de su vanguardia, y algunas de sus inclinaciones underground conforme llega a la superficie. Supongo que el mundo en su conjunto se ha vuelto más homogeneizado. Y la cultura gay no es inmune a eso".

Esto podría significar que perderemos la cultura de club lésbica única que se volvió icónica en la lucha por la igualdad. Pero también puede significar que la igualdad lentamente se está ganando, ya que las mujeres tal vez ya no necesitan un sentido de propiedad de un espacio para sentirse seguras y aceptadas dentro del mismo.

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Texto Sarah Gooding
Imagen vía Facebook

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