el reggaeton es la cultura del s. xxi

La experta Catalina Ruiz-Navarro nos ofrece un artículo sobre las raíces del género desde el ángulo del lenguaje. ¡Esto es el Caribe!

por i-D Staff
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12 Agosto 2015, 8:10am

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Sí. Estamos aquí para hablar del reggaeton, uno de los géneros musicales habitualmente más denostados entre los 'defensores de la música'. Entre los argumentos en contra del reggaeton uno de los más recurrentes y aceptados es que sus letras no tienen valor literario o poético y que por el contrario denotan una "falta de cultura".

Por supuesto, esa expresión coloquial entiende la "cultura" según unos modelos hegemónicos, eurocentristas y anglocentristas, en donde la cultura viene siendo una cosa reverencial de ver y no tocar, y que incluye a la música "clásica" o instrumental, o a la música indie de guitarritas simplonas repletas de estribillos pop. Por eso, la gente tiende a asociar a Beethoven con algo "culto" -aunque solo lo escuche en los anuncios de la televisión-, mientras que se avergüenza de admitir que escucha reggaeton -aunque lo haga día tras día en su casa-

Este tiempo de comportamiento es puro prejuicio, ya que en realidad el reggaeton se inscribe dentro de una tradición literaria Caribe, que va desde el poeta Nicolás Guillén hasta el escritor contemporáneo Junot Díaz. Los "fuego, fuego, fuego, fuego, fuego" no son una ocurrencia casual de la incultura, sino que se inscriben dentro de una tradición africana y caribeña. Una tradición marginal, sí, pero tremendamente vital e influyente.

Existen dos versiones sobre el origen del reggaeton: unos dicen que nació en Panamá, mientras que otros piensan que lo hizo en Puerto Rico, de donde además proceden la mayoría de los cantantes de este género. El reggaeton se deriva del reggae jamaicano, pero también recibe influencias de diferentes géneros como el hip hop norteamericano y de diferentes ritmos portorriqueños.

Pero el género está inscrito en una tradición aún más antigua. "La música africana tiene una estrecha relación con los acontecimientos de la vida cotidiana: está presente en el nacimiento, en las ceremonias de iniciación, en el trabajo, en las celebraciones sociales o religiosas, etc. Es una música compartida por todos los miembros de la comunidad".

"Es una música de tradición oral, en la que no se utiliza ninguna forma de notación y ningún sistema teórico comparable a los de la música europea o asiática. Es una música que está en constante evolución aunque siempre es fiel a sus raíces, conservando gran parte de sus tradiciones y que al mismo tiempo está abierta a los novedades de la música occidental, dando pie a la creación de modernos estilos que han enriquecido el panorama actual de la música internacional. Gran parte de la música es casi inseparable de la danza y por lo tanto predominantemente rítmica".

Este párrafo bien podría estar describiendo a pie juntillas el reggaeton e, incluso, le da una respuesta las críticas de quienes no entienden que lo más importante del reggaeton no es la letra sino el beat, y que si los reggaetoneros no se quedan haciendo reflexiones metafísicas es porque se inscriben en una tradición de cantantes que hablan de la vida cotidiana, en donde, sin duda, una de las cosas más importantes es el sexo.

Para hablar de las letras (y de la alta cultura) es el momento de recordar al poeta Nicolás Guillén, oriundo del mismo Caribe que parió al reggeaton, y casi podría decirse que es uno de los ilustres precursores del género. Uno de los experimentos vanguardistas de Guillén consistía en la creación de palabras sin sentido pero con valor fónico. 

Esta práctica se llama jitanjáfora y es recurrente en los movimientos de poesía negra, que intentaba captar en versos, ritmos, sonidos y signos de las culturas africanas. Para apreciar tanto a Guillén como al reggaeton hay que entender que el propósito de los versos no está en lo que se dice, sino en los valores fónicos y rítmicos que presentan. Aquí va un ejemplo en vídeo:

La tradición literaria del Caribe incluye a todos los ritmos de la región, pues en el Caribe se entiende que las palabras son primero sonidos. Esto también queda claro al leer a uno de los más afamados representantes contemporáneos de la tradición caribeña, Junot Díaz. La cultura Caribe no está delimitada tanto por la geografía como por su calidad rizomática, que mezcla culturas inesperadas, y por una predominante herencia africana. 

Nueva York, al ser un inmenso melting pot de culturas, replica los mismos choques inesperados que se dieron en el Caribe hace más de 500 años. Nueva York, México DF, París o Londres son las grandes ciudades que hoy en día le hacen guiños al melting pot primigenio: es el Caribe que se expande.

Díaz creció en los mismos barrios por donde andaban Rick Echavarría y Nelson Zapata, los creadores de Proyecto Uno, uno de las primeros grupos en fusionar ritmos latinos (en este caso, el merengue) con el hip hop. Empezaron a cantar en espanglish, en el idioma que les era natural y que también es característico de los países caribeños. 

Es la misma fusión lingüística y cultural con la que experimenta Junot Díaz en sus historias, que, al igual que el reggaeton, tienen por tema a ese protomacho latino que va de fiesta en fiesta ligando con mujeres (algunos dirán que buscando el amor) y que alardea de una virilidad que parece atraparlo en el mismo personaje.

Es evidente que no todas las canciones de reggaeton tendrán el mismo "valor artístico". Como en todos los géneros, hay representantes más innovadores y más rigurosos en su forma. De la misma manera, no todos los representantes de la literatura del Caribe tienen la brillante originalidad de Díaz y Guillén, pero lo que es innegable es que existen dentro de un mismo paquete semiótico y cultural que soporta todo tipo de expresiones, desde Sensemayá, hasta Perrea, mami, perrea, y es importante que entendamos todos estos fenómenos como parte de un mismo discurso cultural: el de los migrantes, el de los esclavos, el de la mezcla inesperada. Bailar reggaeton, leer a Díaz o a Guillén, es asumir que los latinoamericanos, como los caribeños, son deliciosamente mixtos.

El reggaeton alardea de una estética del "nuevo rico" que amenaza a las clases poderosas tradicionales. Es la misma sorna con la que Guillén se burlaba de la burguesía antillana por su afán de exhibir títulos nobiliarios caducos o también por sus alardes de riqueza obtenida bajo un régimen de explotación. "Me río de ti, noble de las Antillas, mono que andas saltando de mata, payaso que sudas por no meter la pata, y siempre la metes hasta las rodillas". 

El negrismo comenzó con la intención de meter a los negros en el mapa, y el reggaeton lleva esa intención a sus últimas consecuencias, usando las misma herramienta de quienes antes fueran sus opresores: el capital.

Quizás a Guillén le daría un patatús al ver que hoy la resistencia cultural afrocaribeña está liderada por un tipo que se auto denomina Daddy Yankee, pero hay que admitir que también estaría decepcionado si que la imagen del Ché se ha convertido en algo tan ubicuo como el logo de Coca-Cola. Pero también podríamos explicarle que la música resultó ser la Revolución más poderosa, y mostrarle que el reggaeton está deconstruyendo a la bestia desde adentro. 

Pero mientras que Guillén habla del negro descalzo, los reggaetoneros hablan del joven urbano ostentoso con sus zapatillas nuevas, que sí, son consumismo, pero que también son un triunfo histórico para los descendientes de inmigrantes y esclavos que llegaron al Caribe sin tener nada. Visto así, la reivindicación del guetto que se hace en la estética del reggaeton habla de una lucha de clases histórica. Quizás la radio y los taxis nos estén anunciando quién va ganando.

*Catalina Ruiz-Navarro Filósofa y Artista Visual. Maestra en Literatura. Ejerce como periodista. Colombiana radicada en México, pero ante todo, caribeña.

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Texto Catalina Ruiz-Navarro @Catalinapordios
Retrato de Nicolás Guillénintervenido por Catalina con lentes y sudadera de Daddy Yankee

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