las femmes fatales de david lynch

El excéntrico cineasta ha dejado un puñado de joyas cinéfilas donde las mujeres se llevan todo el protagonismo. Desde Dorothy Vallens a Audrey Horne, las musas de Lynch han dejado claro a todo el mundo lo atractivas que pueden llegar a ser.

por Raquel Zas
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23 Marzo 2015, 2:55pm

Un coche conduce a gran velocidad por una carretera tenebrosa, apenas se ve nada en medio de la oscuridad nocturna. Así comienza Carretera Perdida, uno de los films más perturbadores de David Lynch el director de cine idolatrado por su universo oscuro, confuso e inquietante. Aparte de sesudos guiones e hipnóticas melodías, hay una característica común a todas sus obras: la mujer. Una mujer misteriosa, atormentada y muy sexy.

Tras ese aspecto escrupuloso y perfeccionista, Lynch parece sentir una atracción obsesiva por los personajes dolidos. No le interesan las personas felices: prefiere tenderles trampas para observar cómo reaccionan ante el caos. Y aunque ha sido tachado de misógino en el pasado, lo cierto es que las musas de Lynch son personajes poderosos sin los que sus historias no podrían existir. Son mujeres desoladas, pero con una poderosa atracción sobre todo lo que les rodea que las hace realmente irresistibles. Hacia ellas sentimos amor y miedo, y son fuente de oscuridad y de luz. Ellas son las femme fatale de David Lynch.

Dorothy Vallens en Terciopelo Azul, 1986.
Interpretada por Isabella Rosellini -que más tarde mantendría una relación sentimental con el director-, Dorothy es una mujer con muchos secretos que mantiene una extraña relación masoquista. Bajo ese halo de misterio, se ve a una mujer triste y perturbada. Terciopelo Azul, una de las joyas del director, está compuesta de dualidades. La sensualidad y el peligro de Dorothy se opone a la calidez e inocencia de Sandy. Una de las secuencias más legendarias es cuando Dorothy sale a cantar la ya clásico Blue Velvet con un vestido negro largo hasta el suelo. Imposible no caer rendidos a sus pies.

Betty y Rita en Mulholland Drive, 2001.
La dualidad está presente aquí de nuevo, con dos protagonistas interpretadas por Naomi Watts y Laura Elena Harring; la primera, ingenua, y la segunda, intrigante. Ambas intentan dar con la identidad de Rita, que sufre amnesia, y acaban manteniendo una relación lésbica. Brillante retrato de cómo las mujeres intentan adentrarse en la 'fábrica de sueños' que es Hollywood. Pero aquí nada es lo que parece, y Lynch, una vez más, presenta una trama irracional y retorcida. No te preocupes si después de verla vas corriendo a Google para entender su significado: no eres el primero ni el último.

Audrey Horne en Twin Peaks, 1990.
Lo cierto es que la serie que revolucionó el panorama televisivo de los 90 ha dejado un puñado de personajes femeninos memorables. Shelly Johnson consigue que el agente Gordon -interpretado por David Lynch- recupere el oído. O la perturbada Nadine Hurley, con un parche en el ojo y una preocupante obsesión por las cortinas. Y cómo olvidarse de la preciosa Laura Palmer -¿la volveremos a ver en la tercera temporada?-. Pero si hay una que destaca entre todas ellas es Audrey Horne, que enamoró a medio país con sus bailes sensuales con los ojos cerrados. Su forma de tomar una a una las cerezas y su sensualidad al encender su cigarro hacen de ella la perfecta femme fatale.

Renée en Carretera Perdida, 1997.
Otro rompecabezas en la filmografía del director que perturbará tu mente por completo. Patricia Arquette interpreta a Renée, una rubia explosiva que es capaz de hacer lo que quiera con un hombre. La imagen en la que aparece en ese descapotable negro con su melenaza rubia platino y esa mirada seductora es para hacer temblar a cualquiera. Todas queremos ser un poco Renée.

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Texto Raquel Zas
Fotograma de Mullholland Drive

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