diez marcas y sus ciudades

No hay nada que se pueda definir mejor el espacio y tiempo que a las grandes casas de moda. Todo el mundo sabe qué es lo que lleva la mujer parisina, casi todos saben lo que luce una oficinista en la city de Londres y la mayoría conoce las últimas te...

por i-D Team
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01 Diciembre 2014, 8:55am

El pelo naranja de una de las diseñadoras en activo más influyentes del mundo, Vivienne Westwood, no podría encontrarse en otro sitio que no fueran los barrios más vibrantes de Londres. En Londres comenzó su andadura, allá por los 70, y en Londres continúa mostrando sus creaciones al resto del mundo. Si por algo destacan las prendas de Westwood es por la utilización indiscriminada del tartán, tejido empleado por los escoceses para confeccionar sus tradicionales kilts. Alexander McQueen sería otro de los londinenses más asociados con su ciudad y uno de los mayores sabios a la hora de adaptar los pasos de Westwood con una mayor altura de miras (o haciendo del prêt-à-porter una Alta Costura de manual).

El tren Eurostar une Londres con la capital mundial de la moda en poco más de dos horas, pero es una distancia cuasi insalvable la que separa el diseño inglés del francés. En París se fundó Chanel, hace nada menos que 113 años. A lo largo de todo este tiempo, la maison ha vivido muchos altibajos. Chanel fue conservadora, ñoña hace treinta años y volvió a ser cool de la mano de Karl Lagerfeld. Nunca un tejido, el tweed, y un modelo de bolso, el 2.55, habían sido objeto de tantas reinterpretaciones y reinvenciones. Nunca algo tan sencillo como una camelia había adquirido tal protagonismo a nivel global.

El Norte de Italia también ha tenido durante años una marca que servía para definir la forma de vestir de sus habitantes. Prada es una religión en la ciudad de Milán y un culto al que mujeres y hombres dedican tiempo en la conurbación que mira a los Alpes italianos de frente. Los zapatos y la marroquinería de la casa refundada por Miuccia Prada son objeto de deseo por aquellos que habitan en los alrededores de Corso Como. Y como si de otro país completamente excesivo y delirante se tratara, Valentino reina algo más al Sur, desde Roma. Tan excesivo que consiguió, tras años de carrera y de haber vestido a las mujeres más influyentes, que el rojo pasión pasara a conocerse, simplemente, como rojo Valentino. El día y la noche, la palidez y el bronceado: Italia tiene dos capitales contrapuestas, al menos, en el mundo de la moda.

Pero quien toma las decisiones de índole política en Europa es Alemania. Así, la canciller Angela Merkel luce personalísimos trajes de chaqueta que han conseguido iniciar una tendencia propia en el mundo de los negocios. La culpable de todo ello es la diseñadora Jil Sander, quien desde los años setenta se convirtió en el ejemplo de rectitud y minimalismo alemán en la ciudad de Hamburgo. Allí mantiene sus mayores tiendas, a pesar de haber trasladado los cuarteles generales hasta Milán (en un momento de juego de propiedades con la marca que ya quedó atrás). Su estilo sencillo y los cortes perfectos llamaban la atención en los momentos de máximo jolgorio y algarabía en la moda mundial. Raf Simons consiguió el nombre que hoy luce en Dior a su paso por allí, entre 2005 y 2012.

Y algo de tradicional hay también en la marca que nació y creció en Madrid, aunque después se independizará en la ciudad de París. Loewe siempre ha sido el capricho que las mujeres de la capital de España ansiaban conseguir y el nombre de la villa se conservó en el logo, en los bolsos y en los escaparates hasta el profundo lavado de cara que vivió la marca tras la llegada de JW Anderson. Tal es la unión entre Madrid y Loewe que siempre se ha tratado de lucir prendas y complementos en las calles de los barrios más señoriales de la ciudad. El bolso insignia, el Amazona, ya no luce la palabra Madrid en su piel, pero la revolución de JW Anderson ni falta que hace.

Las ciudades que son sinónimo de marcas y las marcas que lo son de ciudades no son algo exclusivo de Europa. En Estados Unidos, donde la cultura de moda es algo que siempre se ha puesto en entredicho, dos son los focos mayores de actividad y por tanto de creatividad. En la Costa Este, en Nueva York, tiene su sede una de las firmas con mayor relumbre en esto del diseño minimalista, Calvin Klein. A pesar de los años y de la controversia de sus campañas, las oficinas en la Séptima Avenida siguen saliendo algunas de las prendas que más han hecho soñar en las alfombras rojas. Calvin Klein Collection es Nueva York y los vestidos de inspiración medieval de su director creativo, Francisco Costa, han vuelto a situar Manhattan en el centro del mundo fashion. Poco amigos de hermanarse con celebridades y, haciendo menos ruido que sus coetáneos, Calvin Klein vuelve a erigirse como ya hizo en los 90 como el diseño que llegó desde Nueva York.

Precisamente al otro lado del país, en Los Ángeles, se daba el fenómeno contrario. Las famosas de medio pelo adictas a salir en la telerrealidad americana se peleaban literalmente por hacerse con uno de los chándales de Juicy Couture. Sí, chándales, el adjetivo juicy (jugoso) y Paris Hilton con un chihuahua metido en un enorme bolso paseando por Rodeo Drive en busca de prendas terminadas con strass y tejidos afelpados. Todo casaba perfectamente con el bronceado de los asiduos a las playas de Malibú, todo casaba perfectamente con la ciudad de Los Ángele; es más: eran Los Ángeles. Ahora Juicy Couture vive sus horas más bajas y está en riesgo de desaparecer, pero hay que ver cómo animó la crónica social de los 2000 desde la ciudad del cine.

Si la cultura de moda de Los Ángeles resulta discutible, la de Tokio es impepinable. Los más de quince millones de habitantes y su fiebre consumista han llevado a encontrar una boutique de su marca estrella, Comme des Garçons, prácticamente en cada esquina de la ciudad nipona. Independientemente de las influencias de las que bebe la marca, mayoritariamente europeas, el riesgo que tomó Rei Kawakubo al proponer al mundo una imagen de Tokio, que hasta los 70 seguía anclada en el cliché del oficinista gris de camisa blanca que no dejaba de trabajar, la ha convertido en una de las firmas de referencia a nivel global. En una sociedad tan opresiva como la japonesa llama mucho la atención que una firma como CDG, unisex, extrema y atrevida, goce de gran reconocimiento y prestigio en todo el país.

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Texto Alberto Sisí Sánchez

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